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ELECCIONES EN ALEMANIA

Angela Merkel, la invencible

Tras 12 años en el poder, la cancillera alemana ha hecho de su ambigüedad pragmática una fórmula de éxito, pero sigue siendo una figura con muchas sombras

Merkel, en un acto electoral en Fritzlar, el 21 de septiembre. / REUTERS / KAI PFAFFENBACH

Todo indica que este domingo la cancillera alemana, Angela Merkel, volverá a aparecer sonriente en la sede de su partido, la Unión Demócrata Cristiana (CDU), celebrando entre aplausos una nueva victoria electoral que ningún sondeo le disputa. Desde que en el 2005 se impuso por la mínima al entonces canciller socialdemócrata Gerhard Schröder, Merkel ha sido una extraordinaria figura de consenso en Alemania, un tótem de estabilidad y sencillez que gusta al alemán medio, lo que le ha permitido gobernar con coaliciones que le han hecho su mandato más cómodo. Prueba de ello son sus campañas electorales, marcadas plenamente por el culto a su figura como referente moral.

Con socialdemócratas (SPD) o liberales (FDP) como socios, la cancillera ha sabido poner su cara a todas las victorias mientras sus aliados eran castigados en las urnas. Merkel ha hecho gala de su pragmatismo y ha pivotado hacia el centro político en los temas que más le convenían para mantenerse en el poder, robando el programa a sus rivales. Así, se ha convertido en una figura indispensable en Berlín a la que, parece, nadie puede hacer sombra. Tras 12 años en el poder, Mutti (la madre, como se la conoce) aún mantiene un 59% de popularidad. A sus 63 años, esta más que previsible nueva victoria alargará su mandato hasta los 16 años, todo un récord de longevidad entre los mandatarios occidentales.

Maquiavelismo alemán

El camino de Merkel está lleno de cadáveres políticos, de machos alfa que la han subestimado y han terminado sucumbiendo a ella, tanto en casa como fuera. Ha sobrevivido a la testosterona de su partido, ha tratado con cuatro presidentes franceses y cuatro primeros ministros británicos, y va en camino de derrotar a su cuarto rival en las elecciones federales. “La gente ve en ella la racionalidad, la estabilidad y la sencillez que tanto le gustan. No es exagerada como lo era Schröder”, explica Werner J. Patzelt, politólogo de la Universidad de Dresde.

Paciente, fría, pragmática y alejada de toda confrontación, Merkel se ha convertido en una maestra de la ambigüedad. Es la madre que impone la ortodoxia fiscal y el dogma neoliberal en Europa pero aplica tintes socialdemócratas en casa. La que abrió las puertas a los refugiados pero quien las cerró con un pacto de dudosa legalidad con Turquía. La que decidió cerrar las centrales nucleares del país pero quien ha revitalizado el militarismo alemán. La que ha reducido el paro hasta mínimos históricos pero quien ha impulsado la precarización laboral y la pobreza entre sus ciudadanos. 'Merkiavelo',  como la describió el sociólogo Ulrich Beck al compararla con ‘El Príncipe’ de  Maquiavelo, ha hecho de su aburrida marca personal un triunfo.

Ahora afronta sin embargo las primeras brechas de ese consenso, con un clima político y social cada vez más tenso. La crisis del euro y especialmente la de los refugiados la obligaron a reaccionar y posicionarse, aunque solo cuando no tenía otra salida. En alemán, el verbo merkeln significa no tomar decisiones. A pesar de sus tardíos gestos, Merkel se encargó de vender que “no hay alternativa” a sus recetas, una intransigencia que la llevó a ser comparada con Adolf Hitler en Grecia y en el precario sur europeo a la vez que era considerada una “traidora” por el creciente sector ultra de Alemania.

Opacidad y desintegración europea

Su estrategia la ha alzado como la política más influyente de la Unión Europea, empujada por el papel hegemónico de Alemania. Pero es criticada por exhibir un “egoísmo a corto plazo” al imponer una estrategia exportadora inasumible y desigual para los otros socios que está fracturando al club comunitario. La austeridad y la rigidez dogmática exhibidas durante la crisis de la deuda también sembraron un recelo que ahora está recogiendo la ultraderecha continental. “La política económica y social alemana se ha vendido como exitosa y modélica para el resto de Europa cuando en realidad solo fue exitosa para los empresarios y los más ricos”, asegura el periodista Rafael Poch en ‘La Quinta Alemania’. Así, como temía el escritor y pensador alemán Thomas Mann, hoy tenemos una “Europa alemana” en lugar de una “Alemania europea”.

Eso sí, a pesar de sus 12 años al frente de la nación más fuerte del continente, los procesos de toma de decisiones de la cancillera siguen siendo un misterio. Sus biógrafos han visto en su opacidad una reproducción del ambiente en el que creció, en una RDA en la que no se confiaba en nadie fuera de casa. Para Hans Kundnani, analista político autor de ‘La paradoja del poder alemán’, se trata de un “alarmante liderazgo posdemocrático” basado en la importación de “un estilo político de cultura autoritaria”. El círculo íntimo de la cancillera es reducido y silencioso, mientras los otros, asegura Kundnani, se dedican tan solo a especular.

Últimos actos de campaña en feudos propios

La cancillera Merkel y Martin Schulz, su rival socialdemócrata, hicieron este sábado sus últimas apariciones públicas en Greifswald y Aquisgrán, considerados como feudos propios, para motivar a sus seguidores ante unos comicios en los que aún existe un tercio de indecisos. Merkel se limitó a conversar y tomar café con militantes de la CDU que han participado en la campaña, en su circunscripción de Pomerania Occidental, en la antigua RDA, como forma de darles las gracias. Schulz, por su parte, participó en un acto del SPD en Aquisgrán (Renania del Norte-Westfalia), cerca de su ciudad natal, Eschweiler, donde pidió la máxima participación para frenar el apoyo creciente a los populistas de Alternativa por Alemania (AfD), a la que describió como "partido del odio".

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