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OTRO ÉXITO DEL DEPORTE ESPAÑOL

Adiós al "y si no sirve, al femenino"

El fútbol femenino ha logrado ya un nivel comparable a cualquier otro deporte de élite, gracias a su organización y perseverancia

ALEX GRIMM / FIFA / GETTY

Contaban mis maestros, Antonio FrancoMiguel Ángel Bastenier, Javier Batalla, Alex J. Botines, César López Rosell, que cuando uno no servía para periodista, lo enviaban a Deportes. Hasta que, de pronto, no solo descubrieron que los mejores periodistas estaban en Deportes, sino que eran los únicos que salían a la calle, los únicos capaces de utilizar todos los géneros periodísticos, los únicos (eso aún sucede) en escribir contra el reloj, contra la cuerdas, con la bocina del cierre en sus sienes, a las doce de la noche en una recóndita tribuna de prensa, en un campo de fútbol de vaya usted a saber qué rincón del mundo.

También descubrieron, también, que eran los más leídos porque el deporte se había convertido en algo enorme, importante, tanto que hasta empezaba a ser prestigioso escribir en sus páginas, opinar, saber de deportes. Por eso ahora no hay intelectual, escritor, sabio o gurú que no aparezca opinando en las páginas de Deportes.

Lo que significa el España-Japón

Lo enorme, lo grandioso, créanme, de este España-Japón no es que el balompié femenino empieza a escalar cúspides impensables. Ni siquiera que esas ‘guerreras’ son ya tan gladiadoras como sus amigas de baloncesto, balonmano, waterpolo, sincronizada y demás especialidades campeonas. Lo inmenso es que el fútbol femenino se ha ganado un sitio en el deporte español. Hasta que el fútbol femenino dio ese paso, en todos los clubs, en todos (y quien diga lo contrario, simplemente miente), al técnico o directivo que no valía para el masculino, la meca, la importante, lo necesario, lo económico, lo competitivo, lo pasaban al femenino.

Ese es el gran salto al que, de momento, se niega a sumarse Florentino Pérez, al que no le quedará más remedio (aunque no quiera, aunque no le guste, aunque lo considere aún –solo él—un deporte menor) que crear (o comprar, que es lo suyo) un Real Madrid femenino. Y ese salto consiste en que todo se piensa, desde una estructura sólida, real, profesional, seria, moderna, futurista, en espíritu de fútbol femenino.

Seguir creyendo y apoyando

Y aún mejor. Cuando la gente esgrime que, por ejemplo, los países nórdicos (no sé, Suecia, Noruega, Dinamarca…) están un paso por delante de España, la competición internacional de selecciones, diversos equipos, diversas edades, demuestra que España está, en organización y, sobre todo, en organigrama deportivo en sus distintas selecciones, muy por encima de los demás.

Por esa razón, porque el fútbol, todo el fútbol, ha dejado de pensar que “el que no sirve, al femenino”, el fútbol femenino empieza a tener en España una estructura tan sólida (y seria, y profesional) que ha dejado de ser el patito feo. Eso sí, hay que creer en él porque, pese al ‘boom’ que está viviendo, pese al estallido mediático que experimenta, todavía es deficitario.

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