PROYECTO AMBIENTAL

Garraf: de vertedero a parque natural

La restauración integral cambia la fisonomía del antiguo depósito de basuras

Dos tercios de la superficie están pendientes de sellado por falta de dinero

Aspecto de la zona restaurada del depósito controlado del Garraf, con una gruesa capa impermeabilizadora de grava, tierra y material plástico. La vegetación crece en los casos más extremos sobre 70 metros de basuras acumuladas durante 32 años. / DANNY CAMINAL

Un total de 26 millones de toneladas de residuos generados por los municipios del área de Barcelona fueron depositados en el vertedero de la Vall d’en Joan, un profundo valle en el corazón del macizo del Garraf, entre su puesta en marcha en 1974 y la clausura de la instalación en el 2006. Basuras de todo tipo, la mayoría sin tratamiento previo, fueron colmatando poco a poco la hondonada natural de 67 hectáreas de superficie hasta el punto de que en algunas zonas se acumularon 80 metros de altura, como un edificio de 25 pisos. Entre otros problemas, las basuras se convirtieron en una descomunal fuente de olores y gases de efecto invernadero, mientras que los líquidos resultantes de la putrefacción de los desechos, los llamados lixiviados, contaminaron el acuífero al filtrarse a través del subsuelo. Un agujero negro ambiental, en definitiva.

El proyecto de restauración y sellado, impulsado por el Área Metropolitana de Barcelona (AMB) y el Ayuntamiento de Barcelona, con fondos comunitarios, no alcanza actualmente ni un tercio de la superficie prevista de actuación, en parte porque los trabajos están parados por falta de dinero, pero en la zona ya acondicionada se puede vislumbrar lo que el viejo vertedero será en un futuro próximo: un terreno forestal integrado en el parque natural del Garraf y en el que se podrá pasear libremente. 

Diez años después de cesar la actividad, la zona restaurada presenta una topografía impresionante, con terrazas verdes y caminos salpicados de pinos carrascos, encinas y acebuches. La presencia de jabalís, que dejan su rastro desconchando las cortezas de los árboles, y de pequeñas aves forestales confirma que la fauna está regresando. Un grupo de cabras penetra a menudo para pastar.

El grupo Les Agulles-Ecologistas en Acción, que observa con detalle todas las actuaciones que se ejecutan en el antiguo vertedero del Garraf, considera que los trabajos realizados hasta la fecha han sido positivos, pero lamenta que más de la mitad del terreno siga sin tener un sellado definitivo. “En las zonas en las que no se ha actuado por completo -explica su portavoz, Jaume Grau-, el agua de lluvia se infiltra y arrastra los restos orgánicos, lo que aún ocasiona problemas de contaminación del acuífero. Las canalizaciones que se han construido no son suficientes, además de haber grietas”. Grau comenta que los espeleólogos que recorren las cuevas de la zona se encuentran con aguas pestilentes procedentes de los ríos subterráneos que pasan bajo el vertedero, “que nunca tuvo un aislamiento efectivo sobre el terreno en el que se asienta”. “Las administraciones tienen la obligación legal de restaurarlo ya. Parece mentira que esto suceda en pleno siglo XXI”, concluye.

La primera fase de actuación ha supuesto el sellado completo de unas 25 hectáreas y la instalación en todo el vertedero de una red de canalizaciones que recogen y tratan los lixiviados para que no se filtren en el subsuelo. Así, los pestilentes líquidos llegan a una balsa con capacidad para 6.000 metros cúbicos y luego a una depuradora que les extrae la materia orgánica y el amoniaco hasta dejarlos trasparentes, explica Pere Rodríguez, técnico de gestión de residuos de la AMB, actual propietaria del depósito. También se han colocado tres centenares de tubos perforados o chimeneas que aspiran el biogás (metano) generado por las basuras y, además de evitar su liberación a la atmósfera, luego lo trasladan a una planta de cogeneración. La instalación, conectada a la línea eléctrica, produce el equivalente al consumo de unos 10.000 hogares, aunque está previsto que la producción baje a medida que las basuras orgánicas sean cada vez más inertes.

SELLADO SUPERIOR

En la zona clausurada definitivamente, las basuras se sellaron por encima con cuatro metros de grava drenante, una lámina plástica impermeabilizadora y una capa final de tierra de 80 centímetros, suficiente para que se asiente la vegetación, como confirma la buena adaptación de los árboles y los arbustos autóctonos que se han plantado por doquier. “El siguiente paso es que la naturaleza siga regenerándose por su cuenta”, afirma Rodríguez. La zona pendiente de actuación está cubierta simplemente por una capa de escorias de incineradora.

El problema para clausurar todo el depósito, como asume el especialista de la AMB, es que requeriría una capa de tierra de un valor descomunal “y las administraciones tienen actualmente dificultades para asumirla”. Una vez concluya el sellado, las tareas de mantenimiento se alargarán 30 años más, el tiempo que se calcula que las basuras serán inertes. Entonces, solo entonces, el viejo basurero recuperará completamente el aspecto natural que nunca debió perder.

Cronología de la instalación

2006. Se clausura el vertedero del Garraf. La última basura se vierte en diciembre.