Opinión | Moción en el Congreso

Joan Tapia

Presidente del Comité Editorial de EL PERIÓDICO.

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¿Prohibir el burka?

Necesitamos inmigrantes y hay que acogerlos con más gasto social, pero también con un claro mensaje de obligaciones cívicas que impidan las fracturas sociales

El Congreso debate una propuesta de Vox para prohibir velos y burkas en el espacio público

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Unas mujeres viendo un partido de fútbol con un burka

¿Hay que prohibir el burka, que cubre totalmente el cuerpo de la mujer, y el nicab, que solo deja ver sus ojos? Convendría discutirlo sin pasión. En España, la Constitución consagra la igualdad entre hombres y mujeres. Y el burka sitúa a la mujer en un claro estatus de inferioridad. Así, prohibir el burka favorecería más la libertad femenina que tolerar su uso en el espacio público. Permitirlo es, de alguna forma, aceptar una costumbre de países sin libertad y fanatismo religioso. Además, la vida social exige normas mínimas. Por eso, no se puede pasear por las calles españolas -fuera de las zonas de playa- en traje de baño. ¿Por qué privilegiar el burka al monokini?

España necesita inmigración para seguir funcionando y está sobre la mesa regularizar a 500.000 inmigrantes que ya viven aquí. Todo tiene problemas y debe hacerse con solvencia, pero las razones contrarias no parecen suficientes. El obispo de Oviedo -que no la Iglesia- dice: “no caben todos”. Puede sonar bien, pero es que ya han cabido. Ya están aquí. ¿Echarles? ¿Cómo? ¿Y qué impacto tendría sobre la economía y los servicios sociales?

Hay que regularizar. Y acoger más inmigrantes. Un estudio de Foment dice que necesitamos un mínimo de 100.000 al año y deben ser lo más cualificados posible. Pero la inmigración implica cambios sociales y por eso en Europa crece la extrema derecha. Y el CIS de febrero dice que -tras la vivienda- los españoles creen que es ya su segundo problema. Hay, pues, que acogerlos e integrarlos bien. Y ello exige tanto más gasto social -sanidad, educación…- como un mensaje de obligaciones cívicas para evitar que chirríen los usos y costumbres. Por eso hay razones de fondo para -sin satanizarlo- prohibir el burka. Como el monokini en la plaza Catalunya.

¿Qué hacer ante la proposición de ley de Vox, que parece que el PP apoyará en el pleno del Congreso, de prohibir el burka en el espacio público? Muchos pueden pensar que sería hacer el juego a un partido que criminaliza a los inmigrantes y que hace poco abandonó varios gobiernos autonómicos por negarse a acoger menas que estaban en Canarias. Pero es todo lo contrario. No se puede dejar que erradicar el burka -algo razonable- sea la exclusiva de quienes gritan contra la inmigración. Y una proposición de ley luego tiene que ser discutida -y corregida- en el Congreso.

El jueves pasado, una mayoría de 302 diputados -PSOE y PNV incluidos- aprobó la ley contra la multirreincidencia. ¿Por qué ahora los demócratas no aprovechan para quitar una falsa bandera a la extrema derecha? ¿Hay feministas por el burka?

Pasa en toda Europa. La inmigración es necesaria, pero también genera malestar. No afrontarlo perjudica a los demócratas y empuja al populismo. Una reciente encuesta de 'Le Monde' -poco sospechoso- dice que en Italia Meloni genera menos descontento (43%) que Merz en Alemania (51%), Starmer en Gran Bretaña (60%) o Macron en Francia (74%). Seguro que hay múltiples causas, pero es un dato a pensar dos veces.

Inmigración sí. Burka no.

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