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REGRESO DE LOS ÍDOLOS ROCK

Tres horas de Foo Fighters en Barcelona

El grupo del ex Nirvana Dave Grohl presentó su noveno álbum en un 'concierto secreto' gratuito en la sala Barts

Los Foo Fighters, con Dave Grohl en primer plano, durante su actuación en la sala Barts. / XAVIER MERCADÉ

Foo Fighters eligieron Barcelona como una de las contadas ciudades europeas (antes pasaron  por Estocolmo) donde celebrar la salida de 'Concrete and gold', su ya noveno disco, con un "concierto secreto" para el que los fans solo podrían conseguir entrada participando en varios concursos.

¿Por qué Barcelona? Atendiendo a la prensa el sábado por la tarde, unas horas antes del no-tan-secreto concierto, Chris Shiflett (guitarra; ex No Use For A Name) quita responsabilidad al grupo en esta decisión y, por el camino, se carga un poco el romanticismo de la jornada: "Siento sonar como un idiota, pero no tengo ni idea". A su lado, Nate Mendel (bajo; ex Sunny Day Real Estate) adjudica la decisión a un "grupo de expertos que decide en qué invertimos nuestro tiempo". Rock’n’roll.

Era más bonito pensar que, de algún modo, el grupo liderado por Dave Grohl (antiguo batería de Nirvana) querría saldar una deuda largamente aplazada con los fans de la ciudad, donde no actuaban desde el ya lejano 2002. O sanar la herida de su no-actuación de noviembre del 2015, cuando cancelaron lo que les quedaba de gira europea por los atentados de París. "Aquellos fueron días duros", recuerda Mendel. "Conocemos a Eagles Of Death Metal y gran parte de su equipo. Fue difícil tomar decisiones en ese momento. Estábamos afectados y preocupados por la gente que conocíamos. Cortaron las fronteras un tiempo… Días duros".

El 'Sgt Pepper’s' según Motörhead

En el recién aparecido 'Concrete and gold', Foo Fighters sazonan su sonido neo-grunge y hard rock con inesperadas especias psicodélicas. El objetivo era, según Grohl, elucubrar sobre cómo sonaría el 'Sgt. Pepper’s' de los Beatles versionado por Motörhead. Sin llegar a ser tan desconcertante o atrevido como promete la idea (al fin y al cabo, el disco lo ha producido el muy 'mainstream' Greg Kurstin), 'Concrete and gold' es un animal extraño en una carrera que supera ya las dos décadas. "La gran diferencia respecto a otras cosas que hemos hecho –dice Mendel– deben de ser todas esas armonías vocales que recorren el disco. Los coros son casi un instrumento nuevo".

Mientras el gusto mayoritario se dirige hacia el pop, el R&B y el hip hop, ellos insisten en defender un ramillete de referencias enmarcadas en el clasicismo rock. ¿Se sienten como los últimos portadores de esta llama? (Chris): "Hay un montón de grandes bandas rock ahora mismo. Puede que no sean tan populares como lo habrían sido en otro tiempo. No sé, los gustos cambian. Quizá vuelvan a gustar las guitarras, quizás no. La música no va a sonar siempre como AC/DC en 1978…". Deja pasar unos segundos, y añade: "Por desgracia".

"Será una noche larga, hijos de puta"

El concierto secreto pero menos acabó teniendo lugar en la sala Barts, donde tres cuartos de hora después de la supuesta hora de inicio todavía se probaba el sonido. Cuando el retraso se acercaba a la hora, los gritos de excitación habían mutado en protestas. Y entonces llegó Grohl. ¿Cómo poner de tu parte a un público que lleva casi una hora esperando tu salida? Prometiendo un 'all you can eat' de Foo Fighters: "¡Será una noche larga, hijos de puta!".

El grupo fue generoso con la ciudad: casi una treintena de canciones en casi tres horas de actuación

Y tanto que lo fue: casi tres horas de actuación, casi una treintena de temas complementada por las habituales demostraciones de bonhomía y buen humor de un líder al que cuesta no querer, aunque sea un poco. El primer entrante del atracón fue 'I’ll stick around', extracto de su debut de 1995. Se suponía que iban a presentar 'Concrete and gold', pero la noche tuvo algo de retrospectiva exhaustiva: Grohl accedió a tocar temas hasta de 'One by one' (2002), un disco que, según confesión propia allí mismo, no le gusta.

Hoy en día no se mide la excitación provocada por una canción con gritómetros o aplausómetros, sino por el número de móviles que se izan al aire para registrar la escena. La noche del sábado, 'The pretender' fue el primer gran 'hit' y quienes la grabaran hasta el final podrán repasar hoy un divertido duelo de guitarras Chris-Dave.

Por otro lado, cámaras profesionales registraron el concierto en su integridad, lo que quizá nos permita repasar en el futuro la insólita presentación de 'Big me', con Grohl dedicando la canción "a mi macho, Macho Camacho".

Pogo nostálgico

Si la velada duró casi tres horas, fue también en parte por los desarrollos y troceados de algunos temas; véase la deriva disco-rock de 'Rope'. La banda dio la mejor versión de sí misma cuando sonó más concisa, como en las referencias a su segundo (y todavía mejor) disco 'The colour and the shape', de 1997; el de 'Monkey wrench', que llevó al pogo más intenso de las tres horas, o los incontestables giros melódicos de 'Everlong', elegida como adiós o, según la promesa de Grohl, tan solo "hasta luego".

De las nuevas canciones, las mejor recibidas fueron avances como 'The line' y, sobre todo, 'Run', variación sobre una fórmula que, como recordaba hace poco el crítico Steven Hyden en 'Uproxx', ha dado a Foo Fighters buenos réditos emocionales en el pasado: estrofa ensoñadora/estribillo rabioso. Los chicos seguirán bien.

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