Dos miradas

El llanto de Raquel

La profecía de un hombre nacido hace más de 2.600 años sigue siendo la fotografía de la actualidad: una humanidad de madres llorando a sus niños muertos.

Un niño yemení de quien se teme que haya resultado infectado por el cólera recibe tratamiento en Saná. / YAHYA ARHAB / EFE

La orden de Herodes I el Grande sigue vigente. La metáfora más cruel y real de la humanidad se cumple con puntual religiosidad. Hoy se conmemora la leyenda de la matanza de los santos inocentes, el gesto inútil del rey de Judea, vasallo de Roma, de asesinar a todos los menores de 2 años para preservar su poder. La vida de los niños no valía nada, se trataba de matar a aquel supuesto rey de los judíos cuyo nacimiento habían anunciado los magos.

¿Cuánto vale la vida de un niño? ¿Cuántos están muriendo ahora mismo entre las ruinas de Siria, en los caminos del Yemen o en las aguas heladas de nuestro Mediterráneo? ¿Cuántos agonizan, cuántos sufren hasta lo insoportable para preservar el equilibrio de poderes en un mundo enfermo de injusticia?

«Entonces se cumplió lo que se había hablado por medio de Jeremías el profeta, que dijo: Se oyó una voz en Ramá, llanto y gran plañido; era Raquel que lloraba a sus hijos, y no quiso ser consolada, porque ya no son». Y la profecía de un hombre nacido hace más de 2.600 años sigue siendo la fotografía de la actualidad. Una humanidad de madres llorando a sus niños muertos. Pequeños de los que no conocemos sus nombres, pero sí el de sus verdugos. Y el de sus colaboradores. Y del silencio que se convierte en un cómplice necesario. Y si seguimos estirando de ese rosario de alianzas de codicia y cobardía llegamos hasta nosotros. Espectadores impasibles del llanto de Raquel. 

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