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UN MAESTRO DE LAS LETRAS

El profeta Don DeLillo

El respetado escritor participó en un acto de la programación continua de Kosmopolis

El autor estadounidense acaba de publicar 'Cero K'' novela en la que renueva sus obsesiones

Está Philip Roth, el escritor capaz de encadenar un best-seller tras otro, luego está Thomas Pynchon, extrañísimo  y grotesco que sigue la regla de oro de esconderse ante el público que instauró Salinger, y a medio camino entre ambos, Don DeLillo, el visionario de la postmodernidad, el que cierra el círculo de los grandes, potentes y musculados escritores norteamericanos, capaces de abordar la, digamos, Gran Novela Norteamericana  (Las escritoras, las hay inmensas, han preferido avanzar por otros derroteros).

Hacía más de una década que el autor de 'Ruido de fondo' y 'Submundo', sus obras maestras, no visitaba Barcelona. Así que la expectación para ver en vivo y en directo este miércoles en el CCCB al "profeta de la entropía", como lo llamó John Banville, era máxima. Y él no defraudó. Se lo puso fácil a los fans que acudieron a verlo en la programación continua del Kosmopolis. Buena parte de la mirada gélida que suele dirigir al mundo con su escritura transformándola en una realidad alternativa (o directamente en ciencia ficción) puede detectarse en sus maneras, amables, sí, aunque decididamente distantes.

"Estar aquí delante de un público habría sido impensable pero mí en los años 70 pero luego me lo tomé como un desafío  y hoy soy capaz de mantener una conversación con un periodista con un micrófono por medio", confesó con sonrisa tímida. La verdad es que resultó hasta simpático, una especie de 'clown' serio a ratos, que supo ganarse al público más allá de la admiración. Y eso que antes había establecido reglas muy concretas en relación a no dejarse hacer fotos ni video.Quizá una especie de venganza poética respecto al hecho de que en sus novelas las cosas suelen vivirse y deformarse a través de la realidad virtual de las pantallas. Esa tecnología que detesta. Y es que DeLillo sigue escribiendo en su vieja máquina mecánica que compró hace años de segunda mano, no tiene teléfono móvil  y tampoco ordenador, solamente comprueba algún dato aislado en un ipad. "Mi máquina de escribir es manual con unas letras más grandes de lo normal que hacen mucho ruido cuando golpean el papel. Es un acto casi pictórico que me satisface mucho porque no quiero ver mis palabras en una pantalla sino en un trozo de papel".

EL ARTE Y LA TECNOLOGÍA

Próximo a cumplir los 80, DeLillo confesó al periodista Antonio Lozano -que tuvo la habilidad de ayudar al escritor a mostrar su cara más amable - que ya no corre como antes diariamente como mecanismo de desconexión.  ”Ahora me dedico a poner un pie delante de otro y pasear”. Pero la edad no le detiene. Trae bajo el brazo 'Cero K' (Seix Barral), una novela en la que renueva sus obsesiones, como su pasión por el arte contemporáneo o el daño que nos está haciendo como humanos la tecnología (en este caso, la criogénesis, es decir la congelación de los cuerpos humanos cara a su futura 'resurrección' científica). "El teléfono móvil está cambiando nuestros pensamientos y la forma que tenemos de relacionarnos", clamó el profeta sin poner dramatismo –puro DeLillo- para aproximar su ideario apocalíptico a nuestra cotidianidad.

Los adjetivos que más le han perseguido son 'paranoide' y 'visionario'. No le gustan pero accede a explicarlos. “La paranoia se adueñó de Estados Unidos tras el asesinato de Kennedy. Todo el mundo pensaba en tramas secretas , el mundo se convirtió en algo amenazador . Hubo otros asesinatos. Yo lo que hice [en su novela 'Libra'] fue observar y empaparme de esa paranoia. Eso es lo que debe hacer un escritor imbuirse de la realidad, no como lo hace un periodista, sino más bien inventándola". Aquellos miedos y sospechas poco tienen que ver, según él, con lo que ahora ocurre alrededor de Edward Snowden y Wikileaks. “Esta es una época poco paranoica”, admite. Y debe ser cierto si él lo dice.

Más emoción trasmitieron sus palabras sobre el candidato Donald Trump que quizá pueble sus peores pesadillas políticas. “Que haya llegado hasta aquí es una señal de que el país está empezando a fragmentarse y eso es peligroso. Solo espero que se mantenga ell antiguo ideal norteamericano que nos haga pensar en que se puede convivir con un cierto sentido de la confianza y del respeto mutuos”.

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