Escapada de fin de semana a un pueblo de película en la Costa Brava

Llafranc, situado entre Calella de Palafrugell y Tamariu, es un destino único para escaparse este otoño

Este territorio cuenta con diferentes opciones para disfrutar de visitas, excursiones, deportes y la gastronomía

Llafranc visto desde el Camí de Ronda / Cedida / PTCBPG

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Pep Canals

Llafranc
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La Costa Brava es un destino de película. Este rincón del litoral catalán cuenta con algunas de las playas y calas más bonitas del Mediterráneo y un sinfín de pueblos con mucho encanto que son memoria viva de las tradiciones de Catalunya. Precisamente, en el corazón de este territorio, se encuentra Llafranc, un pequeño pueblo de pescadores con casitas pintadas en tonalidades blancas y azules que crean una de las postales más clásicas del litoral de Girona.

Otoño es un momento ideal para hacer una escapada a Llafranc sin la masificación veraniega. El clima aún permite disfrutar de la playa o de actividades como el kayak, el golf, pero también de agradables rutas con bicicleta, puesto que la provincia de Girona es uno de los templos del ciclismo catalán con una infinidad de rutas en cualquiera de sus modalidades: carretera, montaña o gravel.

¿Qué hacer en Llafranc en otoño?

Llafranc cuenta con atractivos como su pintoresca playa de aguas cristalinas, el famoso Camí de Ronda que une el municipio a Calella de Palafrugell o algunas de las calas más bonitas de la Costa Brava. A esto cabe sumar su puerto y el Conjunto Monumental de Sant Sebastià de la Guarda y su faro.

Monells / Cedida / PTCBPG / Jordi Gallego i Caldas

Una estancia en este municipio de la Costa Brava también es la oportunidad para desplazarse por el territorio y visitar, por ejemplo, pueblos como Monells o Peratallada con sus callejuelas medievales; el majestuoso monasterio de Sant Pere de Rodes, situado en plena montaña y con unas preciosas vistas al mar; o el Museu Dalí de Figueres.

¿Dónde alojarse en Llafranc?

Situado frente a la playa de Llafranc, a escasos metros de su paseo marítimo y también muy próximo al Camí de Ronda, se encuentra un hotel con mucho encanto para despertarse con unas bonitas vistas al mar. El Isabella’s Llafranc es, sin duda, una de las mejores opciones para alojarse en este pintoresco pueblo de pescadores de la Costa Brava.

Una de las suites del Isabella's Llafranc / Cedida

Un hotel boutique con 26 habitaciones, de estilo elegante y con todos los servicios para vivir una experiencia inolvidable en Llafranc. Los colores que perviven en ellas son el blanco y el azul, mimetizándose a la perfección con la esencia marinera del pueblo. Algunas ofrecen unas bonitas vistas panorámicas a la Costa Brava y todas ellas cuentan con las comodidades necesarias para disfrutar de unos días de desconexión y relax. En el caso de las suites, tienen terraza privada con piscina. Un lujo para disfrutar antes de que llegue el frío.

El restaurante del Isabella's Llafranc / cedida

¿Dónde comer en Llafranc?

Alojarse en el Isabela’s Llafranc es una oportunidad única para degustar una propuesta que fusiona la cocina italiana con la esencia de la Costa Brava. Todo ello elaborado con producto fresco y local. Además, el restaurante cuenta con una espectacular terraza para sentarse a disfrutar de la brisa marina con una buena copa de vino y alguna de las delicatesen de su carta.

La cocina del Isabella's Llafranc es una fusión entre la tradición italiana y mediterránea / cedida

La gastronomía es uno de los puntales de la Costa Brava y la provincia de Girona. En este territorio tan diverso se concentran 17 estrellas Michelin en doce restaurantes. Esta genialidad no es casualidad, porque la Costa Brava es la cuna de productos deliciosos y de muchísima calidad.

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Merece la pena hacer turismo gastronómico y subir hasta L’Escala, caminar por su frontal marítimo y degustar sus míticas anchoas. En Palamós se puede pasear por las pintorescas casas de la cala S’Alguer, visitar la famosa Barraca d’en Dalí y degustar la archiconocida gamba roja. En la zona del Empordà también se puede probar el arroz de Pals, después de pasear por sus calles que aún conservan la esencia medieval; la cebolla de Figueres o los magníficos vinos de la DO Empordà, que tienen una personalidad que les otorga la Tramuntana.

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