Editoriales

La reducción del desempleo, vista a contraluz

El Gobierno pudo anunciar ayer un nuevo dato económico del que presumir: la bajada en casi 112.000 personas, en el mes de mayo, del paro registrado. Es el mejor dato de la última década en lo que se refiere al quinto mes del año, lo que llevó a Mariano Rajoy a proclamar que ya se ha producido un «cambio de ciclo» en el mercado de trabajo en España. Pero al igual que otros indicadores macroeconómicos de los últimos meses, este descenso del paro debe ser examinado a contraluz para poder obtener conclusiones más claras y precisas. Y la principal es que la mayor parte del empleo que permite reducir las estadísticas del paro sigue siendo precario y de no mucha calidad, al margen de que la llegada del buen tiempo anima tradicionalmente en España las contrataciones en el sector de los servicios. Y, sobre todo, hay que subrayar que aumentan mucho los autónomos, es decir, el autoempleo. Si a estos datos se unen el de que casi dos millones de parados ya no cobran ningún tipo de subsidio y el de que el Estado destina ahora el 18,7% menos de dinero a esas prestaciones, la conclusión no puede ser de ningún modo triunfalista. El paro sigue siendo una lacra gravísima, el problema número uno de España, y queda mucho trecho por recorrer antes de poder considerar como muy significativos y realmente esperanzadores los progresos en su reducción. Ni el Gobierno puede engañarse ni la Unión Europea exigir nuevas medidas de ajuste laboral  que podrían agravar la desigualdad.