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Tú también, hijo mío

Alejandra y Julio, la hija de Terelu Campos y el de María Patiño, ingresan en la órbita endogámica de 'Sálvame'

Todo empezó cuando Jorge Javier Vázquez, ese visionario de la prensa rosa, descubrió que no hacía falta invitar a famosos a su programa porque ya se apañaba con los tertulianos habituales, que eran de traca, daban mucho de sí y podía convertirlos –con un poco de esfuerzo, abundante cizaña y alguna que otra puñalada trapera– en celebrities por derecho propio.

Por su parte, María Teresa Campos, una veterana del género, se convertía también en famosa digna de la atención de la plebe; y con ella, su hija Terelu, que ya llevaba años dando el callo entre churro y churro, e incluso la hermana de esta, Carmen Borrego, que se había mantenido en el anonimato hasta entonces, cuando vio que se le podía sacar provecho a sus papadas (recientemente operadas, por cierto). Y la tercera generación está en marcha, con esa hija de Terelu, Alejandra Rubio, que, cumplidos los 18, ya apunta maneras.

Desde un buen principio, los chismosos metidos a 'celebrities' se conjuraron para poner líneas rojas a la propagación de su apasionante vida privada: ni una palabra de sus hijos, que son sagrados y hay que dejarlos fuera de la extraña manera en que se ganan la vida sus progenitores. Lamentablemente, los primeros en cruzar esas líneas fueron los nuevos famosillos, quienes tenían la costumbre de decir "a mis hijos, ni tocarlos" justo antes de lanzarse a explicar intimidades de los chavales.

Andrea Janeiro apecha con los focos, custodiada por su madre, Belén Esteban. 

Todo empezó con Andreíta

Belén Esteban fue la pionera en sacar constantemente a colación a su hija, Andrea Janeiro, con la excusa de que había que dejar en paz a la pobre chica. Durante la infancia de la infortunada, la usó como objeto arrojadizo contra su padre, el torero Jesulín de Ubrique, a quien, al parecer, piensa hacerle la puñeta hasta el fin de los tiempos, ya sea por su cuenta o por persona interpuesta.

Ahora que ya tiene una edad, la pobre Andrea hace lo que puede por mantenerse alejada de los focos y de su madre, que son lo mismo, pero le está costando Dios y ayuda llevar una vida normal. Hemos pasado del "Andreíta, cómete el pollo" al "Andreíta, cómete ese marrón".

Otros vástagos de los titanes del chismorreo no se muestran tan renuentes al famoseo como Andrea. Fijémonos en los hijos del gran Kiko Matamoros –un secundario de este peculiar 'star system' que reemplazó a su hermano gemelo, Coto, cuando a este se le fue la pinza y volvió de Tailandia con un tatuaje en la cocorota que daba gusto verlo: el hombre saca poca chispa con el pedernal de su 'next generation', pues sus hijos –Diego, Laura y Ana– montan los 'spin off' solitos. Los dos primeros llevan tiempo en el candelero, y la tercera ha esperado a que papá y la madrastra –esa señora que tiene nombre de personaje de cómic alternativo de los 70– se separen para decir: "Aquí estoy yo.

Laura Matamoros Flores, la mayor de las hijas de Kiko Matamoros. / INSTAGRAM

(No tan) intocables

El que no ha dicho ni mú, pero se ha encontrado en la portada de una revista del corazón es el hijo de la simpar María Patiño. Para celebrar, supongo, que ya ha alcanzado la mayoría de edad y no hace falta pixelarle el careto. Tal medida sigue en vigor para Abril y Jimena, las gemelas adoptadas por Kiko Hernández–puestos a adoptar, ¿para que te vas a conformar con un solo ser humano? Véanse los casos de Ricky Martin y Miguel Bosé, que los pillan, respectivamente, de dos en dos y de cuatro en cuatro–, pero algún día su padre, tras decir que son intocables, las sacará a colación para lo que convenga. Está en su naturaleza y saben que no hay vida fuera de la televisión.

También es verdad que todos estos chavales –caso de que quieran seguir la profesión paterna, que nunca hemos sabido muy bien cuál era– deben enfrentarse a una competencia muy dura, la que representan los hijos de los famosos de verdad, en especial los pertenecientes a la familia Pantoja. Si Chabelita ha tenido que frecuentar bares, discotecas, hoteles, casetas de feria o islas paradisíacas para tener vida propia y opacar a DJ Kiko, ¿qué no tendrán que hacer los retoños de una pandilla de cantamañanas convertidos en celebrities por el doctor Mengele de la prensa rosa?

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