Portada

Actualidad

Deportes

Cultura

Extra

Entre todos

Vídeos

Servicios

La década de la 'Xylella Fastidiosa'

Los expertos creeen que tardarán al menos diez años en controlar el 'ébola de los olivos

El comercio y los insectos que la propagan dificultan la erradicación del mal

Almendros de Alicante dañados por la Xylella fastidiosa.  / MIGUEL LORENZO

La ‘xylella fastidiosa’, el llamado ‘ébola de los olivos’ por la virulencia con la que ha atacado a esta especie en Italia, está en la península ibérica y, aunque de momento solo se ha detectado en almendros en la provincia de Alicante, se asume ya que será imposible erradicar la bacteria. Por eso los expertos esbozan un plan a corto, medio y largo plazo para llegar a convivir con ella como se hace con otras plagas, primero disminuyendo al máximo sus efectos y más adelante logrando esquivarlos.

Pero, en el mejor de los casos, se tardará cerca de una década en llegar a una situación de equilibrio y más tiempo aún en que estén preparados los medios que permitirían evitar sus desastrosos efectos. “Es difícil saber cuánto puede tardar en llegarse a una situación de equilibrio, si pasa lo mismo que en California y no llega un vector más eficiente que el que tenemos podemos estar hablando de por lo menos diez años hasta que podamos frenarla”, explica Alberto Fereres, miembro del Instituto de Ciencias Agrarias del CSIC (Consejo Superior de Investigaciones Científicas) y uno de los expertos que participó en un ‘symposio’ sobre la 'xylella' organizado por la Conselleria de Agricultura de la Generalitat valenciana.

Pero Fereres admite que ese es el escenario ideal y que no pueden descartarse otros muchos peores. “Es fácil que con el comercio internacional que hay lleguen vectores y planas infectadas. Llega material vegetal y por muchos controles que haya en la frontera, uno trae un arbolito o una plantita de Costa Rica puede introducir otra variante, eso va a ser así los próximos años”, augura. La mayoría de expertos coincide ya en que ese es el origen de la actual plaga y que por ese camino podría complicarse aún más. “Casi todos los investigadores estamos de acuerdo en que ha venido en plantas ornamentales tipo café u otras para jardines de la zona de Centroamérica lo que no quiere decir siempre que sea Costa Rica, puede ser Nicaragua u Honduras”, apunta.

El riesgo de los insectos

“Por ahora controlar al vector es la única manera de frenar las incidencias, no de eliminarla. Es lo que se usa en países en los que esta enfermedad lleva muchos años, como en Estados Unidos”, recalca. En Europa el principal enemigo es el ‘Philaenus Spumarius’, un pequeño insecto que puede adoptar diferentes formas.

Jornadas sobre el 'ébola de los olivos' celebradas la semana pasada en Valencia /MIGUEL LORENZO

Pero no se descarta que haya otros que también ejerzan de transmisores. Entre otros, uno que podría ser especialmente peligroso por lo común que es, y que no es otro que las cigarras. “De esas tenemos por todos los lados y algún estudio hecho en California dice que sí que es posible. Ahora en Italia se ha hecho uno que ha salido negativo. Así que hay que hacer más estudios”, recomienda.

Fereres destaca que el mejor momento para luchar contra el ‘Philaenus’ es cuando está en las ‘ninfas’, una especie de espuma que se produce entre marzo y abril tras eclosionar los huevos y de la que luego saldrán los adultos. Se encuentra en la flora herbácea, es decir en las pequeñas plantas bajo los árboles o en caminos o muros cercanos. “Se puede hacer algún tipo de labor para enterrarlas en el suelo, buscar algunos enemigos naturales o métodos de control químico. Esa es la etapa más vulnerable, se mueven menos y son bastante llamativas. Sobre las ninfas se deberían centrar los esfuerzos”, explica. Porque después el contagio de los árboles se produce en minutos. Además, Fereres es categórico sobre el método más extendido en la península para tratar de capturar al 'Philaenus Spumarius’: no funciona. "No se captaron nunca adultos en trampas amarillas", afirma convencido. Eso sí, hay otras acciones que pueden ayudar, como identificar las plantas en las que 'veranean' y eliminarlas para dejarles sin refugio en los meses de calor. También hay materiales que se pueden aplicar a los árboles, que reflejan la luz y hacen más incómodas, y por tanto menos frecuentes, las visitas de estos incómodos huéspedes. No es infalible pero ayuda.

El trabajo de laboratorio

Pero mientras se avanza en esa lucha contrarreloj para atacar a los insectos que transportan la bacteria hay mucho trabajo que hacer en el laboratorio. “Son las dos estrategias, a corto plazo controlar el vector y a medio y largo plazo encontrar variedades resistentes y compuestos químicos antibacterianos, que la maten, igual que la penicilina para el hombre algo podría aparecer”, comenta esperanzado. “Tengo confianza de que en el futuro se encuentren variedades resistentes y métodos antibacterianos que pudieran hacer que el insecto no transmita la enfermedad”, insiste. De hecho las primeras son una realidad al menos en Estados Unidos y con algunos cultivos. “Ya hay variedades de viña en California que son resistentes a la bacteria. Es decir que aunque llegue el vector y la deje no produce enfermedad”, afirma.

El peligro para Catalunya y Andalucía

Mientras se trata de controlar el foco de Alicante y se lucha contra el vector hay que extremar los controles porque la expansión puede desbordarse. Si es que no lo ha hecho ya. El científico Alberto Fereres recuerda que el hecho de que en Alicante haya ya “tres brotes distintos” y que no estén “tan cerca unos de otros” quiere decir “que la enfermedad lleva allí tiempo y que se ha ido moviendo con los vectores que haya, no en los últimos dos años sino en más y ha pasado inadvertida”. Avisa también el miembro del CSIC que no está tan claro que los insectos no puedan moverse mucho más de cien metros como se ha dicho. “No está demostrado. Eso viene de un estudio que se hizo en Estados Unidos con climas muy fríos eso hay que estudiarlo aquí. Pero además estos vectores se pueden mover de muchas maneras, porque ellos vuelen, pero también por el viento, que les puede transportar de forma pasiva, o porque el hombre los pueda meter en un coche y llevarlo a otro pueblo, por ejemplo. Puede entrar de forma inadvertida y aparecer a 200 kilómetros, así ha ocurrido en Italia”, desliza. Ese sería el gran peligro para zonas como Andalucía o Catalunya en el caso de que no estuvieran ya infectadas y no se hubiera detectado. Eso sí, en el caso de estar libres de la plaga no vale de mucho tratar de adelantarse y hacer tratamientos químicos contra los insectos antes de que aparezca la bacteria. "Hay cierta alarma donde la enfermedad no esta establecida, no debería hacerse un control del vector porque es inocuo. Sería poco recomendable", apunta Fereres. Así que las zonas susceptibles de sufrir la epidemia sólo pueden esperar y estar muy atentas. 

.

Outbrain