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Dos miradas

Cava aragonés

La confrontación de las dos imágenes es desoladora. Un enfrentamiento con ganadores (eufóricos en Villanueva de Sigena) y perdedores (humillados en Lleida). Bienvenidos a la política como competición

Las obras exhibidas en el Monasterio de Sijena. / JAVIER BLASCO (EFE)

Mientras tanto, en Villanueva de Sigena, los vecinos celebraban la llegada de las cajas sin presencia de los guardias civiles armados -muy armados, según los testigos –, que horas antes habían protegido el tesoro de las enardecidas masas catalanas. Mientras tanto, en Villanueva de Sigena, en el local municipal, celebraban con cava aragonés y con los dulces y crujientes dobladillos (o farinosos) el retorno de las piezas. El cava, Reyes de Aragón Brut Nature, lo servían en unas copas de plástico opacas, gentileza de la casa del espumoso. Todo el mundo reía o lloraba de emoción, porque "era un día muy importante". Lo dijo el alcalde de Villanueva: "siempre confié en su regreso; los bienes desaparecieron del monasterio premeditadamente". ¿Desaparecer? ¿Premeditadamente? ¿Fue un robo a oscuras? ¿Una acción relámpago? Y luego añadió que llegaba el turno de las pinturas murales que están en el MNAC: "Ahora lo veo más fácil".

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En Villanueva de Sigena hacía frío y el día era soleado. Los camiones de las mudanzas entraban triunfantes a la ciudad en una tarde radiante. En Lleida, esa misma madrugada, negra noche, con lluvia batiente, los que pensaban que se trataba de una operación hecha con alevosía protestaban porque el aparato del Estado se decantaba por una parte sin miramientos. La confrontación de las dos imágenes es desoladora. Un enfrentamiento con ganadores (eufóricos) y perdedores (humillados). Bienvenidos a la política como competición.

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