Entrevista | Hans Geilinger Arquitecto, navegante y autor de "Tuvalu"

"Tener tiempo es mucho más lujoso que tener un Ferrari"

"He regresado de la vuelta al mundo en velero durante doce años y tengo más preguntas que nunca"

"En Haití fuimos en un ferry con mujeres que iban al mercado. Es el viaje más bonito que he hecho"

Hans Geilinger, en Barcelona, antes de la entrevista. / JORDI COTRINA

Fidel Masreal

Barcelona
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Hans Geilinger es un arquitecto y urbanista suizo residente en Barcelona. Junto a su mujer, Imma, gozaba de una vida estable. Pero cuando cumplió los cincuenta decidió salir de su zona de confort y dar la vuelta al mundo con Imma en su velero. La aventura duró 12 años. Fruto de esa experiencia ha nacido "Tuvalu", un libro que es mucho más que una carta de navegación y que habla de cuestiones básicas de la vida.

-En el libro escribe: "La mejor estrategia para percibir lo que significa vivir es abandonar tu zona de confort". ¿A qué se refiere?

-Cuando zarpamos en el 2011 del Garraf, la cuestión era por qué te vas. Yo tenía una vida cómoda y ordenada:tenía a mi mujer, a mi hija, era profesor de Arquitectura, tenía un estudio, la ciudad de Barcelona me gustaba, me sentía en casa. No me fui porque me parecía un desastre todo esto, sino porque quería experimentar algo nuevo, sensaciones que yo tenía la intuición que quizás en la vida terrestre no existen. Dejar la zona de confort significa meterse en algo completamente desconocido. Los logros en tu vida están bien, pero está mejor meterte en algo completamente nuevo.

Dejar la zona de confort significa meterse en algo completamente desconocido

-¿Qué esperaba encontrar?

-Pensé que el viaje me proporcionaría respuestas a preguntas importantes de la vida -quiénes somos los humanos, cómo es el mundo- pero doce años más tarde he vuelto y tengo más preguntas que nunca. Ahora comprendo que esta es la finalidad de todo: que se abran preguntas y cuestionarte muchas cosas. Lo bello en la vida es que se te abra la mente. Si nunca has visto la pobreza brutal como en Sudán o en Haití, tampoco te haces preguntas.

Hans Geilinger, en la sede de EL PERIÓDICO. / JORDI COTRINA

-¿Qué aprendió de estas vivencias en situaciones pobreza extrema?

-En Haití fuimos en un ferry con mujeres que iban al mercado. Es el viaje más bonito que he hecho en toda la vuelta al mundo. Las mujeres tenían una alegría total, cantaron, nos integraron por completo. Esta gente que viven en estas condiciones extremas viven solo el momento, y en un ferry que no se sabe cuanto tiempo tarda.

Esta gente que viven en estas condiciones extremas viven solo el momento

Cantan, hablan. Y a la vuelta, gallinas y cabras a bordo. Un espectáculo brutal. En Sudán, igual: la gente vive el momento.

-En el libro habla de la vastedad del océano Pacífico. ¿Cómo impacta esto en el interior de una persona, viviendo días y días en este escenario?

-Hay que llevarse bien con el mar. Si lo respetas -con sus vientos ,corrientes, arrecifes, tiburones, cocodrilos- te devuelve mucho.

Se trata de tener la confianza de que algún día sale otra vez el sol y todo ha pasado

Si está mal, puedes sufrir mucho. Imma, mi mujer, se marea [ríe], y ha dado la vuelta al mundo. Después de un temporal, al cabo de tres o cuatro días, sales por la mañana y ves el sol, ves que las olas han bajado y piensas: lo hemos superado. Se trata de tener la confianza de que algún día sale otra vez el sol y todo ha pasado.

-Esto sirve para la vida...

-Saber que salimos de estos momentos malos te da confianza. En una de las travesías, desde las Galápagos, estuvimos cinco semanas en las que solo vimos dos barcos. Y el mar. Observando el mar ves los diferentes azules, las nubes, el horizonte... Es un espectáculo total. Y te calma por dentro. Es una forma de meditación. Estás allí sin hacer nada. Solamente observas.

-¿En qué ha cambiado usted tras estos doce años de travesía?

-Vivo mucho más el día. Mucha gente me pregunta si haré una segunda vuelta al mundo... No me importa. Ahora estoy en esta entrevista. Es lo único que cuenta. Y donde no puedo influir, no me tengo que preocupar. Y sí me tengo que preocupar en crear ahora un buen momento entre nosotros en esta entrevista, porque esta es la mejor inversión de cara al futuro.

Ahora estoy en esta entrevista. Es lo único que cuenta. Y donde no puedo influir, no me tengo que preocupar

-¿Cómo ha evolucionado su relación de pareja?

-Cuando tienes exactamente el mismo objetivo, como por ejemplo llegar a una isla del Pacífico, es algo muy bello como pareja. Te sientes automáticamente unido. Todas las cosas malas las sufrís los dos. Y no hay visitas, la suegra nunca llega en alta mar [ríe]. Estáis los dos y punto. Los problemas empiezan cuando estás en tierra [ríe de nuevo].

Hans Geilinger, junto a la sede de EL PERIÓDICO / JORDI COTRINA

-¿Cómo ve el mundo, después de conocerlo durante esta experiencia?

-Primero, creo que estamos muy centrados en Barcelona, o Hospitalet, como si fueran el centro del mundo. Hay mucho más mundo y muchas más realidades. Y no es que nosotros seamos más felices, en Europa. En estas otras realidades te das cuentas de que puedes vivir totalmente feliz en Fulaga, un islote de Fiji y es maravilloso. No hay internet, no hay móvil. ¿Para qué? La comunidad vive con y del mar.

Lo que yo vi en muchos sitios, sobre todo en zonas pobres, es que tienen un lujo brutal que es el tiempo

Y están muy unidos con la naturaleza. Aquí pensamos en el bienestar relacionado con tener un coche muy bonito y una segunda residencia en el Empordà... Lo respeto, pero lo que yo vi en muchos sitios, sobre todo en zonas pobres, es que tienen un lujo brutal que es el tiempo. Tener tiempo es mucho más lujoso que tener un Ferrari.

-Aquí cuando viajamos queremos llegar enseguida...

-El velero es muy bueno porque va superlento Seis nudos, que son diez kilómetros por hora. Por eso tardas cinco semanas de Galápagos a Marquesas. Cuando sales, te puedes despedir de lo que tenías. Tienes un par de semanas para pensar en lo que dejas atrás. Y luego hay un momento en blanco. Tu alma viaja contigo. A bordo éramos cuatro, Imma, yo, su alma y la mía.

-Es otro concepto del tiempo...

-Ves el paraíso, las palmeras, el mar turquesa... y es verdad, es bellísimo. Los primeros días son bonitos pero cuando vienes de Occidente, al tercer día ya piensas en irte. Pero si te quedas el cuarto día y el quinto, ocurren cosas, porque de repente ves alguna gente que recoge pulpos en el arrecife... La lentitud es importante, si no no te enteras de nada. Yo no hubiera ido tan rápido. Doce años ha estado bien, pero veinticinco hubiera sido mejor.

La lentitud es importante, si no no te enteras de nada

-¿Estamos todavía demasiado de espaldas al mar, en Barcelona?

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-Como arquitecto y urbanista, sé que se decía que Barcelona vivía de espaldas al mar y con los Juegos Olímpicos se giró hacia el mediterráneo La sociedad mira el mar. Pero mi deseo es que no nos quedemos en la playa, sino que entendamos que toda esta superficie azul no es solo estética. Tenemos que meternos dentro, o encima. Y que los niños hagan vela, natación y buceo. Que se sumerjan.

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