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La reencarnación de la 'zona cero'

Tras años de retrasos Nueva York ha culminado la regeneración de un espacio donde conviven memoria y comercio.

La nueva estación de Calatrava en la zona cero, el jueves, tras ser abierta parcialmente al público. / AFP / TIMOTHY A. CLARY

Durante años pareció que la herida no cicatrizaría nunca pero lo ha hecho. El World Trade Center que los atentados del 11-S convirtieron en la 'zona cero' ha culminado su reencarnación  y en el decimoquinto aniversario la nueva versión de este epicentro del downtown neoyorquino palpita.

Lo hace con una mezcla de solemnidad y recuerdo, gracias al memorial creado por David Arad con dos piscinas en las huellas de las desaparecidas Torres Gemelas y gracias al Museo del 11-S. Pero late también reconfigurada, de nuevo, como era antes de los atentados: como un espacio comercial y un imán turístico, ahora gracias al One World Trade Center, el rascacielos más prominente de la ciudad con observatorio en la planta 100, y al espectacular núcleo de transporte y centro comercial diseñado por Santiago Calatrava.

EL DIFÍCIL EQUILIBRIO

“Se ha logrado el equilibrio, y era difícil”, asegura Kevin Wininger, un hombre de 59 años de Indianapolis (Indiana) que este viernes ha visitado por primera vez el área. “Aquí se siente la pérdida de vidas, lo que pasó ese día, pero también constatas que la vida sigue”.

Es una idea que transmite Wilhem Castillo. Él joven neoyorquino de 19 años tenía solo tres cuando se produjeron los atentados. Sabe (“porque me lo ha contado mi madre”) que “los primeros años nadie quería venir aquí”. Pero él lo hace ahora cada día. Trabaja en Joe and the Juice, uno de los establecimientos del mall de Westfield que desde hace un par de semanas llenan la catedral blanca creada por Calatrava, que acabará albergando 140 negocios. Y Castillo no piensa “en términos de lo que pasó”. Simplemente está “feliz” de acudir cada día a un “sitio verdaderamente agradable", según dicen "más agradable incluso que antes del 11-S”.

Dos de los clientes del local son Dan y Sebastian, treintañeros cuyo aspecto delata su empleo en finanzas. Y ellos tienen sentimientos encontrados sobre la desconexión del espacio subterráneo con la tragedia. Sebastián da eco, por ejemplo, a quienes critican la “excesiva comercialización” de la zona, pero a su lado Dan habla de “una oportunidad de negocio”.

MOTOR DE REACTIVACIÓN

Sin duda la regeneración de la 'zona cero' ha reactivado el downtown14, 2 millones de personas lo visitaron el año pasado y la cifra ha subido un 14% en lo que va de año. Se ha triplicado también la población residencial y desde 2001 se han abierto 28 hoteles. “Nueva York se ha reinventado y el barrio es un destino vivo 24 horas al día y siete días por semana”, ha dicho Chris Heywood, vicepresidente de la agencia oficial de turismo de la ciudad.

Le quedan al memorial y al museo recordar lo que pasó en ese mismo espacio que ahora bulle con tiendas y restaurantes. Y lo hacen, dando espacio al recogimiento sobre la superficie y llevando a muchos hasta las lágrimas bajo la tierra. “He llorado y se me ha puesto la piel de gallina”, cuenta tras visitar el museo Winiger, que aquel martes de septiembre de 2001 trabajaba como controlador aéreo. Y cuando se le plantea si ha notado que a la exposición le falta perspectiva educativa reconoce que “es más emocional, sobre historias personales, sobre cómo la ciudad y el país se unieron, pero no explica muchas cosas”.

Temas: 11-S · Estados Unidos

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