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Vuelta a la normalidad

La escuela innovadora y la conciliación, principales preocupaciones de las familias ante el nuevo curso escolar

Los efectos de los recortes en número de profesores y en barracones preocupan a muchos padres

Clase de inglés extraescolar en un centro de idiomas de Lleida. / RAMON GABRIEL / DEFOTO

Desfile de mochilas a la espalda (o sobre ruedas) cargadas de estuches y libros, ir y venir agitado de niños temprano por la calle, solos, en grupo y acompañados de padres y madres. Reencuentros, nervios, risas y lágrimas. Es la vuelta al cole, que este lunes devuelve a miles de niños a las aulas y a sus familias, a la rutina habitual. "Parece que nuestra vida ordinaria de trabajo, relaciones sociales y familiares va en función de los estudiantes", afirma Mª Dolores Puerto, de L’Hospitalet de Llobregat, en una carta enviada a EL PERIÓDICO. Y es que, conscientes o no, para la mayoría de las familias, el año no arranca en enero, sino en septiembre.

Ya está aquí la vuelta a la rutina, al desayuno con prisas, al ajuste de actividades extraescolares y horarios laborales y las obligaciones de un nuevo curso, que en el ámbito educativo viene marcado por la aplicación de la LOMCE y las reválidas, por las ratios, los barracones y el temor de las familias de nuevos recortes. Pero, también y por encima de todo, por la búsqueda de un nuevo modelo educativo. 

Mª Dolores Puerto

l'hospitalet de llobregat

"Nuestra vida de trabajo, relaciones sociales y familiares va en función de los estudiantes"

La escuela innovadora, aquella que hace apenas dos años sembraba dudas y entusiasmo a partes iguales por su tarjeta de presentación –sin libros, sin asignaturas, sin horarios, sin exámenes, por proyectos y con profesores que acompañan al alumno en su aprendizaje…– ha calado hondo tanto en la escuela pública como en la concertada. Los padres cada vez están más convencidos de sus ventajas, lo que se traduce en una brecha entre la oferta y la demanda de este tipo de centros frente a los tradicionales, sobre todo en el sector público, incapaces de absorber todas las solicitudes.  

Un problema que se se hizo patente durante el proceso de preinscripción del pasado marzo, lo que motivó quejas entre muchos padres. "Dice la ley que todo el mundo tiene derecho a acceder en condiciones de igualdad al sistema educativo. Pues bien, la administración establece un criterio que parece vulnerar esta premisa", denunciaba  Ramon Manté, de Mataró, en una carta.  Y así las cosas, muchos padres se han visto obligados a escolarizar a sus hijos en escuelas que ni siquiera habían puesto en la lista.  

Ramon Manté

MATARÓ

"Dice la ley que todo el mundo tiene derecho a acceder en igualdad al sistema educativo"

Las nuevas metodologías generan tanto interés como preocupación. O así se desprende de los debates que se han generado en torno a ellas y que sobrepasan el ámbito de lo estrictamente pedagógico para trasladarse a la conversación pública. Quizá porque hablar de ellos a veces implica hablar de la temida conciliación, ese escollo con el que hay que volver a lidiar con la vuelta al cole. Así, se discute sobre la mayor o menor implicación de los padres, sobre el futuro de la escuela inclusiva o sobre los deberes. Con argumentos pedagógicos, sí: algunos padres defienden que los deberes son beneficiosos –"El objetivo  debería de ser ayudar a que el alumno sea consciente de su aprendizaje y sus dificultades" (Ferran Rodríguez, Barcelona)--, como crear rutinas y responsabilidades, si se hacen bajo la supervisión de los padres. Otros, detractores, se acogen a argumentos de tipo práctico –"Hipotecar con deberes no es implicar, Desde casa nos vemos obligados a dedicar tiempo y esfuerzos en unas explicaciones para las que no estamos preparados, con las consiguientes angustias y discusiones familiares ” ( David Uriach, Gualba).

David Uriach

Gualba

"Hipotecar con deberes a los niños no es implicar a los padres en su educación".

Y a todas estas preocupaciones del día a día, se añaden los sucesivos recortes que ha sufrido la educación en los últimos años y el temor a sufrir otros. Porque, aunque las escuelas catalanas baten un nuevo récord este curso con 1,57 millones de alumnos (8.000 más que el  pasado), lo hacen con una plantilla docente que no cubre aún las bajas de los últimos años, pese a haber aumentado. Y con 1.010 módulos prefabricados, 14 más que el curso pasado. "En mi barrio hay dos escuelas, La Maquinista y Can Fabra, que llevan muchos años en barracones, y el nuevo centro, el CEIP La Sagrera, también estará en módulos a saber cuántos años”, denunciaba en una carta Marta Prats, de Barcelona. Bienvenido nuevo curso y la normalidad. 

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