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La posguerra

Volver a pensar el conflicto un siglo después

¿Cómo podemos contemplar la gran guerra un siglo después de su inicio? Su bibliografía supera los 25.000 libros y artículos especializados, pero no es un caso cerrado para los historiadores y en sus estudios conviven visiones innovadoras y viejos debates. En este sentido, algunas controversias persisten desde hace décadas. Por ejemplo, todavía se discute si existió realmente el llamado Plan Schlieffen del ejército alemán para atacar Francia en 1914, o si los estados mayores de las potencias en liza fueron incompetentes para dirigir la guerra y causaron mortandades gratuitas.

El tema de discusión más polémico continúa siendo la culpabilidad de Alemania en el inicio de la contienda. En 1961, el historiador germano Fritz Fischer asentó esta tesis y los expertos ahora matizan su visión y señalan responsabilidades compartidas entre los países implicados. La polémica al respecto es tan viva que en enero de este año el ministro británico Michael Gove definió el conflicto como una «guerra justa» de Inglaterra contra el expansionismo germano. También las sanciones aplicadas a Alemania en 1919 continúan siendo objeto de disputa: ¿Fueron desproporcionadas o ajustadas a los daños causados? No hay consenso en las respuestas.

Las interpretaciones más extendidas de la contienda la presentan como el acontecimiento fundador del siglo XX. De este modo, como ha demostrado el historiador Arno J. Mayer, el conflicto derribó el viejo orden político y social del llamado Antiguo Régimen. A la vez, puso los cimientos de la nueva centuria en múltiples aspectos: marcó el inicio de la sociedad de masas, mostró el vigor político del nacionalismo, alumbró el comunismo y el fascismo, redefinió el mapa europeo y proyectó a EEUU como gran potencia. Esta etapa iniciada en 1914 habría finalizado con la disolución de la URSS y de Yugoslavia en 1991, configurando un «siglo corto», en expresión difundida por el académico Eric J. Hobsbawm.

Por otra parte, la historiografía actual considera que los numerosos lazos que vinculan la primera guerra mundial con la segunda reflejan un largo conflicto civil europeo que entre 1914 y 1945 enfrentó a países e ideologías. No obstante, las visiones de la conflagración están lejos de agotarse. Lo ilustra la obra reciente de los investigadores Francisco Veiga y Pablo Martín, Las guerras de la Gran Guerra, donde se plantea que la contienda aunó dos conflictos distintos: uno en Occidente, entre sus potencias industriales (que concluyó en 1918), y otro en Oriente, contra los imperios ruso y otomano (que terminó en 1923).

LA PARADOJA ALEMANA / En última instancia, la contienda plasmó el empeño germano de crear una «Europa alemana» por la fuerza, como sucedió de nuevo en 1939. Sin embargo, tal afán parece haberse hecho realidad ahora de modo pacífico debido a su economía y habría conformado una «Alemania europea en una Europa alemana», según advierte el sociólogo Ulrich Beck. ¿Este hecho era imprevisible? No mucho, pues ya antes de 1914 el industrial germano Hugo Stinnes razonaba así su rechazo a una contienda para imponer la hegemonía germana: «Si esperamos, terminaremos por dominar el continente de todas formas».

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