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LA CLAVE

El negocio de los recortes sanitarios

La Generalitat encabezó el tijeretazo autonómico a la salud pública y sigue sin revertirlo, mientras la facturación del sector privado en Catalunya no cesa de crecer

Marea blanca 8 Trabajadores de la sanidad pública, durante una protesta contra los recortes, el pasado 17 de junio en el centro de Barcelona. / ALBERT BERTRAN

Ambulatorios colapsados, jornadas extenuantes, frustración por no dedicar a los pacientes el tiempo que merecen, temor a un diagnóstico erróneo de efectos letales... La anunciada huelga de los centros de atención primaria (CAPs) es solo la punta del iceberg del grave deterioro de la sanidad pública catalana, víctima de unos recortes que solo se están revirtiendo en el fecundo terreno de la propaganda. Que, por cierto, no resiste el cotejo con los datos reales.

Datos. La Generalitat, según reflejan sus propios presupuestos, destina hoy a la sanidad 1.000 millones de euros menos que en el 2010, ya iniciada la crisis económica. 

Datos. El hachazo infligido a los servicios de salud no es fruto --o no solo-- de la infrafinanciación que denuncia la Generalitat. En el 2008, el tripartito invirtió en la sanidad el 35,5% de los recursos disponibles Y en el 2017, con el 'president' Carles Puigdemont, ese porcentaje cayó cerca de siete puntos, hasta el 28,8%. Las comunidades autónomas reservan a la salud, de media, el 33% del pastel presupuestario. Cuestión de prioridades.

Datos. Según la Asociación Estatal de Directores y Gerentes en Servicios Sociales, Catalunya es la autonomía donde mayor ha sido el tijeretazo sanitario, y también en la que menos se ha revertido este con la llegada de la recuperación económica. Entre 2009 y 2017, el desplome del gasto promedió el 9,3% en las autonomías... y se triplicó en Catalunya: 27,5%.

LAS MUTUAS HACEN EL AGOSTO

Datos. La sanidad privada ha sido la gran beneficiaria de la gestión sanitaria de la Generalitat en estos siete años de gobiernos nacionalistas e independentistas. Así lo refleja la última memoria publicada por el Govern, hace ya tres años: entre el 2011 y el 2015, pese a la recesión, el número de catalanes con seguro médico privado creció en casi 100.000, un 4,5%. Y las primas cobradas por las mutuas aumentaron en 174 millones (el 12,4%).

Conclusión. Las socorridas coartadas de la austeridad presupuestaria y el déficit fiscal ocultan otra ominosa realidad: los recortes en la sanidad pública catalana, por azar o no, siguen brindando un jugoso negocio al sector privado.