Primer ministro del estado de Turingia

Bodo Ramelow: "Trabajo abiertamente por un tripartito de SPD, Verdes y Die Linke"

  • Bodo Ramelow es una figura política excepcional en Alemania: este sindicalista germano-occidental se convirtió en 2014 en el primer ministro del partido Die Linke en la historia de la República Federal

Bodo Ramelow, primer ministro del estado de Turingia / JENS SCHLUETER (AFP)

Bodo Ramelow es una figura política excepcional en Alemania: este sindicalista germano-occidental se convirtió en 2014 en el primer ministro del partido Die Linke -coalición de poscomunistas y socialdemócratas desencantados- en la historia de la República Federal. Como jefe de Gobierno de Turingia, vio cómo su pequeño estado germano-oriental copó los titulares de la prensa internacional en febrero de 2019: la CDU y la ultraderecha de Alternativa para Alemania (AfD) votaron entonces conjuntamente por un candidato minoritario para evitar que Ramelow se mantuviese en el puesto. La "crisis de Turingia" supuso una grieta en el llamado cordón sanitario y le costó la carrera a Annegret Kramp-Karrenbauer, la elegida por Merkel para sucederla en la cancillería. Ramelow recibió recientemente a un grupo de medios extranjeros, entre ellos, EL PERIÓDICO. 

¿Qué conclusiones saca de la llamada "crisis de Turingia" a las puertas de las elecciones federales?

Ganamos las elecciones regionales de 2019 y yo, en mi distrito electoral, obtuve el segundo mejor resultado conseguido por un candidato en la historia de Turingia. Eso quiere decir que mis índices de popularidad no son sólo altos en las encuestas, sino también el día de las elecciones. Mi partido, Die Linke, superó en aquellos comicios el umbral del 30%. A nivel federal estamos actualmente en el 6% de intención de voto, aunque personalmente pienso que deberíamos abrirnos y aspirar al 10%.

Pero que obtengamos resultados de más del 30% en Turingia también es un problema, porque aunque ganemos, es insuficiente para construir una mayoría parlamentaria. Interpreté que el electorado había decidido en 2019 que yo debía marcar la política regional. Después de rozar la catástrofe, conseguimos cerrar un acuerdo de estabilidad con la CDU, algo inédito hasta ese momento en Alemania. 

La CDU ha protagonizado desde entonces una oposición constructiva y ha prescindido de votar en el Parlamento regional, porque sólo con los votos de AfD se consigue la mayoría. De esa forma, he conseguido gobernar durante los últimos 18 meses. De alguna manera, en Turingia hemos practicado lo que muy probablemente le espera a la política federal alemana dentro de un par de semanas. Algunos nos miran ahora y se preguntan: ¿cómo lo habéis conseguido?

¿Qué sensaciones tiene sobre las elecciones del próximo domingo?

Tengo 65 años y no recuerdo unos preparativos tan emocionantes para una elección federal. Recuerdo, por ejemplo, un asunto emocionante como la moción de censura contra el canciller socialdemócrata Willy Brandt en 1972. Entonces yo era un aprendiz en la cadena comercial Karstadt. Todos seguimos por la radio la votación en el Bundestag, que entonces todavía estaba en Bonn. Me entusiasmé y sufrí. 

La llamada Ostpolitik [política de acercamiento al bloque socialista oriental] comenzó aquí en Erfurt. Para mí, el discurso que Brandt ofreció al recoger el Premio Nobel de la Paz sigue teniendo vigencia. Por eso repito sus tesis: tras lo ocurrido en Afganistán, es momento de repensar la política internacional y de reflexionar si la construcción de enemigos realmente nos hace avanzar. Los tiempos de la dualidad de la Guerra Fría son pasado. Hace 30 años que lo son.

En esta campaña, los conservadores presentan a su partido como obsoleto y peligroso para la estabilidad de Alemania. Al mismo tiempo, las proyecciones dan como posible un tripartido entre la socialdemocracia, Los Verdes y Die Linke…

He sido jefe de campaña de mi partido y le puedo asegurar que no hay nada mejor que cuando tu enemigo comienza a atacarte de esa manera. Cuando Laschet, candidato a canciller de la CDU, pregunta a sus competidores si están dispuestos a colaborar con nosotros, entonces yo le recuerdo que a partir del próximo 1 de noviembre asumiré la presidencia del Bundesrat [cámara territorial alemana]. Es decir, yo representaré a este estado durante un año. Y en cuando haya que elegir de nuevo al presidente federal, entonces seré el más alto representante de esta república. 

Por eso, cuando alguien pregunta públicamente si el resto está dispuesto a colaborar conmigo o mi partido, me hace gracia, me parece divertido. Y como mi partido tiene actualmente un 6% de intención de voto, entonces sólo puedo decir que los insultos contra Die Linke son más que bienvenidos.

¿Le sorprendió que Angela Merkel agitará la vieja campaña anticomunista, del miedo al "que vienen los rojos", en su última intervención como cancillera ante el Bundestag?

Nunca he escondido mi respeto por la señora Merkel. En las fases de crisis, la he visto como un factor de tranquilidad y como una mujer inteligente. Evidentemente, en ocasiones tenemos opiniones diferentes. Tampoco es ningún secreto que nuestras posiciones políticas son diferentes. Pero tengo un gran respeto por su manera de entender la responsabilidad y por su forma de comunicar.

Lamentablemente, ha sido incapaz de establecer una sucesión ordenada dentro de su partido. Y esa desgracia comienza con Annegret Kramp-Karrenbauer: como primera ministra del Sarre, cuando fue elegida presidenta de la CDU ya tenía mi número de teléfono. Pero cuando vino por primera vez a Turingia como líder democristiana, no tuvo nada mejor que hacer que presentarme como un lobo con piel de cordero. Para alguien que me conoce y que ha trabajado conmigo, sabe que esa estrategia te resta credibilidad. Y finalmente acabó fracasando: yo soy la razón fundamental por la que finalmente tuvo que dimitir como presidenta de la CDU, porque fue incapaz de mantener bajo control a su partido en Turingia. 

¿Cree entonces que el discurso de Merkel responde a la desesperación?

La sensación que tengo es que lo hizo porque ya no sabía cómo ayudar a que su partido mejore en las encuestas. Entiendo que se debe a la pura desesperación, sí, porque su experiencia conmigo es absolutamente diferente. En la llamada "crisis de Turingia", Merkel y yo hablamos a menudo por teléfono, y nos hemos escrito SMS constantemente durante las conferencias entre el Gobierno federal y los estados federados. El problema aquí es que la CDU no consigue movilizar a su electorado, y no lo consigue porque no despierta credibilidad. 

¿Cuál es su apuesta sobre las negociaciones para formar gobierno tras las elecciones federales?

Yo trabajo abiertamente por un gobierno tripartido entre socialdemócratas, Los Verdes y Die Linke. Creo que una nueva Gran Coalición bajo el liderazgo del socialdemócrata Olaf Scholz supondría un estancamiento. Sería como los años del canciller Helmut Kohl antes de la caída del Muro. La historia necesita cambios, nuevos caminos. Pero ya sabemos que Scholz no es ningún amigo de Die Linke. 

La política exterior y la participación del ejército Elemán en misiones de la OTAN podrían ser el gran obstáculo para esa coalición entre SPD, Los Verdes y su partido…

No es casualidad que haya citado a Willy Brandt al inicio de esta entrevista. Me gustaría que el SPD volviera a hacer política socialdemócrata. Y en este debate, la cuestión es qué papel debe jugar Europa. Yo apuesto por una unión militar europea. Deberíamos actuar como mediadores entre Ucrania, los países bálticos y Rusia, y no me refiero militarmente, sino a vías diplomáticas. Con todo, personalmente, no creo que esa cuestión debiera ser un obstáculo para un gobierno de SPD, verdes y Die Linke. Para ello hay que encontrar una formulación inteligente sobre la OTAN y hay que debatir por fin al respecto. Todos los partidos deben debatir al respecto.

Yo me pregunto qué es la OTAN. Por lo que sé, es una alianza militar defensiva basada en valores comunes. Si eso es verdad, me gustaría que alguien me dijera qué valores compartimos con el señor Erdogan. Si miramos al conflicto del Alto Karabaj y la cuestión armenia, me gustaría saber qué papel juega ahí Turquía, estado miembro de la OTAN. Si es verdad que tras el ataque a las torres gemelas del 11-S había islamistas, y si tras esos islamistas estaba el wahabismo y Arabia Saudí es el centro de ese wahabismo, ¿entonces por qué Arabia Saudí es nuestro aliado militar y hay tropas estadounidenses allí estacionadas? Todas esas son preguntas sobre la OTAN que me gustaría discutir.

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