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Dos miradas

Héroes de Brasil

Ellos, tan equipados. Sin un resquicio de piel al aire. Al fondo, las obras altivas de los humanos. Y el mal, tan pequeño. Tan insignificante. Un bicho, un simple bicho que podemos aplastar con las yemas de los dedos, capaz de arrasar vidas, sacudir los cimientos de un país y cubrir de incertidumbre los Juegos Olímpicos que hoy se inauguran.

No hay ninguna gesta de los dioses olímpicos luchando contra mosquitos. Ellos se enfrentaban a titanes o cíclopes, pero en las leyendas no aparecen enemigos tan pequeños. Tampoco se sabe de luchas con los atletas que llegaban de todos los puntos de la Antigua Grecia a Olimpia. Ni los filósofos ni los poetas ni los músicos que acudían a los fastos, ninguno creía en la letal potencia de ese insecto molesto. Aunque fue uno de ellos, Aristóteles, el primero en citarlos por escrito. Él los denominó «'empis'». Al pensador griego le fascinaban los juegos de competición, incluso elaboró las listas de los vencedores de los Juegos Píticos (junto a los de Olimpia, uno de los cuatro Juegos Panhelénicos).

Hay una belleza extraña en esta imagen, cierta armonía. Como también la habrá en las competiciones. «Uno no debe ser valiente por necesidad, sino porque es hermoso», dijo Aristóteles. Los atletas que acuden a la cita, a pesar del Zika, ya han vencido el miedo. Sin saberlo, se han convertido en héroes aristotélicos.

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