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OBRA EN EL MALDÀ

Walt Whitman y García Lorca se unen en 'Ciutat de gespa'

Joan Vázquez interpreta a ambos poetas en un espectáculo realizado por el mismo equipo del apaludido 'Paquito forever'

Joan Vázquez en un momento de Ciutat de gespa.  / XAVI GÓMEZ

De lo más cañí a lo más culto. Tras triunfar con 'Paquito forever', inspirado en la figura del bailaor, cantaor y transformista Paco Alonso, el actor Joan Vázquez regresa con otro musical de creación: ‘Ciutat de gespa’. La magia del teatro permite unir en esta propuesta a dos grandes poetas de la literatura occidental: el norteamericano Walt Whitman (1819-1892) y el español Federico García Lorca (1898-1936). El Maldà acoge hasta el 13 de enero esta nueva propuesta creada por Vázquez junto al mismo equipo de su anterior espectáculo: el compositor y pianista Gerard Alonso, el director Víctor Álvaro y la coreógrafa Bealia Guerra"El espectáculo tiene una base poética e intelectual pero es una comedia musical destinada a todo tipo de público, asequible y popular", señala Vázquez.

La obra narra el viaje de Lorca a Nueva York en busca de inspiración y de otras maneras de vivir. "Lorca en aquel momento atravesaba por un una búsqueda artística y, personalmente, tenía muchas dudas por resolver". Aunque seguramente ya conocía la poesía de Whitman, en Nueva York profundizó en ella. Whitman, homosexual como Lorca, fue clave para el poeta andaluz en un momento en que intentaba entenderse, centrarse y superar el distanciamiento con sus amigos Dalí y Buñuel, que habían criticado su 'Romancero gitano'. Además, necesitaba también superar su ruptura con el escultor Emilio Aladrén. 

Jazz y capitalismo

La ciudad de los rascacielos que conoció en 1929 fue todo un descubrimiento para lo bueno, como los clubs de Harlem y el jazz, y para lo malo, por ejemplo el trato a los negros y los marginados del sistema capitalista. Hay un Lorca antes y después de Nueva York. Para ese hombre de 31 años de Fuente Vaqueros, Manhattan fue un revulsivo "en una etapa de búsqueda como artista y como persona”, recuerda Vázquez, autor también de las letras de las canciones.  

Aunque Lorca y Whitmann nunca pudieron coincidir en EEUU -pertenecían a épocas diferentes- sí coexisten en este montaje. La música del pianista Gerard Alonso y Albert Abad, saxo y clarinete, contribuye a trenzar una historia que hace posible esa conexión entre ambos. “La ‘Oda a Walt Whitman’ que el español le dedicó en su libro ‘Poeta en Nueva York’ nos sirve para enlazarles y para hablar de su homosexualidad”, señala Vázquez. Pero el juego que plantean va más allá. “Se sabe que la homosexualidad de Whitman inflluyó en Lorca pero ¿y si Lorca hubiera podido influir en Whitman? Es una de las hipótesis que planteamos”.  

En la citada 'Oda a Whitman', Lorca escribió: "¡Maricas de todo el mundo, asesinos de palomas! / Esclavos de la mujer, perras de sus tocadores, / abiertos en las plazas con fiebre de abanico / o emboscadas en yertos paisajes de cicuta. / ¡No haya cuartel! La muerte / mana de vuestros ojos / y agrupa flores grises en la orilla del cieno. / ¡No haya cuartel! ¡Alerta! / Que los confundidos, los puros, los clásicos, los señalados, los suplicantes / os cierren las puertas de la bacanal".

Dos mundos

La escenografía de Victor Álvaro, que permite a Vázquez conjugar y alternar ambos personajes, muestra el universo de Whitman “más pastoral y popular” y el de Lorca, identificado aquí con una estética más urbana y moderna.

También la música contribuye a dibujar ambos universos en este espectáculo. Las canciones del poeta norteamericano se inspiran en la música popular del siglo XIX y también en canciones de batalla pues Whitman sirvió como voluntario en hospitales del ejército del Norte durante la guerra de secesión. En contraste, la música que retrata a Lorca es contemporánea, de vanguardia y también tira del jazz para reflejar “ese momento apocalípitico que vivía". Sin olvidar el flamenco, claro. "Lorca comparó la situación de los negros en Harlem con la de los gitanos en Granada", recuerda Vázquez. "Intentamos trasladar a la música ese lenguaje simbólico, alegórico y desgarrador que utilizó en su libro 'Poeta en Nueva York”.