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MOVILIDAD EN AUGE

El furor por el patinete eléctrico agota los modelos estrella

Los usuarios valoran que no requiere esfuerzo, la rapidez y que se puede plegar y entrar en casa y en la oficina

El vehículo gana terreno para llevar a los hijos al cole

Un padre y su hijo pasean, con un patinete eléctrico, por Barcelona. / ALBERT BERTRAN

Es chino, pesa 12,5 kilos y corre hasta 25 kilómetros por hora (trucado llega a los 30-35). Se llama Xiaomi y es la sensación de la temporada. No hay quien lo pille. Este, más que el año del Perro, es el año del Xiaomi. Del Xiaomi en particular porque esta marca asiática está arrasando, pero del patinete eléctrico en general porque este vehículo está revolucionando la movilidad en Barcelona y otras ciudades. Los modelos más demandados se han agotado en las principales cadenas comerciales. El nuevo curso, el escolar y el laboral, irá rodado. Vayamos a los motivos.

 "La gente es vaga, por eso tiene tanto éxito". Es la tajante certeza de Carlos, un vendedor de MediaMarkt que confirma que el producto estrella indiscutible de los últimos meses es el patinete eléctrico. El citado Xiaomi, a un precio de 379 euros, es imbatible por su relación calidad-precio, dicen vendedores y usuarios. También la marca propia de Decathlon, a 400 euros, vuela. “El año pasado triunfó la bici eléctrica y ahora el rey es el patinete”, comenta una encargada. El patinete eléctrico ha convencido a todos: jóvenes, padres, ejecutivos, comerciales... e intrépidos de la tercera edad.

Con el hijo al cole

Yara, brasileña afincada en la ciudad -"los compran muchos extranjeros", informan los comerciales-, llega a un comercio con su hija, Zoe, de 6 años, dispuesta a adquirir el producto de moda. Dice que le facilitará llevar a la criatura al cole, en el Eixample, desde su casa en Gràcia. Zoe, encantada, presume de destreza con el patinete manual –“¡me chifla!”-, y se la cuestiona a su madre: “Mírame, vas a tener que aprender, tú no sabes equilibrarte”, le suelta la pequeñaja. La novata madre se ríe y afirma que hará prácticas, aunque no lo ve peligroso. Está habituada a las dos ruedas y lo ve más seguro que la bicicleta. "Yo iba con bici pero me la han robado cinco veces. Por más cadenas que ponga, se la llevan, incluso del garaje".

Un usuario de patinete, en Barcelona / ALBERT BERTRAN

Pablo, argentino de 27 años, entra en una tienda con el artilugio. "Es muy cómodo y no te cansas, te da mucha independencia de horarios y ganas tiempo. Es ideal para distancias cortas, como las de esta ciudad", argumenta. Sus amigos, antes muchos ciclistas, van a rebufo. "Lo compré yo y luego, otro, y después otro, como una cadena. Causa furor". No es difícil imaginarse a la 'troupe' yendo al gimnasio sobre el patín para sudar luego al pedal con el ‘spinning’. Contradicciones de estos tiempos acelerados. Pablo sabe que se debe ir por el carril-bici aunque confiesa alguna injerencia en terreno prohibido. "A los peatones no les gusta, pero es lo mismo de peligroso que la bici", opina, y reparte culpabilidades: "También hay peatones peligrosos que no miran por dónde van. Es cuestión de actuar con consciencia".

Frente a los contras de los ciudadanos de a pie, las razones a favor se acumulan. Estos vehículos tienen una autonomía de unos 30 kilómetros y se pueden cargar en casa como si de un móvil se tratara. Superan los desniveles del trazado urbanístico sin que el usuario se despeine y entran plegados a todas partes, para fastidio de los amigos de lo ajeno. Los ladrones de bicicletas, sin pretenderlo, se han convertido en los mejores aliados del ‘boom’ del patinete.  Alina, una joven rusa, lo tuvo claro cuando desapareció la suya. "Es muy ligero y lo puedo subir a casa", aduce, y prosigue su marcha por la ancha acera de Aragó. "Ya sé que no debo ir, pero a veces…".  

Leyes y seguros

Bilal, un ingeniero informático treintañero, lleva desde abril con el patín a cuestas. "En la empresa lo dejo a mi lado, como si fuera mi mascota xD". Con la bici, dice, la gente llega sudada al curro y las eléctricas "valen un pastón y pesan mucho". La única desventaja -el joven es corpulento- es que la rueda delantera se pincha cada dos por tres. "Podrían poner una maciza pero no te ofrecen la misma estabilidad que las de cámara de aire, la otra solución sería usar 'tubeless', el neumático sin la cámara de aire", aporta. No todo es jauja, concede el ingeniero. "Faltan leyes que regulan su uso y que nos amparen. Son necesarios seguros que nos cubran en caso de accidentes y más consciencia de algunos usuarios que le suben la velocidad a 30 km/h solo para presumir y usan aceras… Eso puede provocar accidentes". 

Cuenta Alicia, consultora de 29 años, que el patinete fue un regalo del novio, harto de oírla "gruñir"  contra el transporte público. "Los autobuses van llenos y son lentos y tardo mucho. Llevo dos meses con él y estoy supercontenta. Subo a trabajar a la UB, en la zona del Camp Nou, desde Glòries, por el carril-bici. Solo para ir al centro, que hay mucho barullo, voy en metro". El precio, dice, es el único impedimento que detiene a sus amigos para sumarse al último 'hit' de la movilidad personal. Atestigua que no solo los viandantes, también algunos ciclistas han puesto el grito en el cielo por los nuevos y veloces inquilinos de su carril: "¡Que no vas en una bici!", le recriminan.

Cuestas sin esfuerzo

No hay freno, ni siquiera la edad, para el patinete. Gente mayor que vive en el Carmel ha encontrado la solución para subir sin taquicardia el Everest en el que habitan. "Una señora nos pidió poner una cesta", recuerda una vendedora. Y luego están los padres, interesándose por los accesorios para llevar a la prole al colegio. "En función de los modelos, se pueden poner uno o dos sillines, plataformas para que se suba el crío y segundos manillares", cuenta una dependienta.

Un hombre ecuatoriano justifica la compra: "Con él es más fácil y más rápido trasladarse, aunque resulta un poco caro", lanza a bote pronto, aunque rectifica: "A la larga es rentable, ya no tienes que pagar metro o bus". Le servirá para llevar a su hijo a la escuela y lo compartirá con su otra hija adolescente. El precio, conviene una vendedora, hace que muchos interesados den marcha atrás. "Algunos, como ven tantos patinetes por las calles, se creen que cuestan unos cien euros".

La más saludable bicicleta (incluso la motorizada requiere un mínimo esfuerzo) le lleva muchos años de ventaja, pero el tiempo dirá. Le ha salido un competidor con mucho músculo. Y la gente, como decía el comercial Carlos, es muy vaga. Se avecinan tiempos difíciles para los peatones si, como es habitual por estos lares, propios y extraños empiezan a saltarse a la torera las normativas. 

Temas: Transportes

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