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El 11-S más politizado

Aunque Trump y Clinton harán una pausa de su campaña en el 15 aniversario, es un gesto casi vacío

Con su retórica islamófoba y de miedo el candidato republicano ha contribuido a resucitar tensiones y miedos

Un avión de pasajeros hace impacto en una de las torres del World Trade Center. / SETH MCALLISTER / AFP

El domingo, en el decimoquinto aniversario del 11-SDonald Trump y Hillary Clinton seguirán la tradición que han adoptado todas las campañas presidenciales desde los atentados acometidos por Al Qaeda en 2001, y no realizarán ningún acto electoral ni emitirán anuncios. El gesto pretende permitir el recuerdo más sosegado de las cerca de 3.000 víctimas que fallecieron en el World Trade Center de Nueva York, el Pentágono y el campo de Pensilvania donde se estrelló el vuelo 93, pero cuesta no verlo como un espejismo.

Este año, la intensa retórica islamófoba del candidato republicano ha reavivado más que nunca tensiones sociales que se habían ido mitigando en los tres últimos lustros en Estados Unidos. Y en un mundo sacudido por una amenaza que ha mutado de los grandes atentados de Al Qaeda a los ataques organizados o incitados por el Estado Islámico -que en Estados Unidos han puesto San Bernardino y Orlando en el mapa de las masacres terroristas cometidas por lobos solitarios- la seguridad nacional ha sido convertida en uno de los ejes de la campaña por los candidatos, aunque también por los ciudadanos.

En una encuesta reciente de The Wall Street Journal y NBC el 28% de los estadounidenses colocaba esa seguridad nacional y el terrorismo como su principal preocupación en este ciclo electoral, por encima del 22% que ven prioritaria la economía y la creación de empleo. Los porcentajes solo habían alcanzado ese nivel en el 2004, cuando se celebraron las primeras elecciones tras los atentados, pero entonces, con las guerras de Afganistán e Irak abiertas, el tema dominante (28%) era la economía, no el terrorismo (23%). Y esta misma semana, cuatro días antes del aniversario, Trump y Clinton participaban en Nueva York en un foro centrado en la política de seguridad, militar y exterior, terrenos transformados por los atentados de hace 15 años.

LAS FALSEDADES DE TRUMP

Con radicales y provocadoras propuestas como el plan de establecer un veto “total” a la entrada de musulmanes en EEUU o el de implantar un "examen ideológico", su capacidad para conectar con los miedos de una parte de la población y su maestría en marcar rumbos en la cobertura mediática, Trump está teniendo indiscutiblemente más efecto que Clinton en la creación de un ambiente con ecos del pasado. Y los métodos de un candidato que mantiene una gaseosa relación con la verdad y sigue insistiendo en la probada falsedad de que en 2001 “miles y miles” de musulmanes celebraron en Nueva Jersey conforme caían las Torres Gemelas (así como asegurando que vio gente saltando de las Torres desde su oficina aunque los edificios estén separados por más de seis kilómetros) pueden ser y son cuestionados, pero calan.

El 40% de los estadounidenses (y el 58% de los republicanos) creen que los terroristas son más capaces de atacar EEUU hoy que hace 15 años, según un sondeo del centro Pew, que arroja el porcentaje más alto de ese temor desde el 2002. Y desde las comunidades musulmanas en EEUU se denuncia que las agresiones islamófobas y la tensión están a los mismos niveles o incluso peor que tras el el 11-S.

Clinton ha denunciado ese “peligroso” aumento de la islamofobia y constantemente critica a Trump por propagar una política de “miedo y división”, contrastándola con la unión bipartidista con la que se reaccionó a los atentados del 2001 y con gestos del entonces presidente, el republicano George Bush, que días después de los ataques visitó una mezquita. “Entonces no nos atacamos unos a otros, trabajamos juntos”, dijo Clinton en junio, tras la matanza de Orlando, cuando Trump tuvo uno de sus capítulos de intensificada retórica antimusulmana.

La pausa de este domingo es meramente simbólica porque la politización del 11-S es desde hace tiempo una realidad, y volvió a quedar patente en las convenciones que republicanos y demócratas celebraron en julio. Tanto en Cleveland como en Filadelfia pasaron por el escenario supervivientes y familiares de víctimas. Y Trump cuenta en su círculo más cercano de asesores con dos políticos clave del aquel momento, el gobernador de Nueva Jersey, Chris Christie, y el entonces alcalde neoyorquino, Rudy Giuliani, transformado en un perro de presa contra Clinton.

Aunque Trump ha llegado a atribuir al expresidente Bill Clinton responsabilidad por los atentados por no haber matado a Osama Bin Laden cuando tuvo una oportunidad en 1998, ha abierto llagas entre los conservadores al culpar igualmente a George Bush y su Administración. Y sus críticas a la guerra de Irak en la que los atentados se usaron como excusa también levantan ampollas en las filas republicanas, aunque uno de sus claros objetivos atacar a Hillary Clinton por votar a favor de esa intervención militar cuando era senadora, una decisión que sigue haciendo daño a la demócrata entre sus bases más progresistas.

Bengasi, el otro 11-S que explota Trump

En esta campaña electoral Trump pone también el foco en otro 11-S, el del 2012, cuando con Hillary Clinton a cargo de la Secretaría de Estado se produjo el ataque de radicales islámicos en el consulado de Bengasi en el que murieron el embajador en Libia y otros tres estadounidenses.

La Administración de Barack Obama lleva desde ese año en el ojo del huracán por haber atribuido inicialmente el ataque a revueltas provocadas en el mundo árabe por un vídeo blasfemo, cuando se trató de un asalto organizado por terroristas. Y el escrutinio republicano sobre el papel de Clinton se ha intensificado desde que la demócrata anunció su candidatura, cuestionando sobre todo qué sabía y si mintió, una acusación no probada pese a repetidas investigaciones del Congreso y que enlaza con los apuros de la candidata por su uso de un servidor de correo electrónico privado y la polémica de los e-mails.

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