Opinión | Memoria democrática
Las abuelas de las 6.000 fosas
Las dejaron morir, deliberadamente, hasta que no ha quedado ningún testigo vivo del terror que sembraron los ejércitos de Franco
Imagen de una fosa común / EFE / Kai Forterling
Mi abuela, como otras tantas, se murió con la tristeza en el corazón, a cuenta de su hermano pequeño desaparecido en el frente del Ebro. Las dejaron morir, deliberadamente, hasta que no ha quedado ningún testigo vivo del terror que sembraron los ejércitos de Franco. 1982, el año del cambio, fue para todas esas abuelas el inicio de un perverso proceso de olvido que sólo con Zapatero tuvo un tímido punto de inflexión. Para entonces, la mayoría ya habían muerto. Hoy no queda nadie prácticamente de esa generación.
Los poderes públicos del Estado enterraron así -con el flamante Gobierno de Felipe a la cabeza- las pioneras y semiclandestinas iniciativas ciudadanas de exhumación de fosas de finales de los setenta. La recuperación de los restos óseos de las decenas de miles, centenares, abrumadoramente republicanos, enterrados de cualquier manera en cualquier paraje por sus asesinos fue un espejismo. El susodicho cambio las paró de golpe. El socialismo al mando cortó en seco toda veleidad de justicia y reparación.
Y así dejaron pasar el tiempo, por aquello de que el tiempo lo sepulta todo. Mientras, ellas se iban muriendo. Y claro, mi abuela, como tantas, falleció. Siempre con el recuerdo de Mario, su hermano, presente. Con esa herida quemando en el pecho. Mario, el pequeño de tres hermanos, que se alistó voluntario en la Columna Macià-Companys después de que en las calles de Barcelona las fuerzas leales a la Generalitat, con el president Lluís Companys a la cabeza, derrotaran al ejército insurrecto con la ayuda de centenares, acaso miles, de ciudadanos convertidos en milicianos que combatieron a tiro limpio las huestes militares alzadas contra la República.
TVE ha estrenado ahora un ingente trabajo, 'El país de las 6.000 fosas', que si bien llega tarde no deja de ser reparador, en el sentido de que por lo menos salen a la luz esas 6.000 fosas contabilizadas donde se tiene certeza que yacen decenas de miles de víctimas de un golpe militar que se convirtió en una auténtica escabechina bendecida por la Iglesia española. Amén por la impunidad de las atrocidades de Franco y el franquismo.