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polémica en EEUU

Este es el libro que ha enfurecido y desnudado a Trump

Su publicación se ha adelantado después de que el abogado del presidente amenazara al autor y la editorial con una demanda

El polémico libro sobre Trump, en una librería de Nueva York. / REUTERS / SHANNON STAPLETON

Ni siquiera la 'bomba ciclónica' que está barriendo la costa este de Estados Unidos con temperaturas polares y nieve abundante ha logrado tapar la tormenta política que se cierne sobre la Casa Blanca a raíz de la publicación de ‘Fire and Fury: Inside the Trump White House’, el libro de Michael Wolff que desnuda las interioridades del primer año de mandato de Donald Trump. Su extenso reportaje ha provocado la sonada ruptura del presidente con Steven Bannon, quien fuera su mano derecha e ideólogo de cabecera, y ha puesto a la Casa Blanca a la defensiva para tratar de desacreditar el explosivo relato de Wolff. "¡No autoricé ningún acceso a la Casa Blanca (de hecho se lo negué muchas veces) al autor de un libro tan falso! Está lleno de mentiras, tergiversaciones y fuentes que no existen. Mira al pasado de este tipo y mira qué le pasará a él y al 'Steve Descuidado' [en referencia a Steve Bannon]", ha escrito Trump este viernes en Twitter. "Es ficción barata de tabloide", había dicho antes su portavoz.

Trump no es el primer presidente que tiene que lidiar con un libro embarazoso sobre los entresijos de su gestión. Quizá la diferencia con sus predecesores es que esos libros se publicaron bien entrados sus mandatos y sus protagonistas acabaron ignorándolos para no darles más publicidad. Pero Trump ha hecho justo lo contrario. En un gesto sin precedentes en las últimas décadas, su abogado amenazó con demandar por difamación al autor y la editorial si el libro se publicaba. Le ha salido el tiro por la culata. El libro ha salido este viernes al mercado, tras adelantarse en cinco días su fecha de publicación. Es pura dinamita, el retrato de una caótica ópera bufa protagonizada por un hombre superado por los acontecimientos y con una salud mental en entredicho, según sugieren algunos de sus extractos.

Una victoria inesperada

“A medida que se acercaba el final de la campaña, Trump estaba contento. A fin de cuentas, su objetivo nunca había sido ganar. ‘Puedo ser el hombre más famoso del mundo’, le dijo a su ayudante, Sam Nunberg, al principio de la campaña. A su viejo amigo Roger Ailes, el exjefe de Fox News, le gustaba decir que si quieres tener una carrera en televisión, primero tienes que competir por la presidencia. Ahora Trump, envalentonado por Ailes, se dedicó a airear rumores sobre una cadena de televisión Trump. Se auguraba un gran futuro. Saldría de la campaña, según le dijo a Ailes, con una marca todavía más reconocida e infinitas oportunidades. “Esto es más grande de lo que nunca soñé”, le dijo a Ailes antes de los comicios. “No pienso en perder porque esto no es perder. No hay duda de que hemos ganado” (…)

“En la noche electoral, poco antes de las 20.00 horas, cuando parecía confirmarse la inesperada posibilidad de que Trump venciera, Don Jr. le dijo a un amigo que su padre, o DJT, como le llamaba, parecía como si hubiera visto a un fantasma. Melania lloraba con lágrimas que no eran de alegría”.  

Caos y luchas intestinas

“La competición para ponerse al mando (…) derivó en algo parecido a una guerra de facciones cuasi violenta. Jared e Ivanka pugnaban con Priebus y Bannon, tratando de deshacerse de ellos. Bannon estaba contra Jared, Ivanka y Priebus, practicando, a juicio del resto, sus oscuras artes contra ellos. Priebus, que era el saco de boxeo de todo el mundo, simplemente trataba de sobrevivir un día más. Al final de la primavera, el panorama político general se había vuelto casi irrelevante. Todos estaban centrados en las batallas más letales que se vivían en la Casa Blanca. Incluían discusiones a gritos en los pasillos y en el Despacho Oval frente a un desconcertado Trump, cuando no era él el que gritaba, además de filtraciones respecto a los rusos con los que habrían hablado tus oponentes (…)

“Steve Bannon trató de sugerir resueltamente que Trump no era más que un hombre de paja y que él, con un plan, un propósito y un intelecto, era quien dirigía el espectáculo de forma razonable. Cuando decidió adoptar el apodo “Presidente Bannon” que le puso 'Saturday Night Live' era algo más que una broma”.  

La opinión de sus asesores

“Después del colpaso de Scaramucci, no hubo prácticamente ningún esfuerzo para ocultar la sensación de ridículo y el enfado que sentían los miembros de su equipo hacia la familia Trump y el propio Trump. Desmitificar a Trump se convirtió en algo parecido a una competición. Para Rex Tillerson, era un imbécil. Para Gary Cohn, un tonto del culo. Para H.R. McMaster, un caso perdido. Para Steven Bannon, había perdido la cabeza. Resumiendo, nadie esperaba que sobreviviera a Mueller (el fiscal especial que investiga la trama rusa). Independientemente del peso que tuvieran las alegaciones de ‘colusión’ con Rusia, sus asesores pensaban que carecía de la disciplina para hacer frente a una investigación compleja y de la credibilidad para atraer abogados de calibre capaces de ayudarle. (Al menos nueve grandes bufetes de abogados rechazaron la invitación para representar al presidente)”

“Bannon apostaba abiertamente a que había un 33.3% de probabilidades de que tuviera que hacer frente a un 'impeachment'; otro 33.3% de que se viera obligado a dimitir debido a la 25ª Enmienda; y otro 33.3% de que alcanzara renqueando la línea de meta gracias a la arrogancia y la debilidad de los progresistas”. 

Filtraciones a la prensa

“Con su tendencia crónica a llevar la contraria, el propio Trump atizaba continuamente la discordia con sus diarias llamadas telefónicas de después de cenar a sus amigos multimillonarios, en las que se quejaba de la deslealtad y la incompetencia que le rodea. A continuación, sus amigos millonarios le contaban a otros amigos millonarios lo que les había dicho, creando la interminable cadena de filtraciones de la que tan furiosamente se quejaba el presidente".  

“Uno de los que más llamaban era Rupert Murdoch, quien antes de las elecciones siempre había expresado desprecio hacia Trump. Ahora Murdoch le perseguía, pero en su entorno de amigos y familiares, continuaba ridiculizando despectivamente a Trump. “Menudo imbécil”, dijo Murdoch tras una llamada”.

Hamburguesas y camas separadas

“Nada contribuyó tanto al caos y la disfunción de la Casa Blanca como el comportamiento del propio Trump (…) La Casa Blanca le resultaba fastidiosa y un poco intimidatoria. Se retiraba a su propia habitación, la primera vez desde Kennedy en que la pareja presidencial ha tenido habitaciones separadas. En los primeros días, pidió dos televisores, que se añadieron al que ya había, y un pestillo para la puerta, lo que generó una pequeña disputa con el servicio secreto, que insistía en tener acceso a la habitación (…) Después impuso unas reglas nuevas. Nadie debía tocar sus cosas, especialmente su cepillo de dientes. Durante mucho tiempo temió ser envenenado, una de las razones por las que le gustaba comer en McDonald's. Nadie sabía que iba a ir al restaurante, por lo que la comida, previamente preparada, sería segura”.

“Si no cenaba a las 18.30 con Bannon, a esa hora estaba en la cama con una ‘cheeseburguer’ viendo sus tres pantallas de televisión y haciendo llamadas. El teléfono era su verdadero nexo con el mundo”.

“Con Melania completamente ausente, su equipo se refería a Ivanka como la ‘verdadera esposa’ y a (Hope) Hicks como la ‘verdadera hija’”.

Una veinteañera al mando

"Con su hija y su yerno apartados por sus problemas legales, Hope Hicks, su ayudante personal y confidente de 29 años, se convirtió en la práctica en la asesora más poderosa de la Casa Blanca. La principal función de Hicks era ocuparse del ego de Trump, protegerle, blindarle y calmarle. Fue Hicks la que le pidió, consciente de sus lapsus y repeticiones, que rechazara una entrevista con ‘60 Minutes’ en otoño. En su lugar, le dio la entrevista a Sean Hannity de Fox News. Como explicaron con satisfacción desde la Casa Blanca, Hannity estaba dispuesto a adelantarle las preguntas. De hecho, el plan a partir de entonces consistía en que todos los entrevistadores aportaran antes las preguntas".

No lee ni hojea nada

“Y sugerirle cosas era muy complicado. Aquí, posiblemente, residía el quid de la presidencia Trump: ¿cómo ponerle al corriente de cada tema relacionado con su política y su liderazgo? Él no procesa información de forma normal. No lee. En realidad, ni siquiera hojea nada. Algunos creían que en la práctica no estaba más que semialfabetizado. Confiaba en su propia experiencia, por insignificante o irrelevante que fuera, más que en ninguna otra cosa. A menudo mostraba confianza, pero también se paralizaba, comportándose no tanto como un sabio sino como una figura con inseguridades balbuceantes y peligrosas. Su respuesta instintiva consistía en atacar y seguir sus instintos. Por más confusos que fueran, le indicaban con claridad cómo actuar. En palabras de Walsh (jefa adjunta de gabinete) “era como tratar de averiguar lo que quiere un niño”.

Salud mental

“Todo el mundo era consciente con pena de su creciente tendencia a repetirse. De repetir las tres mismas frases cada 30 minutos palabra por palabra y expresión por expresión, pasó a hacerlo cada 10 minutos. De hecho, muchos de sus tuits son producto de sus repeticiones. Simplemente no puede parar (…) Siendo optimista, con su futuro personal y el del país dependiendo de ello, mi impresión indeleble tras hablar con ellos y observarlos durante buena parte del primer año de su presidencia es que todos, el 100%, llegaron a la conclusión de que (Trump) era incapaz de hacer su trabajo. En Mar-a-Lago, justo antes del Año Nuevo, un Trump profusamente maquillado fue incapaz de reconocer a una sucesión de viejos amigos”. 

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