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ENTREVISTA

Keith Lowe: "Sentirse mártir hace que una nación no mire hacia delante"

El autor de 'Continente salvaje' analiza cómo nos sigue marcando la segunda guerra mundial en 'El miedo y la libertad'

Keith Lowe, en el Palau Macaya. / Robert Ramos

El escritor e historiador británico Keith Lowe (Londres, 1970) ofreció una versión alternativa de la posguerra europea en su libro anterior, ‘Continente salvaje’, repaso de los coletazos de violencia y devastación que siguieron afectando a Europa tras la rendición nazi. Hace unos días visitó Barcelona para presentar su último libro, ‘El miedo y la libertad’ (también en Galaxia Gutenberg) y ofrecer una conferencia en la Escola Europea d’Humanitats, en el Palau Macaya de la Obra Social La Caixa, para responder dos preguntas: cómo nos afectó la segunda guerra mundial y por qué sigue marcándonos e interesando.   

En su anterior libro se centraba en la posguerra en Europa. En este amplía el foco a todo el mundo. Pero no solo eso. ‘Continente salvaje’ estaba muy centrado en la continuidad de la violencia tras 1945. En este quería mostrar que también pasaron cosas buenas tras la guerra. Nuevas ideas, utopías, descubrimientos científicos, nuevas formas filosóficas de ver el mundo. Y también quería ir más allá en el tiempo, llegar hasta hoy, porque quería explicar cómo 1945 nos continúa influyendo hoy.

Cada capítulo de su libro parte del caso de una persona concreta. ¿Por qué eligió este método? Lo que sucedió afectó muy profundamente a mucha gente, y nos continúa afectando a todos de formas que a veces no somos conscientes. La psicología individual es la base de la psicología de grupo, que es la base de la psicología nacional, y así sucesivamente. Para entender cómo funcionan los grupos, las comunidades, las naciones o el mundo tienes que explicar cómo afectó la segunda guerra mundial a los individuos y poner estas historias individuales en una escala mayor.

Ha dado charlas respondiendo a la pregunta de por qué nos obsesiona aún tanto la segunda guerra mundial. Incluso en países que no intervinieron directamente, como España. ¿Cuál es la respuesta corta a esta pregunta? Para decirlo simplemente, la segunda guerra mundial fue un gran trauma global, es imposible olvidarlo, nos afecta a todos, incluso a las generaciones que no habían nacido. Yo siento que aún me afecta a través de mis padres, de mi familia, de la familia de las personas a las que conozco, no podemos escapar.

"Las pasiones están bien en el fútbol, no para cambiar estructuras políticas"

Quizás aquí tenemos una experiencia similar con nuestra guerra civil… ¡Por supuesto! Incluso aunque la situación actual en Catalunya no tenga nada que ver con la guerra civil, que estemos hablando de una época completamente distinta, de una situación distinta, de unos políticos distintos…  aun así sentimos los ecos, no los podemos evitar, resuenan en tu mente, no puedes escaparte de ellos.

Del caso español no habla en su libro. En nuestro caso la experiencia fue muy distinta. EEUU no  trajo la libertad sino que permitió que Franco siguiese 30 años más… Esta experiencia no solo es la de España. Grecia tuvo una guerra civil y tras la guerra los americanos apoyaron el autoritarismo,  lo mismo en América Latina, reprimiendo movimientos y apoyando dictaduras en los 40, y los 50, y los 60, y los 70… No es solo España. Estas cosas también son un resultado de la segunda guerra mundial; nadie quería más guerra, nadie quería empezar otra para liberar a España, o para liberar a todo el mundo.

Uno de los mitos de la posguerra que usted evalúa en términos negativos es el del martirio. Incluso el del pueblo judío. ¿Por qué? Distingo entre mártir y víctima. El martirio es convertir a la víctima en una leyenda. El problema con el martirio es que por una parte es inevitable, cuando tanta gente sufrió tanto y era necesario que se explicase, pero cuando el martirio es mitificado por toda una sociedad pasa a ser algo insano. El mártir se sitúa en un plano de superioridad moral y eso le da carta blanca para hacer lo que quiera. Por ejemplo, Israel se siente justificado para hacer lo que quiera con los palestinos a causa de la historia del Holocausto. Eso es un problema, porque obviamente no puedes ignorar la historia del Holocausto, pero tampoco te puede justificar.

"Muchos podrían tomar a Alemania como ejemplo. Todo el mundo debería pedir perdón. ¡Los británicos también!"

El martirio es también un componente del discurso del nacionalismo catalán. 1714, la guerra civil, la represión. Sentirse mártir no permite a una nación mirar hacia delante, le hace mirar siempre hacia atrás. Ese es el problema. Nunca escapas de ello. Es importante no olvidar, pero también nohacer del pasado la razón de todo lo que haces. Es lo mismo que sucede con la mitología del heroísmo. Ser un héroe significa que siempre tienes la razón, y que todo lo que hagas ha de ser perfectamente heroico. Es enfermizo para los héroes y para los que sienten que deben ser héroes.

Acaba hablando de los actuales nacionalismos europeos, y de cómo todos ellos utilizan la memoria de la guerra. ¿Hay algo en común entre el Brexit, el euroescepticismo polaco o húngaro, los nacionalismos catalán y español…? Son diferentes porque tienen distintos enemigos. Lo que tienen en común es el miedo y la búsqueda de un enemigo al que demonizar. En el Reino Unido está el miedo a la emigración, o deseo de recrear el imperio glorioso que desapareció tras la segunda guerra mundial, en Polonia el miedo es a Alemania y Rusia… así que también volvemos a la segunda guerra mundial. En Hungría o Eslovaquia el miedo es al avance musulmán sobre Europa… Siempre tomamos como referencia el último desastre para decir que hoy vivimos uno, y el último gran desastre es la segunda guerra mundial. Incluso cuando la comparación no sea adecuada. Donald Trump es Hitler. Angela Merkel es Hitler. ¡Todo el mundo es Hitler! No es racional, es una reacción emocional, un 'flash back'.

Sobre el Brexit lamenta que fue imposible mantener un “debate racional” porque “las preocupaciones sensatas” quedaron aplastadas por un mar de mentiras y exageraciones, por los dos lados. Me resulta también familiar. Esto está sucediendo aquí y en todo el mundo. La idea de que podemos tomar decisiones basadas en planteamientos racionales está bastante desacreditada por todo lo que ha sucedido en los últimos tres años. Todo el mundo toma decisiones por pasiones y motivos emocionales, no racionales. Es mucho más fácil dirigir las emociones de la gente que convencerlas racionalmente.

¿Le podemos llamar populismo a esta tendencia? Es un término muy amplio. Hay un populismo de derechas, de izquierdas, y uno nacionalista que quiere centrar las pasiones de la gente en la nación, lo que está bien si estás en un partido de fútbol, pero cuando hablas de cambiar estructuras políticas esto es mucho más serio. Hay que ir con cuidado, y la gente no va con cuidado cuando se inflaman las pasiones.

"Todo el mundo toma decisiones por pasiones y motivos emocionales, no racionales. Es mucho más fácil dirigir las emociones de la gente que convencerlas racionalmente"

Un editor de historia militar me dijo que si quería vender, tenía que haber una esvástica en la portada. Yo también lo fui, y siempre buscábamos la manera de poner a Hitler en el título.

¿Por qué esa atracción, a veces morbosa? El dios y el diablo, el cielo y el infierno. Nadie está interesado en el ‘Paraíso’ de Dante, pero sí en el ‘Infierno’. Tenemos una fascinación con el mal, la cara oscura de la humanidad. El mundo no debería ser así, pero lo es.

Tras la guerra vinieron las utopías, explica. Hoy no, hoy todo el mundo se prepara para un apocalipsis. Las películas de Hollywood dibujan futuros con terribles desastres ecológicos y un mundo devastado. En 1945 no, el apocalipsis ya había sucedido y la gente se sentía confortada por la idea de que podían reconstruir el mundo. Si lo destruyes todo, después las cosas solo pueden ir mejor.

Pero inmediatamente después llegó otro posible apocalipsis, el nuclear. Si, ese el miedo del título. Tienes un mundo abierto por delante para hacerlo todo de nuevo, pero también tienes miedo a reproducir el horror. Miedo y libertad, ese es el equilibro.

Pero se podría decir que en el mundo capitalista, el miedo a la revolución llevó al estado del bienestar. Sí, pero no solo debido al miedo. Aprendieron lecciones de la guerra. Que hay cosas que los Estados pueden hacer bien si la gente trabaja con un objetivo común. Por ejemplo, en el Reino Unido antes de la guerra los niveles de malnutrición y mortalidad infantil eran bastante altos, pero el racionamiento durante la guerra por primera vez garantizó una dieta adecuada y los indicadores de salud pública mejoraron gracias al control estatal. Eso nos llevó al planeamiento urbano, al servicio nacional de salud, a crear sistemas de bienestar. Grandes ideas fueron efecto de la guerra. Lecciones que se han erosionado en los últimos 20 o 30 años.

Visto lo que sucedió, no hubiese sido extraño que se hubiese enquistado un odio hacia los alemanes, como el que ha perdurado durante décadas entre serbios y croatas. ¿Por qué esa hostilidad se borró tan rápido? Sobre todo dos cosas. Rápidamente la URSS se convirtió en el enemigo y tomó el papel de los alemanes. Y ellos se convirtieron en aliados, así que rápidamente aprendimos a culpar a los nazis, que ya no estaban, y no a los alemanes. Lo segundo sucedió en la propia Alemania: asumieron la culpa, algo que Japón no ha hecho. Esto te desarma, elimina los prejuicios. De joven conocí a estudiantes alemanes: ¿cómo vas a culpar a alguien que lo primero que te hace es pedir perdón por la segunda guerra mundial?

Eso no sucedió a aquí. Los herederos del franquismo no sintieron la obligación de asumir culpa y pedir perdón. Solo olvidar. Muchos podrían tomar a Alemania como ejemplo. Su actitud la ha rehabilitado como nación. Soy un gran fan de pedir perdón, creo que todo el mundo debería pedir perdón. ¡Los británicos también tendríamos que pedir perdón por muchas cosas que hemos hecho al mundo! 

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