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Dos miradas

Adoctrinar

Si queremos educar a ciudadanos capaces de analizar la realidad y formarse una opinión crítica particular, parece lógico que las aulas acojan el debate

Unos estudiantes hacen deberes en la biblioteca de su colegio. / FERRAN NADEU

El supuesto adoctrinamiento en las escuelas catalanas ha pasado a ser el nuevo mantra de los que buscan monstruos debajo de las piedras. Más allá de lo obvio -los profesores son personas y hay quienes ahora y siempre han mostrado la hechura de sus creencias-, es evidente que el debate está regido por el afán de desacreditar a la escuela pública catalana. De las críticas a la inmersión lingüística a las acusaciones de adoctrinamiento. Un paso más en la demonización de una institución que, sin ser perfecta, cada día hace el milagro de educar con unos recursos escuálidos a más de un millón y medio de niños.

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Sin embargo, más allá de la utilización política, surge el debate de cómo vivir la actualidad política en la escuela. Considerarla una suerte de granja de pollos aislada de la sociedad es una opción. Pero los muros fortaleza se traspasan un minuto después de que suene el timbre. Después, las redes colocan a los niños en el mundo en el que viven. Y no siempre lo hacen desde la tolerancia. Si queremos educar a ciudadanos capaces de analizar la realidad y formarse una opinión crítica particular, parece lógico que las aulas acojan el debate. Un diálogo sereno y constructivo, desde el respeto al discrepante. Es decir, justo lo contrario de lo que estamos protagonizando los adultos. Ojalá esa enseñanza pública que tanto preocupa a algunos políticos esté igual de presente cuando se aprueben los Presupuestos.

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