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'DIVÁN COMEDY'

Días de psicoanálisis y 'gangsta rap'

Carlo Padial rememora en 'Doctor Portuondo' sus cinco años de terapia con un excéntrico psiquiatra cubano

En la vida de Carlo Padial (Barcelona, 1977), como en el Cirque du Soleil, pasan muchas cosas a la vez. Padial escribe libros, rueda películas (está en plena producción de 'Algo muy gordo', con Berto Romero, para Zeta Cinema), hace espectáculos de 'stand-up comedy', tiene una sección en el 'APM?' de TV-3, coordina el departamento de vídeo del Área Digital del Grupo Zeta y además es padre de dos niños. "[Alejandro] Jodorowsky me dijo una vez: 'Tú di que sí a todo'. O sea, diversifícate de una manera cósmica. Me pareció un consejo muy loco, así que lo seguí".

El último producto de esa volcánica actividad multitarea es 'Doctor Portuondo' (Blackie Books), un singularísimo libro de memorias psicopatológicas en el que Padial evoca sus cinco años de terapia con un excéntrico psicoanalista cubano exiliado en Barcelona. Un muy estimulante compendio de neurosis de talla XL, humor raro, revelaciones incómodas y situaciones en las que la frontera entre realidad y ficción salta por los aires. Los ingredientes básicos de la 'fórmula Padial'.       

EL TERAPEUTA
Juan Antonio Portuondo nació en La Habana en 1927. Doctor en Medicina, en Filosofía y Letras y en Psicología y cinturón negro de judo, llegó a España en 1968 y en 1984 fundó en Barcelona el Centro Internacional de Psicología. Allí fue a buscarlo Carlo Padial. "Portuondo era una persona extraordinaria, capaz de encapsular el pensamiento freudiano en fórmulas hipersencillas. 'Cuando la bestia ruge, la razón tiembla'…, cosas así. Era un freudiano estricto, pero de repente tenía unos arranques de genio imprevisible puramente latinos: se ponía en pie, te gritaba, se tendía en el diván porque consideraba sus problemas más interesantes que los tuyos, te amenazaba con un palo…, a veces hasta se pegaba con los pacientes. No sé que habría pensado Freud de todo eso".

EL ENCUENTRO
"Yo era una persona neurótica, que no sabía nada, que no había vivido nada, encerrado en mi narcisismo, incapaz de salir al exterior. Y me encuentro con un hombre que está de vuelta de todo, que lo ha vivido todo, un psiquiatra que ha sido boxeador, que ha vivido la revolución, que se ha exiliado en Estados Unidos… Un personaje del siglo XX. Un tipo de acción frente a alguien como yo, un tipo de inacción absoluto, prototipo de lo que va a ser el siglo XXI. Un contraste superchulo para montar algo".

EL FANTASMA
Cuando Portuondo falleció, en agosto del 2005, Padial decidió abandonar el psicoanálisis. Pero la relación con su terapeuta continuó en un plano sobrenatural. "El recuerdo de Portuondo me ha perseguido como una presencia fantasmagórica. En el tramo final de su vida, él estaba más interesado en lo espiritual que en lo psicológico. Me explicaba que su padre fallecido lo visitaba y me hablaba de Allan Kardec, el espiritista. Me decía: 'No te preocupes, viejo, yo siempre estaré contigo; la terapia no acaba nunca'. A mí eso me parecía terrorífico, una especie de contratransferencia infinita. Y me daba miedo que se me apareciera para darme una colleja o algo. Terror a que se aparezca tu psicoanalista muerto. Muy loco, ¿no?".

EL RESULTADO
Padial admite que la terapia psicoanalítica no es para todo el mundo. "Te puede curar o te puede destruir". Él se incluye, felizmente, en el primer grupo. "El psicoanálisis era lo que yo necesitaba para salir de mi narcisismo infantil, producto de una sobreprotección familiar. Cuando dejo la terapia, empiezo a hacer cine y vídeo, que es una actividad que me obliga a pactar con el exterior, y empiezo a hacer 'stand-up', a subir a un escenario y verbalizar mis conflictos. Cuando uno es capaz de explicar a los demás lo que verdaderamente le ocurre, da un gran paso. Quizá no hacia la curación, pero sí hacia la comprensión".

RAPEROS EN EL DIVÁN
Uno de los aspectos más sorprendentes del libro es el paralelismo que traza Padial entre el psicoanálisis y el 'gangsta rap' que en esos días de terapia escuchaba de manera casi obsesiva. "Yo me sentía asfixiado por la figura del padre, por las normas, por el poder… Y para mí los raperos representan una manera muy clara de estar contra cualquier forma de poder. Gente como Public Enemy o Tupac se rebelan a través de la palabra. Cuentan sus historias y retratan sus entornos de una manera muy visceral. La gente desdeña a los raperos, pero son artistas superdotados, muy superiores a la mayoría de escritores. Notorious B.I.G. o Jay-Z no escriben lo que rapean. ¿Cómo haces eso? ¿Cómo estás tres minutos improvisando genialidades?".

PSICOANÁLISIS EN EL SIGLO XXI
Una de las ideas que atraviesan el libro es el improbable encaje del psicoanálisis en una realidad dominada por la inmediatez y las posibilidades de simulación que brindan las redes sociales. "Hoy la gente no quiere profundizar en sus conflictos, no quiere conocerse. Estamos viviendo en la era del yo entendido de la peor manera. La gente es cada vez más gregaria y al mismo tiempo está cada vez más aislada, más centrada en sus perfiles. Y ahí el psicoanálisis no tiene cabida. Nadie quiere eso. Prefieren generar ficciones de sus vidas. La mayor parte de gente que está en Facebook o Twitter  denunciando injusticias son las personas más horribles que conozco en el mundo real. Y lo fascinante no es que alguien busque de manera patológica un reconocimiento, una validación, sino que nos volquemos en eso. Si yo me invento que tengo una relación horrible, tóxica, con una novia inexistente, la gente se va a volcar en esa narración con sus 'likes' y sus comentarios. ¿Por qué? ¿Qué sentido tiene eso?".

Psicoterapia en cinco obras de ficción 

La terapia psicoanalítica ha sido el motor argumental de un considerable número de novelas, películas, cómics y hasta series de televisión. Carlo Padial elige y comenta sus cinco ficciones favoritas para ver o leer tendido en el diván.

'De la vida de las marionetas' (Ingmar Bergman). "Sencillamente, para mí la película que mejor aborda la psicoterapia, la más precisa a la hora de mostrar lo que es estar en consulta. La intimidad entre el paciente y el terapeuta y la desconfianza mutua que se establece entre ambos nunca han estado mejor reflejadas que aquí. Uno casi puede sentir que está dentro de la consulta con ellos, compartiendo su intimidad y sus conflictos". 

'Ven y enloquece' (Fredric Brown). "Relato sobre un hombre encerrado en un psiquiátrico que me entusiasma. Habla de una manera muy divertida sobre las fronteras entre la salud mental y la locura, y lo difícil que es sostener un principio de realidad una vez que te atreves a cruzar el umbral de lo desconocido, psicológicamente hablando. Es muy gracioso, está lleno de giros argumentales, y describe muy bien la sensación de fragilidad que siente uno cuando se interna en lo inconsciente".

'The Twilight Zone: Perchance to dream' (capítulo escrito por Charles Beaumont). "Este capítulo de la serie creada por Rod Serling fue uno de mis primeros contactos con la psicoterapia. En el episodio, un hombre acude a un terapeuta porque tiene miedo a quedarse dormido, ya que, cada vez que se duerme, sueña con una especie de parque de atracciones en el que una misteriosa mujer trata de seducirle y de conducirle, mediante artimañas raras, a diversos peligros y a su más que probable muerte. De niño me quedé muy impresionado con la historia. Y, sobre todo, con la posibilidad de que pudieras acudir a un profesional a contarle tus sueños".

'Otra mujer' (Woody Allen). "Esta película parte de una premisa maravillosa: la idea de poder escuchar la terapia de otros.  Es una fantasía habitual en muchos neuróticos, y está muy bien planteada y desarrollada; cómo la protagonista se va involucrando con la paciente a la que escucha y de la que no sabe nada. Es una película maravillosa de alguien que conoce muy bien las dinámicas y los deseos que flotan en un proceso de terapia".

'Carne de psiquiatra' (Lluïsot). "Son historietas mudas en su mayoría, de humor surrealista, muchas de ellas ambientadas en una consulta. Gráficamente son excelentes. Por desgracia, Lluïsot es uno de los autores de cómics más infravalorados de nuestro país. En Francia sería una celebridad. Estos tebeos en concreto me gustaron siempre, retratan de una manera muy virtuosa el desconcierto psicológico ante la vida cotidiana". 

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