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José Manuel Gazulla: «He visto echar a personas de discotecas por ser discapacitadas»

Este activista y DJ ha hecho de su discapacidad una poderosa arma de inclusión masiva

José Manuel Gazulla, disc jockey del ocio inclusivo. / JORDI COTRINA

Desde que José Manuel Gazulla (Santa Coloma de Gramenet, 1986) tuvo conciencia de su discapacidad, no ha dejado de reivindicar sus derechos. Primero como DJ y activista, después como formador y ahora como integrante del Observatorio de Derechos de la Federació Catalana de Discapacitat Intel·lectual (Dincat).

-¿Cómo empezó en el activismo?

-Después de que me diagnosticaran una discapacidad intelectual y de estar internado en un ambiente agresivo, salí y vi un mundo en el que me apasionaba ser DJ. Me formé, empecé a pinchar y lo aproveché para hacer activismo.

-¿De qué manera?

-Cuando pinchaba en Barcelona, como los jefes no sabían que yo era discapacitado y se disimulaba porque éramos varios DJs, intentaba entrar a grupos de discapacitados en las discotecas. Alguna vez lo conseguí, pero otras muchas no pude porque no les dejaban entrar.

-¿De qué conocía a esas personas?

-En mi adolescencia, me gustaba ir por los barrios y preguntar a los padres de los discapacitados si podía quedar con ellos. Conseguí unir a exactamente 57, que venían a las discotecas y ahora son mis amigos.

-¿Qué ocurría cuando no les dejaban entrar en las discotecas?

-Cuando yo lo veía, paraba la música, cogía mi maletín y, con la pasta que me habían pagado, me iba con mis amigos discapacitados de fiesta a otro sitio. Eso también es activismo: no hace falta quemar contenedores. Eso sí, los jefes de las discotecas me decían de todo.

-Hasta que dejó el mundo de la noche.

-Sí, lo dejé porque me di cuenta de que es muy injusto. En algunas discotecas, por ser discapacitado, me decían que no contaban conmigo; en otras, he visto echar a personas por ser discapacitadas o ni siquiera dejarlas entrar.

-¿Cómo sabe que las echaban por eso?

-Porque nos lo decían. Una vez me encaré con un portero que estaba insultando a un chaval. El tipo me dijo que el chico se “estaba volviendo tonto” por beber. Le dije: “No, es que es así”. Nos siguió insultando hasta que nos fuimos. Fue a por él porque su discapacidad era visible y buscan que los locales den una imagen determinada.

-¿Qué hizo cuando dejó de pinchar?

-En 2013 entré en Dincat. Estudié para ser formador y en 2014 empecé a dar ponencias para abogados y jueces sobre accesibilidad a la Justicia para discapacitados. En Dincat puedo ejercer formalmente y de manera seria el activismo que intentaba por mi cuenta siendo DJ.

-Hace poco ha optado a entrar en el Grupo de Apoyo a la Dirección de Plena inclusión.

-Sí, me presenté pero no ha podido ser.

-¿Por qué le hubiera gustado entrar?

-Porque sé lo duro que es que algunas Administraciones no te hagan caso, y allí hubiera podido dialogar con ellas. Aunque me hubiera gustado entrar como representante catalán, no pienso abandonar. Quiero luchar por la inclusión, y no por la integración, que no tiene nada que ver y es mayoritaria. Por ejemplo, las entidades hacen fiestas para discapacitados, pero siguen sin ser inclusivas: en ellas los chicos siguen marcados como “especiales” y están custodiados por monitores. Otro ejemplo: las personas LGTBI con discapacidad intelectual. No se habla de ellas, pero existen.

-¿Qué propondría?

-Mis sesiones me gustaban porque conseguí que muchas personas, discapacitadas o no, se mezclaran hasta disfrutar sin pensar en quién había al lado. Claramente, eso es la inclusión. Las fiestas me parecen grandes herramientas de inclusión porque la música actúa como lenguaje universal. La palabra ‘discapacidad’ es sólo una etiqueta: si la formas y no la sobreproteges, cualquier persona es capaz.

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