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paredes que hablan

15 tesoros históricos para descubrir el pasado de Barcelona

Te ofrecemos una ruta por huellas que perduran desde hace siglos, visibles pero poco perceptibles para los no iniciados. ¿Jugamos al 'sabías que...'?

Marcas de un bombardeo de la guerra civil en las paredes de la iglesia de Sant Felip Neri. / Alba Cambeiro

Los muros y suelos de Barcelona son como libros abiertos, listos para descubrir relatos sociales, dramáticos, curiosos... Son testigos fundamentales de su historia. Quien quiera adentrarse en el pasado y entender cómo se ha organizado y desarrollado la urbe tal y como la conocemos en la actualidad solo tiene que detenerse y observar lo que le rodea (y abrir un libro o seguir una ruta turística para completar la información). Lo más curioso es percatarse de que, a menudo, pasamos ante auténticos tesoros sin darnos cuenta de su valor. Por eso nos vamos de ruta con un experto, Mariano Barriendos, profesor de Historia y especialista en climatología histórica de la Universitat de Barcelona, que nos revela algunos 'hotspots' históricos.

1. LAS ATROCIDADES DE LA GUERRA CIVIL 

Plaza de Sant Felip Neri

El Gòtic es una de las zonas más mencionadas cuando se habla de la historia  de Barcelona. Uno de los episodios más trágicos de la guerra civil ha dejado huella para siempre en las paredes de la iglesia de Sant Felip Neri: unos profundos agujeros provocados por un bombardeo lanzado por el ejército de Franco que, el 30 de enero de 1938, acabó con la vida de 42 personas, la mayoría niños de la escuela que había justo al lado. Muchos barceloneses siguen creyendo que se trata de impactos de bala causados por fusilamientos napoleónicos, porque esta fue la versión oficial que se relató en las aulas de la época franquista. 

2. LAS HUELLAS DEL TRÁFICO 

Calle de la Barra de Ferro 

ALBA CAMBEIRO

Si te quejas del tráfico es porque no te imaginas el caos que reinaba en los barrios antiguos hace siglos. Las calles estrechas se colapsaban, ya que por ellas transitaban carros de grandes dimensiones que ocupaban todo el espacio y, de paso, provocaban gran número de accidentes. Son testigo de ello unas marcadas erosiones en la piedra de la mayoría de las esquinas de la zona de Sant Pere y el Born.

A 1,20 metros de altura aproximadamente, estos deterioros eran provocados por los laterales de hierro de los ejes de los carros. Hartos de estos daños colaterales, los habitantes de la zona empezaron a instalar en las esquinas, apoyadas contra las paredes de los edificios, protecciones de piedra que bloqueaban el paso de los carros (incluso podían provocar que se volcasen) o salvaguardaban las construcciones, como se puede observar en casi todos los cruces donde todavía siguen en pie.

3. EL OFICIO MÁS ANTIGUO DEL MUNDO 

La Rambla y calles de las Egipcíaques y de Carassa 

ALBA CAMBEIRO

La sociedad de la época medieval, según explica Barriendos, era mucho menos hipócrita que la actual y, a la vez, extremadamente regulada. La prostitución era un oficio reconocido. Una muestra está en la calle de las Egipcíaques;_allí se ubica lo que en el siglo XVII y XVIII era la casa del mismo nombre, que acogía a las prostitutas de avanzada edad que se retiraban. «Eso permitía, sobre todo, un control y tratamiento de las enfermedades venéreas gracias a la cercanía del Hospital de la Santa Creu», apunta.

En distintos lugares de la ciudad se puede aún descubrir lo que eran burdeles. El más famoso es el de la calle de Carassa: en la parte superior de la esquina con la calle de Mirallers se alza el busto de una mujer  que indicaba que ahí se ofrecía sexo de pago entre los siglos XV y XVII. Más contemporáneas son las marcas que se pueden ver en la entrada de lo que fueron hostales en los números 22-24 de la Rambla. En el suelo verás dos profundos agujeros en el mármol, fruto, según se dice, del taconeo continuo de estas mujeres a la espera de clientes.

4. EL IMPACTO DE UN CRECIMIENTO DEMOGRÁFICO INCONTROLABLE 

Calle de Caputxes 

En el siglo XVIII, la población de Barcelona creció de forma rápida y exponencial (se triplicó). Dentro de las murallas no había espacio suficiente para albergar a todo el mundo y, ante el riesgo de que centenares, miles de personas vivieran en la calle, se buscaron soluciones. Así, se apostó por ampliar los edificios hacia lo alto. En el Born, eran originalmente de una o dos plantas, pero se observan muchas vigas de madera que sobresalen de la pared. Sobre ellas se añadieron pisos extra. «A veces solo se ganaban unos 12 metros cuadrados. Pero lo fundamental era poder ofrecer una vivienda, es decir, un techo. En este espacio tan diminuto podía vivir una familia entera que luego compartía baño con los demás inquilinos del inmueble, por esto se conocía en catalán como la 'comuna'», explica Barriendos.

Otro rastro de este crecimiento incontrolable son las callejuelas cubiertas por arcos que sostienen edificios, como en la calle de Caputxes. «Era la manera de construir encima mismo de la calle. Unas favelas de la época, ya que el objetivo era aglomerar a la gente. Una clara muestra de desesperación», sentencia el historiador. Estas construcciones anárquicas generaron graves problemas: las calles no se ventilaban, no pasaba la luz… y con ello llegó la insalubridad. Hasta que en el siglo XX se emprendió una remodelación del espacio urbano que dio lugar al Born tal y como lo conocemos hoy en día.

5. LOS OFICIOS DEL BARRIO TRABAJADOR

Civaders, 4

ALBA CAMBEIRO

Sant Pere era, en la época medieval, la zona menos favorecida, donde vivía la clase trabajadora (la nobleza estaba en la parte baja del Gòtic y en el Raval, y en la parte alta del Gòtic se concentraban las instituciones). Paseando por esta zona y levantando la vista por encima de los portales, aún se aprecian lo que eran los rótulos que representan los símbolos de los oficios que se ejercían en cada local. Un buen ejemplo de ello lo encontramos en la calle de Civaders, 4, con un grabado en madera que anuncia que ahí trabajaba un carpintero. Hay más rótulos: de ceramistas, sombrereros, panaderos...

6. LAS MUESTRAS DE UNA POBLACIÓN ANALFABETA

Calle de Mirallers

ALBA CAMBEIRO

En la época medieval, la educación se reservaba a la élite y el 90% de la población era analfabeta. Para que todos pudieran orientarse en la urbe, la señalética tenía elementos simbólicos. Los comercios lucían rótulos grabados o esculpidos en madera o piedra, y la cartelería se hacía con dibujos. En la esquina de la calle de Mirallers se aprecia una señalización de mármol blanco que representa un carro tirado por un hombre que levanta el brazo hacia delante. Eso indicaba el sentido de circulación de la calle.

7. FERVOR RELIGIOSO 

Santa Maria del Mar (plaza de Santa Maria) y capilla de Nuestra Señora de la Guía (plaza d’en Marcus)

Barcelona era una ciudad de muchos flujos. Una zona de paso entre Francia y el resto de España, una puerta comercial al Mediterráneo y hacia el interior del país. El fervor religioso que regía la sociedad medieval incitaba a que todos aquellos que emprendían viajes fueran a pedir la protección a los santos patronos de cada zona. A cambio, si volvían sanos y salvos entregaban una limosna, fruto de unos votos o promesas. Un ejemplo curioso de estos ritos es que, inicialmente, Santa Maria del Mar era una ermita (Santa Maria de les Arenes). Al ser los recorridos marítimos por el Mediterráneo relativamente seguros, los viajantes, agradecidos, volvían con frecuencia a depositar dinero.

ALBA CAMBEIRO

Con la acumulación de donaciones, la ermita creció y se pudo convertir en una preciosa basílica. En la plaza d’en Marcus está la capilla de Nuestra Señora de la Guía, responsable de quienes viajaban por tierra. Pero estos trayectos solían cruzar bosques y zonas despobladas, de modo que eran casi siempre escenario de atracos y robos. Por ello, sus viajantes dejaron de ser agradecidos con su patrona. Si pasas ante la estatua de la virgen de la plaza d’en Marcus, verás una figura despojada de fastos.

8. VERGÜENZA Y VIOLENCIA A PIE DE CALLE

Plaza del Rei

La plaza del Rei es un lugar majestuoso gracias a sus bonitos edificios góticos y renacentistas, pero también ha sido escenario de situaciones poco agradables. Frente a las escalinatas del conjunto monumental y mirando hacia la derecha, observarás que un pilar semirredondo sobresale de la pared. En su cima, se inmovilizaban y exponían durante unos días a los condenados por crímenes leves (los demás eran ejecutados), que recibían todo tipo de vejaciones por parte de los transeúntes. Por ello, esta construcción es conocida como 'el pilar de la pública vergonya'. Con este castigo ejemplar, las autoridades pretendían demostrar al pueblo cómo acababan quienes se salían del sistema.

9. DONDE LLEGABA EL MAR 

Calle del Correu Vell

En la calle del Correu Vell hay una torre circular que servía de mirador de control de la muralla romana que daba al mar. Aquí se ubicaba uno de los abrigos portuarios de la Barcelona romana y anclaban las galeras. Ideal para hacerte una idea de cómo Barcelona se fue expandiendo de forma artificial, llevando la línea de costa mar adentro.

10. LOS MUERTOS MÁS NOBLES 

Calle dels Comtes

ALBA CAMBEIRO

Antaño los muertos debían descansar en zonas sagradas. Dicho de otra manera, en el suelo de las parroquias e iglesias. Visitando la catedral vemos una gran concentración de lápidas en el suelo. Sin embargo, con el crecimiento demográfico de la ciudad, ya no quedó espacio para acoger el último descanso de sus habitantes y se ideó otra opción: hacer cavidades en los muros exteriores. Hoy aún se pueden descubrir las tumbas.

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A ello se unió el afán social de aparentar y los más ricos e influyentes de la ciudad (miembros de la nobleza, de los gremios...) se empezaron a rifar los puestos que estaban a la altura de los ojos. En el calle dels Comtes vemos, por ejemplo, la tumba de la cofradía de San Esteban, destacados miembros de la sociedad que dejaron a la vista de todos los transeúntes su buena posición para la eternidad. Esta práctica perduró hasta finales del siglo XIX, cuando se construyeron los cementerios en zonas alejadas de núcleos habitados para mejorar la higiene y controlar posibles focos infecciosos.

11. GRAFITIS POLÍTICOS DE LA ÉPOCA CARLISTA

Institut d’Estudis Catalans (Carme, 47)

ALBA CAMBEIRO

En el edificio que hoy en día alberga el Institut d’Estudis Catalans se ubicaba antes la Casa de Convalescencia del Antiguo Hospital de la Santa Creu, un lugar donde enfermos y heridos pasaban largas temporadas. Especialmente aquellos que sufrieron las secuelas de las guerras carlistas. Subiendo a la primera planta del patio, en las barandillas de la galería todavía se mantienen intactos lo que podríamos considerar grafitis políticos de entonces. Son tallos realizados en la piedra que rezan todo tipo de mensajes patrióticos (o no).

12. LOS HUÉRFANOS DE BARCELONA 

Ramelleres, 17

Dos pequeños agujeros en una pared de la plaza de Vicenç Martorell, en el Raval, son testigos de muchas historias tristes. Este edificio alojó la Casa de Misericòrdia, un antiguo convento que recogía a huérfanos sin hogar o a niños abandonados de forma anónima por madres que no los podían mantener o se habían quedado embarazadas fuera del matrimonio.

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El funcionamiento era muy sencillo: se dejaba el bebé en el torno, se tocaba al timbre para avisar a las monjas y el mecanismo giraba para hacer entrar a la criatura en el edificio. Al niño se le solía dar el nombre del santo del día y el apellido Expósito. La pequeña ranura en el segundo agujero servía para dejar limosna y contribuir a los primeros cuidados de la criatura entregada.

13. EL ITINERARIO DEL AGUA

La Rambla y el Arxiu Històric Municipal

Muchas localizaciones de Ciutat Vella permiten seguir el itinerario del agua, fundamental en el desarrollo de Barcelona. En las calles de Xuclà (que consta en los archivos como el primer lugar donde se documentó una inundación) y Petritxol se aprecian sendas pendientes porque entre los siglos X y XII pasaban por allí dos lechos fluviales de rieras que bajaban de Collserola en dirección al mar. Estas rieras eran más un riesgo que un recurso hídrico, así que la construcción de la muralla en el sector de la Rambla definió un ámbito seguro (intramuros) y un foso por donde un lecho amplio llevaría las riadas desde Collserola al mar, de modo que La Rambla pasó a ser un bulevar interior.

En el vestíbulo del Arxiu Històric Municipal hay dos acueductos del siglo I antes de Cristo que se alimentaban de dos fuentes diferentes: Collserola y el Besòs. Una brillante iniciativa, ya que, en caso de sequía o de inhabilitación de uno de ellos, la urbe siempre disponía de un plan B. Hay otras marcas del agua en las paredes del Gòtic. En numerosos lugares (como sucede en la esquina del calle de Santa Eulàlia con la del Bisbe) se puede leer, tallado en la piedra, 'A dos canas lo pou'. Indicaba la presencia de un pozo de distribución para abastecer a los vecinos.

14. AFILANDO LOS CUCHILLOS 

Calle dels Comtes

ALBA CAMBEIRO

Gran parte de las edificaciones del Gòtic están hechas con arenisca de Montjuïc. Una roca que tiene como virtud ser un excelente afilador de cuchillos. Eso debieron de pensar aquellos muchachos que afilaban sus armas blancas en las paredes de la catedral. Hoy en día aún se aprecian profundos surcos fruto de esta práctica.

15. LA PRESENCIA DEL JUDAÍSMO

Palau del Lloctinent y calle de Arc del Call, 1

ALBA CAMBEIRO

En la Barcelona medieval había dos barrios judíos: el Call mayor y el Call menor. En esta zona de la catedral, entre Arc de Sant Ramon del Call y Banys Nous, y calles del Call, de Sant Honorat, del Bisbe y de Sant Sever, se encuentran aún en las paredes numerosas inscripciones en hebreo, así como hendiduras en los portales que en los hogares judíos sirven para sostener la 'mezuzá', un objeto que contiene un pergamino con versículos de la Torá (el libro sagrado del judaísmo). Todavía se percibe en el urbanismo de sus calles el enclaustramiento que sufrieron en guetos, aún más densos que la propia ciudad amurallada.

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