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Carme Torrents se jubila dejando como gran legado la Casa Museu Verdaguer, la Fundació Jacint Verdaguer y Verdaguer Edicions

Interior de la Casa Museu Verdaguer, en Folgueroles. / MARC VILA

En 1886 nueve mujeres de Weston compraron la balsa de Oliver Farrar para hacer un parque público, el primero del estado de Vermont. Hoy, una junta de nueve mujeres heredera de las pioneras gestiona el Weston Green, en el centro del pueblo. El mismo año, Dorotea de Chopitea encabezaba el grupo de barceloneses ricos que compraron unos terrenos en la cima de Collserola para ofrecerlos al futuro san Juan Bosco. Ahora encontramos normal que se le llame Tibidabo y que haya una iglesia, pero como el Weston Green alguien tuvo que tener la idea y la iniciativa, alguien pensó y rehizo el fango y el cerro. Contra el oficialismo y el estatalismo, hay lugares en el mundo donde buena parte de las cosas provienen de la iniciativa privada y, si acaso, las instituciones después se han añadido o lo han asumido. 

Carme Torrents se jubila dejando como gran legado la Casa Museu Verdaguer, la Fundació Jacint Verdaguer y Verdaguer Edicions

En 1965 se creó en Folgueroles Amics de Verdaguer, que en 1967 abrió la Casa Museu Verdaguer y, con los años, la Fundació Jacint Verdaguer. Folgueroles es un pueblo pequeño y la fundación tiene un presupuesto modestísimo, pero la literatura catalana les debe iniciativas como la intervención de Perejaume dibujando en la riera la firma del poeta el año de su centenario, la grabación del 'Canigó en 125 veus', el impulso de Verdaguer Edicions (aquí hemos hablado de la impresionante elección del Canigó grabada por Lluís Soler) o, ahora mismo, la exposición 'Verdaguer secuestrado'. Todo esto ha tenido desde el 2002 al frente (al frente y detrás) a Carme Torrents, una historiadora del arte y museóloga obsesionada además en convertir la Casa Museu en uno de los pilares de la red del patrimonio literario catalán. Y lo consiguió, con la creación de Espais Escrits en el 2005. Ahora Carmen se jubila, pero la Fundació y la Casa y las Edicions continuarán. 

En un país que, gobernado por nacionalistas, ha reducido a la mitad el ya bastante menguado presupuesto de Cultura aun manteniendo los sueldos de los altos funcionarios, en un sector precarizado hasta la raya (roja o amarilla, quien lo sabe) de la inanición, decir Jacint Verdaguer y decir Carme Torrents es decir por dónde podemos ir. Ojalá que quien venga después lo sepa hacer igual de bien. 

Temas: Libros

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