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NUEVO LIBRO DEL AUTOR DE 'LA DELICADEZA'

Luz tras Auschwitz

David Foenkinos rescata del olvido en 'Charlotte' la vida y la luminosa obra de una artista judía de 26 años asesinada por los nazis

Charlotte Salomon tenía 26 años cuando, embarazada de cinco meses, entró en las letales duchas de Auschwitz. Atrás dejaba su legado artístico y vital: ¿Vida? o ¿Teatro?, unos 700 guaches autobiográficos pintados entre 1940 y 1942. Los metió en una maleta y antes de ser deportada la confió a un médico francés amigo al que confesó: «Es toda mi vida». «Es un genio de la pintura olvidado, una artista con una obra extraordinaria, llena de vida, inteligencia y bondad. Una mujer que, al borde de la desesperación, halló la fuerza para sobrevivir a través de la belleza y huyó de la maldición familiar del suicidio a través de la creación». Desborda «admiración» por esta malograda joven judía berlinesa un «fascinado» «obsesionado» David Foenkinos (París, 1974), que ha rescatado su figura en 'Charlotte' (Alfaguara / Edicions 62).

Tras 10 años de intentos fallidos de escribirlo, el libro, ganador del Renaudot y el Goncourt des Lycéens, traducido a 20 lenguas y con medio millón de ejemplares vendidos, parece poesía; no lo es: «Son frases separadas por puntos y aparte. Eso me daba aire para respirar y seguir con el tema que, aunque es sombrío y trágico, yo quería que tuviera vitalidad, dulzura y luz. No es una biografía clásica porque quería contar las emociones de su vida y las que yo había sentido al descubrirla. Es la primera vez que escribo en primera persona porque me implicaba a nivel personal y quise invitar a los lectores a seguir mis pasos tras Charlotte, a los escenarios que pisó y la gente que la conoció. Pero no es un libro periodístico sino emocional y literario», explica Foenkinos.

El autor de la multipremiada 'La delicadeza' (dos millones de ejemplares y protagonizada en el cine por Audrey Tautou), descubrió a Salomon hace una década en una exposición. «Fue un shock, estaba en la sala del museo solo ante su obra y me transformó, me fascinó esa autobiografía intelectual, emocional y poética. Su obra es tridimensional. Pinturas acompañadas de textos y de la música, de Schubert, Bach..., que ella indicaba».«Charlotte aprendió a leer su nombre en una tumba», reza la primera frase del libro. Era la de su tía, que se suicidó con 18 años, abonando una maldición familiar que también se llevaría a su madre (siendo ella niña), a su abuela, a una prima... La artista no sabría la verdad hasta 1940, refugiada en Villefranche-sur-Mer, en la Provenza francesa, lejos de su padre, médico, y su segunda esposa, cantante famosa, cuando teme ser detenida por la Gestapo. Todo queda en sus pinturas. «Logra transformar toda esa locura en fuente de vida. Se reinventa y hace frente a su situación y rompe la maldición. Su obra está marcada por su supervivencia. -afirma el escritor-. Es una artista total. Todas sus obras merecen haber pasado a la posteridad».

Influenciada por Kokoscha, Munch, Van Gogh o Chagall, cuya «pintura degenerada» perseguía Hitler, su obra puede verse 'on line' en la web del Museo judío de Amsterdam y, hasta septiembre, en una exposición (que no será la última), en Villefranche-sur-Mer, donde una placa también la recuerda. Foenkinos, cual profeta de Salomon, está cumpliendo su deseo de «charlotizar» a todo el mundo.

Temas: Auschwitz · Libros

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