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El Lliure, amordazado

Vista general del edificio que acoge el Teatre lliure.  / EFE / JULIÁN MARTÍN

Cuando alguien tenía éxito y se comportaba de manera despótica y con desprecio hacia los simples mortales, se decía que le habían subido los humos. La gente del Lliure lo sufría pero callaba. "Falta menos", "Casi nos lo hemos quitado de encima"... hasta que llegó la mala noticia. Como tantos dictadores de izquierdas –los de derechas ni se mientan Lluís Pasqual se saltó las normas para quedarse. En el patronato callaron. La gente estalló. Las ganas de que se largara eran unánimes entre los subordinados que lo sufrían.

Los primeros culpables de la situación son sus amigos, los 'teatreros' del patronato. Dos mandatos son dos mandatos, no un chicle. Con el fin de acordar una solución a los daños provocados por la permisividad ante la arbitrariedad del director, se reunieron las administraciones en una junta de gobierno. Son aves de paso, ajenas al  Lliure y al teatro, pero disponen del poder. El futuro se ha decidido al margen del patronato, considerado culpable. No estamos preparados pero ya informaremos a los patronos (que sí lo están a pesar del error cometido) del acuerdo que hemos tomado sin escucharles.

Golpe de Estado

No hay nada más contrario al espíritu fundacional de Fabià Puigserver que este golpe de Estado moral. El teatro que debía ser público por vocación y adscripción pero libre, Lliure, ha dejado de tener voz en el nombramiento del director. A partir de ahora, convertidos los patronos en comparsas, habrá que ser un completo iluso o un pequeño cínico para sostener que existe alguna diferencia real entre la cúpula del Lliure y la del TNC. Convocarán un concurso, debe suponerse que internacional, y a ver si 'su' jurado, no los patronos que representan el espíritu del Lliure, elige un director que sepa que hay que agradar a los políticos por encima de la continuidad de la trayectoria del teatro. Barcelona acaba de suprimir la pequeña libertad del Lliure. Así la ciudad se verticaliza, o sea que se vuelve bastante menos innovadora y rebelde.

Temas: Teatre Lliure

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