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LA CLAVE

Dudar

No se lleva la duda: hay que tener claro el "nosotros" y el "ellos", quiénes somos demócratas y quiénes sois fascistas

Reunión, el pasado julio, de Pedro Sánchez y Quim Torra en la Moncloa. / DAVID CASTRO

La duda no está bien vista, es señal de debilidad. Lo que se lleva son las convicciones fuertes, inquebrantables. Hay que tener claro quiénes somos "nosotros" y quiénes "ellos". No vacilar sobre qué bandera idolatras y cuál desprecias, sobre qué símbolos anudar y cuáles retirar, sobre quiénes somos demócratas y quiénes sois fascistas.

Los que comparten nuestro pensamiento, identidad, lengua o color de piel no pecan, ni yerran, ni causan mal alguno. Quienes piensan, sienten, hablan o lucen distinto están bajo perpetua sospecha. Da igual que miremos a los EEUU de Donald Trump o a la Italia de Matteo Salvini, a la Rusia de Vladimir Putin o la Hungría de Viktor Orbán, a la Catalunya 'procesista' o la España de rompe y rasga. Las medias tintas están proscritas. Dudar es una herejía; no intenten hacerlo en casa.

Dudar de quienes prometieron un paraíso terrenal en forma de república y nos dejaron en el lodazal de la discordia. Preguntar qué fue del prometido referéndum vinculante, de las mediaciones, de los reconocimientos internacionales, de las estructuras de Estado, del plácido tránsito "de la ley a la ley". Cuestionar que el 47% de los votantes constituya la mayoría del "poble català". Y que el Estado pueda tratar a Catalunya como si ese 47% no existiera. Poner en entredicho que la huida sea tanto o más heroica que el encarcelamiento.

Dudar de las verdaderas intenciones de quienes en nombre de la convivencia alimentan la confrontación. De si unos y otros ansían realmente la paz o solo imponer sus postulados. De si los lazos amarillos simbolizan la solidaridad con los presos, maquillan la reivindicación de la independencia u ocultan la frustración por las promesas rotas. De si bastaría con liberar a los políticos encarcelados para aplacar la tensión social.

Ganar tiempo

Dudar de que el Gobierno y la Generalitat piensen en lo mismo cuando abogan por el diálogo. Sospechar que solo intentan ganar tiempo, pues lo máximo que uno puede ofrecer queda muy lejos de lo mínimo que la otra podría aceptar.

Mejor aferrarse a las convicciones y los prejuicios que hacerse preguntas impertintentes. No lo duden.   

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