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'El Capitán': el traje nuevo del demonio

La película de Robert Schwentke, inspirada en un desertor nazi que mató a 170 personas, es una reflexión tan vistosa como brutal sobre los orígenes del mal

Muchas cosas impactantes suceden en 'El capitán'. Un hombre es ajusticiado por haber robado huevos de un granero. Cal viva es arrojada sobre los cuerpos jadeantes de docenas de prisioneros moribundos. Cuatro reos de un campo de concentración son atados los unos a los otros y forzados a correr a través del barro mientras los oficiales nazis les disparan por deporte, y a arrastrar los cadáveres de sus camaradas mientras son abatidos uno por uno.

Los últimos días de la segunda guerra mundial han reducido a todos los personajes a la más primaria animalidad, y los han inclinado a cometer todo tipo de atrocidades a cambio de las más nimias y efímeras compensaciones. Pero lo más chocante de la película sucede al final, cuando descubrimos que la increíble historia que esas horripilantes estampas adornan está basada en hechos reales.

'EL VERDUGO DE EMSLAND'

En concreto, la inspiración es Willi Herold, también conocido como 'El verdugo de Emsland'. En abril de 1945, Herold era simplemente otro soldado que huía con intención de desertar. En su camino encontró el uniforme de un capitán de la Luftwaffe, empezó a usarlo, y todos aquellos con quienes se cruzó asumieron automáticamente que era un oficial de alto rango. Cualquier otro en su piel habría usado esa confusión para huir aún más rápido, pero Herold en cambio decidió formar una tropa, tomar el control de un campo de prisioneros lleno de desertores como él y matarlos primero a ellos y luego a numerosos granjeros. En total acabó con 170 vidas.

¿Fueron sus acciones una consecuencia de su nuevo uniforme o, por el contrario, su psicopatía era algo inherente a él y finalmente encontró circunstancias suficientemente amorales y caóticas para florecer? El director Robert Schwentke deja la pregunta deliberadamente en el aire.

COQUETEO CON EL ABSURDO

Filmada en blanco y negro -probablemente no solo con intenciones estilísticas sino también, sobre todo, para proteger al público de la cantidad de sangre que fluye en pantalla-, 'El capitán' coquetea de forma vistosa con el absurdo a través de imágenes como la de un grupo de hombres arrodillados que aúllan al cielo como una manada de lobos o la de un oficial que se dirige con autoridad a las tropas en calzoncillos.

Y ese distanciamiento se revela como una forma especialmente eficaz de meditar sobre cómo, si así se lo ordenan, el ser humano es capaz de cometer los actos más terribles y justificarlos, y sobre cómo la inclinación del espectador a contemplar el espectáculo sin rechistar nos convierte en algo parecido a unos cómplices.

Temas: Cine

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