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Ramón González Férriz: "El legado del Mayo del 68 fue el individualismo"

Según el periodista, como movimiento político fracasaron, pero lograron liberar al individuo de los corsés

José Luis Roca

El culto a la nostalgia de unos y el afán revisionista de otros han acabado proyectando una imagen de 1968 envuelta en el mito. Ajeno a esos impulsos pasionales, el editor y periodista Ramón González Férriz (Granollers, 1977) ha optado por indagar en aquel trascendental año con la disposición científica de un forense: apartando la bruma y yendo a los hechos. En '1968. El nacimiento de un nuevo mundo' (Debate), el investigador traza una crónica sin juicios de valor, pero con interpretación histórica, de unos meses que partieron en dos la segunda mitad del siglo XX.

Hay momentos en los que parece que el tiempo se acelera. ¿1968 pertenece a esa categoría? Sin duda, porque pasaron muchas cosas a la vez, en lugares muy alejados, que partían de situaciones muy diferentes, desde dictaduras a democracias asentadas. Tendemos a asociar 1968 con las revueltas parisinas de mayo, pero ese año, en países como Estados Unidos, Japón, México, Italia, Alemania y España hubo expresiones de protesta popular que no solo ponían en cuestión sus gobiernos, sino el propio status quo.

¿Están conectadas? Coinciden en el tiempo, pero no forman parte de un plan organizado. Fueron revueltas espontáneas con protagonistas de perfil parecido: jóvenes de clase media que se sienten insatisfechos ante las expectativas que les ofrecen. Curiosamente, esto ocurre en un momento de prosperidad y paz. Las economías van bien, las tasas de desempleo son bajas, los ascensores sociales funcionan, los hogares se están llenando de electrodomésticos y comodidades...

Pero a los jóvenes no les gusta ese mundo. ¿Qué piden? Sus padres, que habían conocido la guerra, creían haber creado el mejor de los mundos posibles, pero sus hijos no tenían esa experiencia ni esa perspectiva. Los jóvenes acaban de vivir la revolución cultural de la los 60, con el pop y los anticonceptivos extendidos por todo el planeta, y perciben el capitalismo como un sistema jerárquico y opresor que se mete en sus vidas y les impide realizarse personal y sexualmente. No solo no piden más sueldo, sino que cuestionan la obligación de trabajar.

"A partir de aquel año, la izquierda ganó la batalla cultural, pero la derecha ganó la económica"

¿Sus reclamaciones tenían solidez? Vivían en una sociedad mucho más rígida y disciplinaria que la de ahora, pero no es menos cierto que sus protestas se vieron cargadas de una ideología que distorsionaba la realidad. Se comprende que los parisinos veinteañeros detestaran a De Gaulle, pero decir que era igual que Hitler, como dijeron, era llevar las cosas demasiado lejos. Muchas de sus reivindicaciones estuvieron marcadas por la arrogancia y la ingenuidad propias de la edad. De pronto, estudiantes de Sociología de clase media-alta creían saber lo que necesitaba el obrero europeo y el campesino vietnamita.

Llama la atención que la liberación sexual sea uno de los elementos clave de la protesta. Y fue uno de sus éxitos. De hecho, realidades hoy normalizadas como las relaciones prematrimoniales, la relajación de las costumbres sexuales y la píldora anticonceptiva, vienen de ahí. El sexo es central en 1968, llegando a veces a situaciones extremas como las comunas alemanas, en las que el intercambio sexual se consideraba un acto revolucionario y follar todos con todos se veía como una forma de luchar contra la guerra de Vietnam. Curiosamente, todo envuelto en un machismo que hoy nos escandalizaría.

¿Machismo? Pedían cambiar las estructuras sociales, pero el machismo que había en la sociedad se reprodujo luego en los grupos revolucionarios, desde los estudiantiles hasta las formaciones terroristas que nacieron al calor del 68. La mujer se dedicada a tareas subalternas, administrativas, y en los casos más extremos a ser la sierva sexual. Esto no impidió que en esta época también naciera un movimiento feminista importante.

Durante meses, regímenes enteros estuvieron en jaque, pero al final no cayó ninguno. Esta es otra de las paradojas de 1968. Los cambios culturales que promovieron quedaron para siempre, pero en términos políticos, el movimiento se desvaneció tan rápido como brotó. De Gaulle arrasó en las elecciones de junio, el Gobierno mexicano hizo lo mismo en 1970 tras matar a centenares de personas sin que pasara nada, la Primavera de Praga fue aplastada y en el resto de Europa todo siguió igual. No solo no hubo cambios políticos, sino que después vino una gran reacción conservadora.

¿A qué se refiere? En realidad, el neoliberalismo que irrumpió años más tarde arranca en este momento como respuesta a una izquierda que había renunciado a ser el movimiento cohesionador que era, con fuertes vínculos hacia el grupo, la disciplina y el trabajo, para convertirse en un grupo de jóvenes de clase media que solo quiere fumar porros, bailar rock y follar. A partir de 1968, la izquierda gana la batalla cultural, logra situar al pop como cultura central y desacredita a la religión y la disciplina, pero la derecha gana la batalla económica. La respuesta conservadora es: "¿Queríais individualismo? Pues vais a tener individualismo hasta hartaros".

¿Individualismo? Las revueltas de 1968 reivindicaban al individuo libre del Estado y del control social que hasta entonces había supervisado su sexualidad, su conducta y hasta su indumentaria. Lo importante soy yo, los intereses de la sociedad están después. El individualismo fue el gran legado de 1968, pero esto tuvo consecuencias que aquellos revolucionarios no buscaron, como fue el surgimiento del neoliberalismo, que es el individualismo económico llevado a sus últimos extremos.

Curiosa paradoja. En el fondo, 1968 fue una prueba de fuerza para medir los límites del capitalismo y comprobar hasta dónde podía asumir la tolerancia, y resulta que el capitalismo lo aguanta todo. Tanto, que acabó mercantilizando las propias movilizaciones. Los creativos publicitarios de los 70 fueron los primeros en darse cuenta y en seguida incorporaron a sus anuncios los eslóganes del 68. ‘Sé distinto, los tiempos están cambiando, sé único… cómprate un Cadillac’.

¿Hemos mitificado 1968? Totalmente, hoy es un icono pop. Entre otras razones porque a muchos de los que estuvieron allí les fue luego muy bien y acabaron ocupando los puestos de liderazgo cultural y político. En el caso español es evidente: la generación que defendía la trasgresión en los años 60 terminó dominando la cultura del país.

"El 15M no tiene nada que ver. En 1968 no pedían mejores puestos de trabajo, sino acabar con el Estado"

El destino nunca está escrito, ¿pero diría que lo que pasó ese año era inevitable? Digamos que todo conspiró para que 1968 se diera como se dio. La economía, la sociedad, la cultura, e incluso la tecnología se pusieron a favor. Puede sonar frívolo, pero si no se hubiera inventado el elepé como herramienta de transmisión musical, no se habría dado la expansión del pop que dio marco cultural a aquellas revueltas. Pero éstas tampoco habrían tenido el mismo impacto sin la existencia de la tele. Los agitadores supieron usarla bien para ofrecer una imagen sexy de las movilizaciones.

¿1968 sigue presente en nuestras vidas? Sí, de forma muy sutil. Internet, sin ir más lejos, es hijo del 68. Nació en un contexto 'hippy' californiano que vio en la tecnología la posibilidad de crear una nación alternativa sin jerarquías, gobiernos, ni ejércitos. Esa utopía proviene de aquella contracultura.

¿Se atreve a juzgar lo que pasó ese año? No es mi papel, pero diré que trajo cosas buenas, como el individualismo moral que liberó a los individuos de los corsés sociales que los atenazaban. Sin embargo, no es menos cierto que muchas movilizaciones pecaron de un delirio ideológico llamativo.

¿Ha habido una fecha similar en los últimos 50 años? Hay quien lo compara con el 15M. No tienen nada que ver. 1968 fue la queja de una nueva clase media que protestaba por las expectativas que se había creado y pedía un mundo mejor. En el 2011, esa misma clase media se movilizó para que no la expulsaran de la clase media. Los del 68 no pedían mejores puestos de trabajo ni que hubiera menos corrupción, sino acabar con el Estado. Los indignados reclamaban que no lo desmantelaran. En ese sentido, el 15M ha sido más reformista y conservador. Y menos revolucionario.

Temas: Mayo del 68 · París

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