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Gaudí en movimiento

Imagen de un breve vídeo donde aparece Gaudí.  / TV3

Esta semana el programa '30 Minuts', de TV3, dio a conocer las únicas imágenes conservadas de Antoni Gaudí en movimiento. Son ocho segundos de filmación casera, celebrados como un gran hallazgo, en los que se ve a Gaudí en 1925, un año antes de morir, caminando junto a otras personas en una boda, con un aire alegre y un corpachón imponente. Hace unos meses se produjo un revuelo similar cuando el Archivo de la Cinemateca de Canadá hizo públicas las únicas imágenes de Marcel Proust en movimiento. En este caso, también, provenían de una boda y durante cuatro segundos se veía al joven Marcel de 1904, ágil, tocado con un sombrero, con levita, que bajaba unas escaleras -el mismo autor que conocemos por una veintena de fotos, desde que era un niño hasta su lecho de muerte.

Ver en imágenes a Proust o Nabokov nos los acerca y los hace más presentes, más reales 

¿Por qué nos fascinan estas raras imágenes de genios en movimiento? No nos harán cambiar lo que pensamos de su obra, pero hay una curiosidad que va más allá del hecho histórico, que traspasa los años y los acerca a nosotros, los hace más presentes, más reales. Es una pura ilusión, claro, pero de alguna forma los humaniza. Es como si así sus libros pudieran ser más verosímiles. Nos encanta ver a Nabokov pontificando y bebiendo té (era whisky) en el programa 'Apostrophes' y nos gusta ver a Josep Pla liando un cigarrillo mientras habla en el programa 'A fondo'. Cuanto más lejos en el tiempo, más vagas pueden ser las pistas para esta identificación superficial y a la vez tan atractiva para los lectores: se conserva la voz grabada de Walt Whitman, de Valle-Inclán, de Virginia Woolf, de Tolstoi leyendo en francés... Se conservan los retratos pictóricos y esculturas de Cervantes, de Shakespeare, de Dante...

Quizás es solo un espejismo, pues, un testimonio que nos puede engañar (no sabremos si ese día Proust tenía dolor de muelas, o si Gaudí quería huir de la multitud), pero en esta época recalentada de tantas imágenes, de selfis y de gifs, de vídeos virales, el entusiasmo por los ocho segundos de Gaudí en movimiento, o de Proust bajando la escalera, es una ingenuidad que también nos humaniza a nosotros.

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