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LA CLAVE

España, ante el espejo

El esplendoroso crecimiento de Ciudadanos no se cimenta tanto sobre la orgía de corrupción del PP como sobre la ineptitud de Rajoy en el conflicto catalán

La líder de Cs en Catalunya, Inés Arrimadas; el presidente del partido, Albert Rivera, y el secretario general, José Manuel Villegas. / EFE / MARISCAL

El PP se hunde, arrastrado por su irresponsabilidad de estado y su mezquindad frente al conflicto catalán, la principal crisis política española desde la Transición. La corrupción también le pasa factura, por supuesto, pero no parece ser el rasgo diferencial de la situación: el partido de Rajoy está siendo zarandeado por escándalos mayúsculos desde hace muchos años (Gürtel, 2009; Bárcenas, 2013...), lo cual no le ha privado hasta ahora de la hegemonía.

Ciudadanos asciende como un cohete. Ofrece una imagen de derecha higiénica, ajena a la ranciedumbre del conservadurismo español. Pero en este punto el aseo no es más que una construcción teórica. El partido de Rivera es aún virgen, no ha gobernado. Ahora mismo, aunque deseara con todas sus fuerzas corromperse, no le resultaría sencillo: carece de los resortes de poder necesarios para ello.

El esplendoroso crecimiento del partido naranja se cimenta en realidad sobre la ineptitud del PP en el conflicto catalán. El partido de Rajoy optó por incendiar Catalunya para quebrar a los socialistas y garantizarse el Gobierno de España. Luego, cuando las llamas desbordaron todos los perímetros de seguridad, abdicó de su responsabilidad política y se escondió detrás de los jueces. Todo lo que podía haber ido mal, ha acabado yendo peor. Y aquí está Ciudadanos, con un discurso territorial más radical que el del PP pero probablemente tan inútil como este para una solución efectiva del conflicto, recogiendo los réditos de la negación política de Rajoy.

Orfandad progresista

La izquierda está ausente, perpleja y extraviada, cuando no enzarzada en querellas intestinas. La parálisis socialista ante la devastación social de la crisis se reproduce con fiel exactitud en el conflicto catalán: en uno y otro caso se revela incapaz de cohesionar y entusiasmar a esa mayoría social progresista que aparece en las encuestas. La socialdemocracia europea no sale de su perplejidad desde que cayó el muro de Berlín, esta es la razón última. Y la expresión política de la indignación del 15-M se diluye tras su fulgurante despegue coyuntural. Así están hoy las cosas. 

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