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CRÓNICA DE JAZZ

The Bad Plus, cuando un amigo se va

El trío ofreció su último concierto en Barcelona en su formación original, dentro del Voll-Damm Festival Internacional de Jazz de Barcelona

Ethan Iverson, Reid Anderson y David King, en el concierto de The Bad Plus en el Conservatori del Liceu / FERRAN SENDRA

"Y ya está. Sois muy guapos todos". En un castellano más que notable, Reid Anderson, contrabajista y portavoz en escena del trío The Bad Plus, se despedía así del público en el Conservatori del Liceu. Sin pompa, como quien dice hasta luego a un amigo al que sabe que verá pronto. O al revés: como si quisiera quitarle hierro a una despedida de esas que cuestan y que es mejor ventilar rápido. Los aplausos fueron especialmente sentidos.

Era la última vez que The Bad Plus actuaban en Barcelona en su formación original. El pianista Ethan Iverson dejará el grupo al final de esta gira y aunque ya le han encontrado sustituto, el concierto del martes en el Voll-Damm Festival Internacional de Jazz de Barcelona era, de alguna manera, una despedida. En sus 17 años de carrera juntos, The Bad Plus se han ganado fans muy fieles. Esa es, de hecho, una de las cosas que distinguen a The Bad Plus de la mayoría de grupos de jazz. Por eso un cambio en el trío era un acontecimiento. Y por eso, seguramente, la sala estaba mucho más llena que en sus últimas visitas. Para presenciar por última vez en directo esa extraña química entre Anderson, Iverson y el batería Dave King que pueden presumir de haber conseguido un sonido propio y único.

En el Conservatori del Liceu probaron que ocurra lo que ocurra en el futuro, han sido y son uno de los grupos más singulares del jazz moderno. Y que si bien se hicieron famosos y polémicos por sus versiones de clásicos del pop y el rock, han levantado un repertorio propio imponente. El martes, a modo de repaso a su propia historia, recuperaron composiciones originales de toda su discografía, desde el debut que grabaron en el año 2000 para una discográfica de Barcelona hasta sus últimos álbumes más recientes. De ese cancionero salió una decena de títulos que sirvió para mostrar todo lo que les ha hecho especiales: las melodías dichas como a golpe de telégrafo, las frases que parece que queden colgadas en el aire, el sentido del humor y el romanticismo irremediable que se esconde detrás de un aire un punto burlón.

La imaginación, los juegos rítmicos, las disonancias que caen extrañamente bien en el oído, las piezas que empiezan como una nana y acaban en estruendo, como un edificio derrumbándose. Las canciones emocionantes en que nadie canta, porque The Bad Plus son un trío de piano, contrabajo y batería, pero que quedan en la memoria igual que los estribillos de las buenas canciones pop. Canciones sin pompa, como la despedida que oficiaron el martes en Barcelona. Solo tocaron dos versiones, una del trío de rock Yeah Yeah Yeahs y otra de Johnny Cash, una alocada versión que parecía salida de la mente los Looney Toons que sirvió para quitarle gravedad al asunto. Al fin y al cabo era un hasta luego y no un adiós. A la salida, sus fans más fans especulaban sobre los The Bad Plus que vendrán a partir de ahora.

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