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DISCO Y CONCIERTO

Una 'big band' que es la casa de todos

El contrabajista Martín Leiton presenta en Jamboree el debut de una formación de 18 músicos que reúne a varias familias del jazz de la ciudad

Martín Leiton, en el bar Velódromo de Barcelona. / FERRAN SENDRA

En la segunda fila, codo con codo, se sientan Iván González, uno de los improvisadores más activos del 'underground' de Barcelona, y la jazzista más popular del país, Andrea Motis. Detrás suyo se coloca Dani Pérez, decano de los guitarristas de jazz moderno de la ciudad. A un lado, el percusionista Juan R. Berbín, miembro de la libérrima banda de rock Seward. Junto a él se sienta Ramón Prats, todoterreno de la batería, que tiene a la vera el saxo barítono de Joan Chamorro, impulsor de la Sant Andreu Jazz Band. En el otro extremo del escenario está la trombonista Rita Payés, una de las discípulas de Chamorro. Y al frente de este pequeño Babel del jazz de Barcelona está el contrabajista Martín Leiton, músico fijo de Jorge Drexler, miembro de Seward y habitual en los escenarios de jazz del país. Aquí Leiton no toca el contrabajo; bastante tiene con dirigir a los 18 músicos de la banda. El músico canario, que llegó a Barcelona hace ocho años tras una década trabajando en Madrid, ha armado una 'big band' con músicos de todos los pelajes. Y de todas las edades. "Hay una persona con 40 años de experiencia y otra con cuatro, pero aquí se encuentran como compañeros y en ese momento son iguales. Me parece algo mágico".

La 'big band' presenta su primer disco, 'Inevitable', el martes en el Jamboree (20.00 y 22.00 horas), aunque el proyecto nació y creció cerca de allí, en el modesto Robadors 23 del Raval. "Casi todos nos conocimos en Robadors. No he visto lugar en el mundo que tenga esa combinación de sinceridad y de inmediatez y donde puedas ver nacer tantos proyectos". Le dieron carta blanca para que pusiera en práctica sus ideas para 'big band' una vez al mes, y en cada sesión la sala se llenaba.

Música para sanar

La música de Leiton es exuberante, contagiosa. "Intento sanar, a mí mismo y al que escucha. Eso es lo primero para lo que se usó la música. Incluso cuando escuchamos música disco intentamos sanar, aunque ahora lo llamamos 'relajarnos' o perder un poco de consciencia. Y eso es sanísimo". Sus composiciones caminan sobre claves rítmicas que tienen raíces en el folclore latinoamericano. "En el sur de Tenerife no había academia. Mi padre es músico y en casa escuchábamos de todo. Aprendí de una forma muy desordenada, con muchas lagunas. Eso fue un motivo de complejo para mí. Pensaba que si no escuchaba todo el jazz no sería nunca un buen músico de jazz", dice el músico canario, que acabó por convertir esa dispersión en su identidad. "Quizás no soy un especialista en nada, pero puedo tocar jazz, bossa, flamenco o una zamba argentina con los que de verdad saben".

"Músicos y público estamos peleados. Nosotros vamos a la nuestra y el público no viene dispuesto a dejarse sorprender"

Ha tocado con Chano Domínguez, Jorge Pardo y Vicente Amigo, músicos de quienes valora su capacidad de comunicación. "Los grandes del jazz de aquí saben conectar con el público", asegura, y se pregunta qué hace falta para que su generación acceda al nivel de popularidad de sus mayores. "Creo que no se está dando la oportunidad. Los grandes festivales de jazz no terminan de reflejar la realidad musical de este país", lamenta, pero hace también autocrítica. "Ahora mismo, músicos y público estamos peleados. Nosotros quizá vamos a la nuestra y a veces no sabemos ganarnos al público, y el público no viene dispuesto a dejarse sorprender". ¿Propone alguna solución? Leiton se ríe. "Con esta big band yo diría: 'vayamos juntos. Hasta donde ustedes quieran y hasta donde nosotros podamos. Es cosa de dos'". 

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