Costis Mitsotakis: "Fui el único del pueblo que no ganó el Gordo"

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Hace justo siete años, el Gordo tocó a todos los vecinos de Sodeto, un pequeño pueblo de los Monegros. Bueno, a todos menos a uno: el ateniense Costis Mitsotakis, un documentalista de tesoros hundidos que se instaló en el municipio en el 2004 (por amor). Ese 22 de diciembre, en vez de hacer nudos en una cuerda, cogió la cámara y grabó la algarabía. Y ha seguido registrando las vidas de los afortunados durante 2.555 días. Estrenará el resultado, 'Cuando tocó', ante sus convecinos en diciembre del 2019. 

 

 

–Aquel 22 de diciembre se sintió el hombre más infeliz del universo, imagino.

–Al no ser español, no entendía tanto alboroto. Vivo a un kilómetro del centro del pueblo, cogí la cámara y me fui para allá. Pensé que les habría tocado 5.000 o 10.000 euros, que todo aquello era una exageración.

–Tocó unos 14 millones repartidos en 140 boletos.

–Era la primera vez que le tocaba a un pueblo entero. La primera que el bote era doble. La primera en la que la señora de la Asociación de Amas de Casa de Sodeto que se encargaba de comprar el mismo número y repartir las participaciones casa por casa, cambió el número sin consultar. La última vez que no había que pagar a Hacienda. ¿Casualidad?¿Causalidad?

Vecinos de Sodeto celebran el Gordo en las calles del pueblo, en el 2011. / danny caminal

–¿Qué cree?

–Creo que lo que tiene que pasar, hagas lo que hagas, pasa. También que si quieres recibir bien, tienes que dar bien. Yo decidí grabar un documental sobre Sodeto.

–Recibió la suerte de otro modo.

–Quince días después del sorteo apareció por allí el 'New York Times' sin saber que habían ganado todos menos uno –yo–, y que yo había grabado la locura colectiva. El 1 de febrero del 2012 salió el artículo –¡en portada!–, con la foto de unos abuelos jugando al guiñote en el bar. Y se desató el caos.

–¿En qué sentido?

–Solo de Grecia recibí 120 llamadas. Apagué el teléfono. Sin embargo, un par de días después recibí un correo electrónico de un productor de Dinamarca, Lars Tang Sorensen, que quería involucrarse en mi documental. Han pasado siete años y somos los mejores amigos.

–Pero el documental no ha visto la luz...

–Mi plan inicial era estrenarlo en el 2013, pero Sodeto es un pueblo de colonos, formado por 75 familias que solo conocen el entorno agrícola. Tenía ante mí un experimento social que no podía desaprovechar. Logré inversores de ocho países y he ido filmando la evolución. Tengo unas 50 horas de material.

"El 'New York Times' publicó la noticia en portada y se desató el caos", explica el documentalista sin premio

–¿Se han prestado los vecinos a contar intimidades?

–Me tienen por un bicho raro porque no tengo animales ni campo, pero confían en mí. Algunos no entienden por qué tardo en mostrarles el resultado. Por eso, cada equis tiempo, organizo una reunión y les tranquilizo.

–¿Saldrá un retrato feliz?

–Hay un poco de todo. Pero hay gente que quería irse y se quedó. Incluso gente que se había ido y regresó.

–Usted vio cómo sobrevolaban los buitres tras la noticia del premio.

–Sí. Pero no consiguieron gran cosa. En Sodeto tenían las cosas muy claras. Muchos estaban hasta el cuello con los préstamos sobre el regadío y se los pudieron sacar de encima. El cambio más llamativo es que sintieron alivio.

–¿Solo eso?

–Si acaso, lo que sí noto es que antes las llaves estaban por fuera de las puertas y ahora están por dentro.

–¿Nadie se permitió una extravagancia?

–No. Un cochecito más de lujo, quizá. Algún viajecito. Obras en las casas. Aunque la compra número uno han sido tractores.

–¿Le cayeron unas migajas?

–Dos vecinos tuvieron un gesto conmigo, sí.