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Chándal, 'brilli brilli' y uñas XXL: así son las jefas de los ritmos urbanos

Bad Gyal. / JOAN PUIG

Chándal, purpurina en la cara, 'crop tops' en el pecho, uñas larguísimas, pelo por la cintura. Mucho 'twerking' en los vídeos que suben a Youtube y géneros urbanos, cada una el suyo o mezclados: trap, reggaetón, dancehall, cumbia. Su estética –que anuncia cambio de guardia generacional– está en la calle y ellas abanderan un fenómeno que comenzó en España en el 2016, cuando las reinas del trap empezaron a contarle al mundo quiénes son, qué hacen, de dónde vienen. Los medios decodifican este movimiento que hasta hace poco era cosa de chicos como Los Santos (antes PXXR GVNG), encargados de llevar el trap al Sónar en el 2015, pero que ahora lidera también un puñado de chicas de entre 19 y 27 años que cantan en español y hablan de la vida de extrarradio, el sexo, el amor, los porros, el dinero.

Las traperas comparten ropa, música, letras, descaro, producción casera y autotune (procesador que afina la voz). Reivindican el papel de la mujer en un género que es pura testosterona. Debutan con nombres como La Zowi, Ms Nina o Bad Gyal. Se definen por la actitud: en su mundo tiene más valor el videoclip que la propia canción. Y ponen de moda expresiones como 'raxeta', 'chapear' o 'chupa chupa'.

'Raxetas' y  exclusión 

«Un día, de guasa, aproveché un mini estudio que nos habíamos montado en casa y grabé 'Raxeta'», dice La Zowi. El término, adaptación de la palabra inglesa 'ratchet', surgió para denominar despectivamente a las chicas de barrio que visten de manera llamativa. «Una 'ratchet' es alguien como yo, que combina ropa del Bershka con imitaciones de marcas caras y que, como se siente excluida del sistema, se preocupa más por tener las uñas bien hechas que por votar en las elecciones. Lo que me atrae del trap es la forma de contar las cosas, todo muy crudo y provocador, vacilando constantemente, hablando de cosas feas. Es muy punki». 

Ms Nina, en una imagen de Instagram.

Porque esa es otra: al trap lo llaman el nuevo punk, aunque como dicen los madrileños Biznaga: «Detestamos esa costumbre de definir algo como ‘el nuevo algo’. Los jueves no son los nuevos viernes y el trap no es el nuevo punk». El gallego Kaixo difiere: «El trap y la nueva hornada de música urbana que sale desde abajo se asemeja mucho a la forma en que nació el punk. El 'newpunk' es ser socialmente activo y a la vez un nihilista de mierda, es un grito contra lo que nos han impuesto». Para Carlos Sadness: «Esta gente se ha cargado los cánones puristas que repetía el hip hop y por eso han subido como la espuma. Una vez más se demuestra que para avanzar hay que dejar de hacer caso a los abuelos. Está guay respetarlos, pero ellos ya vivieron su guerra y rompieron sus reglas».

"La música de la década"

Y así, entre estas y otras discusiones como el machismo, la homofobia o la violencia en las letras, avanza en España este género que para algunos es «la música de la década». A ellas, claro, les toca hablar de feminismo.

«Ya no sé lo que significa feminismo, he tenido tantos desencuentros que no me quiero mojar porque no lo tengo claro. Yo canto ‘no chapeo, no chapeo’, aunque en realidad soy un poco chapeadora porque vendo mi cuerpo en mi música», confiesa Bad Gyal.

«Si enseño el culo y bailo así es porque quiero. No es nada malo ni proyecta una imagen de sumisión». Los defensores de su estilo, el dancehall, aseguran que como baile ha sido un arma de empoderamiento para mujeres y gays, apropiándose del gesto de un modo similar al uso de nigger o bitch entre los afroamericanos. Ms Nina añade: «Si los tíos pueden decir cosas guarras, ¿por qué nosotras no? Por eso creo que soy feminista, porque trato de igualarme con ellos. Lo del perreo y mover el culo no lo veo machista. Es como los rituales de los animales, algo así». 

Bad Gyal: la jefa del dance hall

 

Alba Farelo es de Vilassar de Mar y tiene 20 años. Su apodo responde a «’bad girl’, chica mala, la chulilla, la que mola». Lo suyo es el dancehall, género musical surgido en Jamaica a finales de los 70 como evolución del reggae, hoy de moda en países tan distantes como Ghana y Panamá y en temas como ‘Work’, de Rihanna y Drake, versionado en catalán por Bad Gyal. «En mis conciertos hay desde gente muy joven hasta peña que me saca 10 años y también lo pilla», dice esta chica que cree que el mundo iría mucho mejor «si hubiera más mujeres jefas». Hija del actor y presentador Eduard Farelo, fue panadera, teleoperadora, camarera, canguro, monitora y limpiadora antes de que sus vídeos acumularan millones de visitas. Ya ha girado por medio mundo. 

Lola Indigo: para todos los públicos

Lola Indigo: su canción 'Yo ya no quiero na' supera los 24 millones de visualizaciones en Youtube. 

La malagueña Mimi Doblas (26 años) fue la primera expulsada de ‘OT’ en el 2017 y unos años atrás participó en ‘Fama, ¡a bailar!’, igual que las bailarinas que la acompañan en su nuevo proyecto de trap con influencias de funk brasileño. «Lola Indigo es un sello que arropa un concepto de danza que sirve también para separar el personaje televisivo de mi música. Además, es un nombre que me ha gustado siempre. Lola es como una manera de simbolizar a la mujer, es un nombre con mucha raza, fuerza y valentía. Indigo significa espiritualidad, empatía, ganas de cambiar las cosas», explica la trapera catódica, que participará en el próximo ‘Tu cara me suena’ y cuyo petardazo veraniego, ‘Yo ya no quiero na’, ha superado en Youtube al ‘Malamente’ de Rosalía. Ya va por 24 millones de visualizaciones.

La Zowi: "No lo llamen trap", dice la reina

 

Nació en París en 1993; ha vivido en Granada, Marsella, Londres, Barcelona y ahora Madrid. Para ella el trap es una forma de sentirse  «poderosa, aún no teniendo nada». A través de amigos comenzó a hacer sus propios temas, provocadores y crudos. En sus polémicos vídeos aparece ligerísima de ropa cantando sin pudor sobre dinero, putas, droga, coches. Violencia y sexismo.  «Soy pobre pero voy con 20 yolas», dice uno de sus estribillos. Y sigue: «Si tú eres Zara, yo soy Donna Karan. Como te pases, te rajo la cara». Con su novio y padre de su hijo, Yung Beef (Los Santos), comparte sello (La Vendicion) y el frente de la avanzadilla trap, aunque zanja: «La etiqueta trap ya no mola nada, pero la música sí. Deberían cambiarle el nombre». Que está, viene a decir, algo manoseada.

La Favi: la voz más alabada

La Favi, en una foto colgada en su cuenta de Instagram.

Natalia García, de raíces almerienses, nació y creció en San Francisco cantando rumba con su padre. «Vine a España porque me invitaron a tocar en un par de fiestas y a grabar aquí. Estoy muy agradecida, mucha gente me está conociendo». Formó parte del breve dúo Criolla Bonita junto a Ms Nina en el 2015 y ha colaborado con La Vendicion Records, el sello dirigido por Yung Beef. Trap, reggaetón, R&B, flamenco. Su trabajo se diferencia por la fusión («he crecido escuchan-do rap, flamenco y música popular») y las letras dirigidas a las mujeres. En ‘Controla’, canta: «Cuando ella me toca, me cura de todo mal». Muchos creen que su voz es una de las mejores del trap local.

Albany: la brisa oscura

Albany.

El título de una canción de Kev Brown le ha servido a Alba (19 años) para darse a conocer en la escena trap. Nació en Girona y se crio en Granada. «Ahora me he independizado en València. Trabajo de camarera, como muchos chavales. En un futuro me gustaría seguir estudiando y tener algo más sólido», decía meses atrás esta chica, de rimas oscuras,  que cuenta sobre sus bases: «Suelo pillarlas de Youtube. O simplemente las robo. Hay gente que me manda sus bases por Instagram, pero mis productores son colegas. Prozac es mi ‘beatmaker’ principal, además de mi pareja. Y las de Lefty Ruggiero, nuestro colega, me hacen escribir al segundo de oírlas; son muy ‘emotionals’».

Temas: Moda · Trap

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