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"En Barcelona no hay piso para mí"

Cristian Fernandes, brasileño afincado en la ciudad, lleva casi tres años buscando una vivienda de alquiler

Anuncios de pisos en Barcelona. / FERRAN NADEU

Vino de vacaciones a Barcelona en el 2007 y se enamoró de la ciudad. Tanto, que durante su estancia, aprovechó para contactar con agencias de publicidad, consiguió trabajo y dejó su Brasil natal y se instaló aquí. Cristian Fernandes, de 36 años, es director de arte. "Mi vida está en esta ciudad –afirma- aquí lo tengo todo". Todo, menos el piso de alquiler que busca desde hace ya dos años y medio.

Ese es el tiempo que lleva Cristian en su actual piso, en la zona de la Sagrada Família. Un piso que encontró a 15 días de quedarse sin vivienda, después de que le informaran de que no le renovaban el contrato del piso en el que estaba porque la finca iba a convertirse en un bloque de apartamentos turísticos. "Doy gracias a la propietaria del piso en el que vivo actualmente por todas las facilidades que me dio para entrar a vivir -afirma Cristian- y por dejarme continuar".  

El piso tiene unos 75 u 80 metros cuadrados y tres habitaciones pero es una segunda planta y da a un patio interior, por eso, no ha dejado de buscar desde que se instaló en él de urgencia: le gustaría vivir más en el corazón del Eixample y tener más luz. ¿Su presupuesto? Unos  1.000 euros, que pagaría a medias con un amigo. "Si encontrara un estudio por 600 euros me animaría a vivir solo, pero eso es una utopía”, afirma. Hace unos días recibió una oferta de un piso de solo 16 metros cuadrados por 700 euros, en la Diagonal.

VISITAS EN GRUPO

En dos años y medio le ha costado encontrar ofertas que encajaran en sus preferencias. Pero cuando lo ha hecho, siempre ha encontrado algún escollo. Unas veces, simplemente el anuncio no se correspondía con la realidad. Hace poco, Cristian se interesó por un piso por el que le pedían 1.150 euros al mes pero se echó atrás por las condiciones: "dos mensualidades, más tres de garantía, más los honorarios de la inmobiliaria… ¡Unos 7.000 euros!”, exclama escandalizado.

Aunque lo que más le ha sorprendido en estos años es que la inmobiliaria le citara para ver un piso y encontrarse con otros 10 aspirantes a alquilarlo. “Una visita en grupo con una explicación colectiva en la que al final recibes una tarjeta y se te invita a hacer una propuesta sobre el precio ya establecido".

EL ÚLTIMO FILTRO

También se ha encontrado con condiciones en el contrato que cambian según el interesado por la oferta: "me han llegado a pedir una mensualidad  más cinco de fianza mientras a una amiga, por el mismo piso, le pedían solo una mensualidad más dos”, cuenta. Otras veces, cumpliendo todos los requisitos solicitados, se ha visto descartado por el último filtro, el del propietario, que entre todos los candidatos recibidos, le ha descartado. "¿Por qué, si cumplo todos los requisitos y tienen la documentación que lo confirma? Trabajo estable, solvencia, nóminas, nacionalidad…", se pregunta desesperado. Incluso la empresa, conocedora de la situación, se ha ofrecido para hacer una carta de recomendación a la que, de momento, se resiste, porque le parece fuera de lugar.

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