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Tinder no es para mí o la cultura de la violación

¿Por qué hemos llegado a un nivel en que hemos tenido que crear una 'app' especial para que a las mujeres no nos acosen en una web o aplicación de citas?

Dos usuarios de aplicaciones para ligar. / Danny Caminal


Imagina que te acabas de divorciar y todas tus amigas siguen en pareja. O acabas de llegar a vivir a una ciudad nueva. Llega el viernes y te ves sola en casa, con la serie de turno, el bote de helado y tu depresión. Y sin nadie con quien salir. O estás de viaje en una ciudad que no conoces y te apetece quedar con alguien para tomar una copa. Y entonces, tiras de Tinder.

 Pronto descubrirías, querida amiga romántica y soñadora, que Tinder no es para ti. Que así, a las primeras de cambio, no te gusta recibir fotos de pollas si no las has solicitado.  Que el hecho de que un desconocido te pregunte «en una escala del 1 al 10, ¿cuánto te gusta el sexo?» o «¿qué talla de sujetador usas?» te pone nerviosa. O que te mosquea que alguien te escriba «quiero comerte esos morritos sensuales, morenaza» cuando eres castaña clara y tienes los labios más bien finos.

Por no hablar de esa gente que te insulta cuando, después de haber hecho 'match' y de haber hablado un ratito, le dices educadamente que no te apetece quedar. Entonces él te escribe: «K te as creído puta gorda creída de mierda» (textual). Y tú le dices: «Hasta luego, Lucas». «Hasta luego, Lucas» en inglés se escribe 'Bye, Felipe'»: No es porque el pesado allí sea Felipe y no Lucas, sino porque es la versión masculina del despectivo 'bye, Felicia'.

'Bye Felipe' es una cuenta de Instagram que publica los mensajes más groseros y/o amenazantes que cientos de mujeres reciben por Tinder y otras 'app'. Los mensajes dan auténtico miedo, pero no nos cogen por sorpresa a las  que alguna vez hemos entrado en webs y 'apps' de citas.

Potente algoritmo de inteligencia artificial

Por esta razón se ha creado también Patook, que viene a ser la versión ñoña de Tinder. Como Tinder, permite deslizar perfiles a la derecha o la izquierda, según nuestro interés. Lo que hace diferente a Patook es su algoritmo de inteligencia artificial. Le han insertado millones de mensajes obscenos y de frases recogidas de las zonas más profundas de la red. Si los detecta, o encuentra una foto obscena, bloquea al usuario. También bloquea si el usuario acosa a mujeres mediante mensajes masivos 'copy-paste' o acosa insistentemente a una sola mujer con mensajes continuos.

Como ya he explicado alguna vez, vivo encima de un 'sex shop' en el que trabajan algunas mujeres que a veces se acuestan con hombres a cambio de dinero. Es principio, lo que ofrecen son bailes privados ('lap dance'), pero el acuerdo puede llegar a más si él y ella lo pactan. Cuando he bajado al 'sex shop' a comprar condones o un dildo, enseguida he recibido ofertas. Me han llegado a ofrecer 500 euros. A mí, una cincuentona vulgar. Tengo claro, por lo tanto, que si quiero sexo con un total desconocido, puedo cobrar por ello. Si tantos hombres me ven claramente como mercancía, ¿qué les hace creer que estoy dispuesta a cedérsela gratis, porque sí? Quizá el viejo refrán de «encima de puta, pongo la cama».

Pensar de otro modo

Desde luego, un tío en un bar no me puede enseñar su aparato o preguntarme si me apetece follar sin venir a cuento. Entonces, ¿por qué se les permite en internet atacar con imágenes y textos obscenos? ¿Por qué hemos llegado a un nivel en que hemos tenido que crear una 'app' especial para que a las mujeres no nos acosen en una página web o una aplicación de citas?

Vivimos en una sociedad que excusa y tolera la violencia sexual. Que la acepta y la normaliza. Tenemos que empezar a actuar de otra manera, a hablar de otra forma y, sobre todo, a pensar de otro modo cuando se trata de algo tan grave y endémico como la violencia sexual
 

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