Teatro en Barcelona
Ane Gabarain: "A mí me dieron el Goya con 60 años pero mi carrera no ha cambiado demasiado"
La actriz se transformará en el general Millán de Astray en la obra 'Cantando bajo las balas', que llega al Teatre Apolo el 29 de septiembre
Ane Gabarain: "'Patria' es respetuosa y tiene una vocación conciliadora"
La actriz Ane Gabarain / Miguel Chazo
La actriz Ana Gabarain lleva más de 40 años en la profesión, como atestiguan sus trabajos en series como 'Patria', 'Innato', 'Cuatro estrellas', 'Ángela', 'Detective Touré' y, dentro de poco, en 'La vecinas' de Atresplayer, producida por los Javis. En 20024, se llevó el Goya a Mejor Actriz de Reparto por '20.000 especies de abejas'. A pesar de haber tenido tantos personajes, cree que el más complicado al que se ha enfrentado es el que interpreta en 'Cantando bajo las balas', la obra teatral que representará del 29 de septiembre al 4 de octubre en el Teatre Apolo de Barcelona. En ella da vida al general Millán de Astray, fundador de la Legión, en su histórico enfrentamiento con Miguel de Unamuno el 12 de octubre de 1936 en el Paraninfo de la Universidad de Salamanca, episodio del que dentro de poco se cumplirán 90 años.
—¿Qué pensó cuando le propusieron interpretar a Millán Astray?
Pensé: «¡Qué barbaridad!». Pero luego, como soy bastante kamikaze y me dejo llevar por proyectos así, muy bizarros, entre comillas, dije: "¿Por qué no?". Además, ya había visto esta obra porque se estrenó en 2007 con Adolfo Fernández, y me encantó. El punto de partida es Millán Astray que se levanta de la tumba, se quita el polvo de su traje militar y empieza a contarnos su vida. Ahí recrea ese enfrentamiento verbal con Unamuno. Son dos personajes absolutamente contrapuestos en sus ideas, en sus talantes y hasta en su manera de vivir. Unamuno era un hombre profundamente democrático que representa la inteligencia, el sentido común, el conocimiento, el arte... Y Millán Astray está en el otro extremo: en el fanatismo, en la pasión por la guerra, por la sangre, por la violencia.
—¿Ha investigado mucho para darle vida?
Un poco porque quería entenderlo. Me parece un personaje fascinante desde el punto de vista político, psicológico, psiquiátrico y filosófico. Cuando empecé a trabajar y a investigar sobre él me di cuenta de que sabía que había sido el fundador de la Legión, pero poco más. Realmente tuvo una biografía muy intensa. Era un militar absolutamente vocacional y se dejó cuerpo y alma en la guerra. Fue perdiendo partes de su cuerpo en diferentes batallas. Recibió primero un disparo en el pecho, luego uno en el muslo que lo dejó medio cojo, después otro en el brazo que se le gangrenó y tuvieron que amputárselo. Y en 1926 acabó perdiendo un ojo. Era un hombre que tenía también una cierta vocación intelectual. Estaba fascinado por el bushido, una disciplina samurái, y fue uno de los fundadores de Radio Nacional. Pero luego su fanatismo lo llevó por unos derroteros... Era un iluminado. Lo que pasa es que, claro, ¡vaya iluminación tan perversa! La obra recoge todo esto porque él hace un recorrido por su vida y luego lo interesante es el duelo con Unamuno.
—La obra tiene mucho humor negro.
Es una sátira. Millán Astray ya era un personaje que tenía mucho de histrión y Antonio Álamo [el autor de la obra] consigue hacer un retrato esperpéntico de él. Es como si el personaje casi devorara a la persona. Pero lo interesante es el duelo verbal y de ideas. Al final, la reflexión me parece muy oportuna en estos días, en los que estamos tan polarizados, tan enrocados en nuestra posición y nos cuesta tanto movernos un milímetro de nuestro ideario. Es un poco lo que transmite esta obra: qué peligroso es enrocarnos en el fanatismo. Pero todo esto se cuenta con humor y también tiene momentos de emoción porque creo que también profundiza de alguna manera en la figura de Unamuno.
—Sorprende comprobar hasta qué punto algunas de las cuestiones que plantea la obra siguen resonando con tanta fuerza en el presente.
Es que esa es también la tragedia. Dices: «Madre mía, ¿cómo es posible?». Yo diría que incluso bastante más que en 2007, cuando se estrenó esta obra. Han pasado casi 20 años y es impresionante la vigencia que puede tener. Estoy en escena con Marc Servera, un actor y músico que viste muchísimo la obra. Tiene mucha música, algunas piezas muy divertidas, y también hay mucho de banda sonora.
Ane Gabarain, en 'Cantando bajo las balas' / Nueva Cartas Cine
—¿Es el personaje más complicado que le ha tocado interpretar?
—Creo que sí, porque además es una hora y cuarto a tope desde el primer segundo. Son muy pocos los momentos en los que hay un poco de respiro. Tiene que haberlos porque, si no, todo eso puede saturarte. Hay momentos en los que baja un poco, pero, en general, es una obra de alta intensidad, de alto voltaje, desde el primer segundo hasta el último.
—Y en los tiempos que vivimos parece muy recomendable ver una obra así para recordar nuestro pasado.
—Pues yo creo que sí. De alguna manera sales de la obra —o eso me ha dicho mucha gente— con ganas de mirar un poco la crónica de la época. Y dices: «Ostras, mira cómo estamos». Ha pasado casi un siglo y dices: «Madre de Dios». También tenemos que saber de dónde venimos y esta obra nos lo recuerda.
—Dentro de poco estrenará serie en Atresplayer, 'Las vecinas', producida por los Javis. ¿Qué papel interpreta?
—Yo hago de Josefina. Ha sido una aventura porque, al final, la historia trasciende también lo vecinal y desde el punto de vista humano es bastante atractiva. Son dos vecinas que viven puerta con puerta y tienen conflictos que se van prolongando durante años y años hasta que acaban en juicios. Es una tragicomedia porque los personajes tienen dolores muy mal gestionados y ambas se aferran al conflicto. Es como si acabaran necesitando estar en él. Terminan siendo víctimas de sí mismas. Al final, ese problema se convierte en una montaña gigantesca que no las deja vivir y que afecta también a todo su entorno.
Ana Gabarain, acompañada del reparto de 'Las vecinas' / Atresmedia
—¿Es una serie en la que el espectador puede tomar partido por Josefina o por la vecina a la que está enfrentada, personaje que hace Nora Navas?
Precisamente eso es lo que intenta la serie: humanizar a estos dos personajes. Entender que, más allá de algo que se hace viral, hay que preguntarse qué hay detrás de estas dos mujeres, qué heridas tienen.
—Lleva muchos de carrera. Sin embargo, alguna vez ha dicho que, a día de hoy, no recomendaría a un sobrino o una sobrina elegir esta profesión.
Y lo mantengo. Porque es muy duro. Antes era de las que decía: «Venga, sí, a por ello si hay vocación», pero ahora me cuesta más. Según me estoy haciendo mayor veo más las dificultades. No es fácil. Es una profesión muy jodida, las cosas como son, aunque te vaya medio bien, que es mi caso, y haya podido vivir siempre de ello. Aunque luego las vocaciones son imparables.
—Sorprende que lo diga usted, que tiene incluso un Goya.
Da igual. A mí me dieron el Goya con 60 años y ni así ha cambiado gran cosa mi carrera. No pensemos que porque me den un Goya esto se traduce en nada. Aunque yo estoy agradecidísima, por supuestísimo. Y más con 60 años, cuando llevas toda la vida trabajando. Yo llevo ya 43 años currando, así que sé de lo que hablo.
Ane Gabarain, caracterizada para 'Patria'. / HBO
—Ha tenido muchos trabajos, pero ¿'Patria' fue para usted un punto de inflexión?
De alguna manera sí. Tuvo mucha repercusión y, además, la serie salió bien.
—Y eso que tu personaje, Miren, cada vez se radicalizaba más. Era un personaje muy duro.
Sí, era un personaje bastante ingrato. Pero, al final, en el fondo, el núcleo de casi todos los personajes que tienen un poco de chicha son las heridas, el dolor mal gestionado y los conflictos. Miren también era una víctima de sí misma. Estaba muy enrocada y muy aferrada a sus creencias, sin moverse un milímetro.
—Entonces, ¿'Patria' supuso para usted un punto de inflexión mayor que el Goya, que dice que no cambió demasiado su carrera?
Bueno, tampoco... A ver, estoy agradecidísima. Yo soy una currante, una cómica, y pertenezco a la cultura del esfuerzo, de decir a todo que sí y de ganarme el sueldo. Luego te vienen cosas más interesantes y otras menos, cosas que son más alimenticias y cosas que son más vocacionales. A veces se da el milagro de que un proyecto lo tiene todo, pero ocurre muy pocas veces.