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'Love me Tinder'

«Si hay un camino que para tus gurús es infalible es el de las 'apps' de relaciones. Con nombres que amí me suenan a Chiquipark»

Dos usuarios de aplicaciones para ligar. / Danny Caminal


Te lo dejan caer como quien no quiere la cosa y cuando más te lo esperas. Tu hermano, tu cuñada, tus amigos, amigas, conocidos, saludados e incluso tu casera (para los que todavía tenemos la suerte de pagar cada mes el alquiler en el piso de abajo, al contado y recibiendo el preceptivo recibo escrito a boli de manos de una amable señora). Te la sueltan sin más. La sentencia balsámica. La solución a tus males. La panacea inexorable. El irremisible no tienes otra. El remedio más eficaz contra tus manchas, dando por sentado que las tienes: «Tú lo que necesitas es encontrar a alguien».

Es entonces cuando, sin haberlo solicitado, se activa en tu entorno el bienintencionado plan de rescate del 'single' con niños, un término con el que las grandes mentes del márketing turístico bautizaron en su día a nuestro perfil clientelar. Y para cumplir la misión de salvar al soldado 'single' hoy los caminos por los que los célibes, ocasionales o no, alcanzaremos la redención son inescrutables y variados. 

Así, un día, tus allegados con mayor vocación alcahueta a lo Carlos Sobera te conciertan una cita, esta vez cuando menos te los esperas, con la prima de una amiga de una amiga que pasa las vacaciones en el apartamento contiguo al suyo en Vilanova i la Geltrú. Y la técnica de venta supera incluso a aquel prodigio de eslogan publicitario, 'Busque, compare y si encuentra algo mejor, cómprelo', del inefable Manuel Luque. A saber: «Es una chica (los de nuestra generación nos atribuimos mutuamente aún los términos chico y chica aunque la mayoría de niños desconocidos nos llamen señor y señora) que se acaba de separar pero es muy simpática, divertida y se le ve muy buena persona». Como si su recién separación fuera incompatible con la simpatía, la diversión y la bonhomía. Y después te suelta: «Además, todavía está en el mercado, como tú». Eso me hizo pensar en Luque y me imaginé a la buena chica y a mí mismo como un par de botes de detergente dispuestos a ser comprados.

Y un día te invitan a Vilanova i la Geltrú porque se ha montado una cena improvisada a la que casualmente asiste la chica recién separada. Y te das cuenta de que ciertamente la chica, además de recién separada, te parece simpática, divertida y buena persona, pero también de que los dos no tenéis nada que ver ni vivir y que no irás a la partida conjunta de pádel organizada para el otro fin de semana. 

Pero si hay un camino que para tus gurús es infalible es el de las 'apps' de relaciones personales. Con nombres que, más que a 'apps' de relaciones, a mí me suenan a Chiquipark (Tinder, Meetic, Badoo…). Algunas con más de 50 millones de usuarios en el mundo que, digo yo, no irán todos por mal camino. 

A gusto del consumidor

Las hay para relaciones serias, para esporádicas, para ambas u otras combinaciones a gusto del consumidor. En algunas solo puedes contactar si la persona te gusta y tú le gustas a ella. Vamos, que vas a tiro fijo y aún más si os lanzáis ambos lo que viene a llamarse un 'superlike'. Dicen que así te ahorras desengaños incómodos en un posible encuentro 'tête à tête'. En cualquier caso, tampoco te garantiza una posterior partida de pádel.

Y que conste que todo esto lo sé porque un amigo, fiel usuario y también 'single', me ha informado y me ha instalado una de estas 'apps' para que yo pueda investigar sobre el terreno. Objetividad ante todo. Aun así, si buceando en la información de este mar cibernético de relaciones busco, comparo y encuentro algo mejor… os lo cuento otro día.
 

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