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Puigdemont vence y enseña sus dientes

No todo favorece al 'expresident' y ERC le supera en las encuestas, mientras que Junqueras es mejor valorado

Carles Puigdemont interviene desde Alemania en la presentación de la Crida Nacional. / EFE / QUIQUE GARCÍA

Dicen que Carles Puigdemont ha salido reforzado del congreso del PDECat en el que ha conseguido imponerse y purgar a la díscola Marta Pascal. Ahora podrá hacer del partido exconvergente un satélite de la Crida Nacional per la República, su nuevo artefacto electoral. Y se ha vuelto a comprobar que el 'president', Quim Torra, es solo un alfil del exilado.

En gran parte la victoria del domingo es consecuencia de que antes del 21-D, y por miedo a morder el polvo ante ERC, Pascal y los convergentes no solo recurrieron al 'president' destituido (lógico), sino que le dejaron mangonear la campaña y la lista electoral. Y como Puigdemont, desde el exilio pero presente en las televisiones (ventaja sobre Oriol Junqueras), ganó a ERC (por los pelos) se convirtió en el dueño de JxCat. Entonces se autoerigió en el líder de la resistencia. Era pues casi imposible que Pascal, que quería construir un secesionismo templado y liberal, ganara al populismo de Puigdemont. Y menos ante unas inminentes elecciones municipales.

El fracaso del juez Pablo Llarena en Alemania le ha aupado más y el verbo del nuevo líder del PP, Pablo Casado, puede inflamar a sus incondicionales. Además, el control directo del grupo parlamentario en Madrid impedirá que se repitan "pecados" como el de Pascal prefiriendo a Pedro Sánchez a Mariano Rajoy.

Puigdemont va a por todas (quizá porque tiene pocas), pero la tentación del hiperliderazgo, de un cierto bonapartismo, no siempre sale bien. Y no todo le favorece.

Su primer problema es que, al revés que en la CDC de Jordi Pujol e incluso Artur Mas, en el mundo económico y en el 'establishment' catalán genera inquietud. Adónde nos lleva es la pregunta recurrente en estos medios. Y en la relación con los sindicatos domina la tibieza.

Soledad política

A este relativo aislamiento social se une la soledad política. Tiene complicidades con la CUP, la ANC y los CDR, pero la relación con ERC -se vio la semana pasada- está en su peor momento. Esquerra es muy contraria a la lista única que Mas logró en el 2015 y se rebela cuando ve que se le asigna un papel secundario.  

Cs, el partido con más votos el 21-D, y el PP solo quieren que se le encarcele, y con el PSC y ECP -interesados en el diálogo con la Generalitat por el que abogan Sánchez y Pablo Iglesias- solo habla a través de Torra.  

Lo peor es que las tres últimas encuestas (EL PERIÓDICO, 'La Vanguardia' y el CEO de la Generalitat) coinciden en dos cosas: que la desinflamación progresa y que ERC batiría a JxCat si hoy hubiera elecciones.

Magia evaporada

Según el CEO, ERC subiría de 32 a 35-37 escaños mientras que JxCat bajaría de 36 a 30. Y Junqueras es bastante mejor valorado (6,16 frente a 5,01), mientras que en intención directa de voto, Esquerra (22,8%) saca nada menos que 10 puntos de ventaja a JxCat. Pese al culto a su figura, la magia del 21-D se ha evaporado.

¿Pretende Puigdemont -atención a la votación sobre Rosa María Mateo para TVE- desestabilizar a Sánchez en Madrid y, esgrimiendo además la elección de Casado, abortar la desinflamación que cree que le perjudica?

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