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Los vecinos de Horta piden al ayuntamiento que se haga cargo de la Torre del Moro

Imagen exterior de la Torre del Moro, en el barrio de Horta, okupada y en estado de abandono. / DANNY CAMINAL

Nació como parte del conjunto señorial Mas Enrich, en el siglo XVII, fue sede de una curtiduría de piel, y de una imprenta clandestina del PSUC durante la dictadura franquista. Esta es la azarosa vida que ha llevado a la Torre del Moro, en el barrio de Horta, a lo que es hoy: una ruina ocupada por chatarreros. En el catálogo de rutas históricas del Ayuntamiento de Barcelona aparece como “en muy mal estado” pese a tratarse de un edificio que tiene una categoría patrimonial de nivel B, es decir, de bien cultural de interés local. Es por eso que los vecinos, como nuestro lector Cisco Vilardebó, y varias entidades, han pedido al consistorio que tome medidas para rehabilitar la Torre. El principal problema es que es un edificio de propiedad privada.

La Associació de Veïns d'Horta reclama al Ayuntamiento que directamente se encargue del edificio. Ana González, presidenta de la asociación, indica que hablaron con los dueños, pero no llegaron a un acuerdo. “Si el propietario no la cuida, creemos que el ayuntamiento debería recuperarla, y convertirla en un equipo municipal”, argumenta González. “Durante los tres últimos mandatos de consistorio, no nos dan respuesta. Dicen que tienen la intención, pero no hacen nada”, explica Carlota Jiménez, experta en historia de Horta y miembro del grupo de estudios El Pou. Este colectivo presentó al ayuntamiento una propuesta para convertir el espacio en un museo del agua, por su proximidad al torrente de Can Cortada, sin suerte por ahora.

La torre se encuentra en una zona residencial entre las calles Coïmbra y Jerez. Es un cuerpo extraño en su entorno, rodeada de edificios de menos de treinta años. Desde hace dos años, dicen los vecinos, en la torre se ha instalado un grupo de chatarreros. En la planta baja, oscura y fría, apilan herramientas, electrodomésticos y piezas que recogen en la calle. Las paredes ofrecen el mismo aspecto descorchado y precario que la fachada y el pequeño solar en el que se alza, donde algunos estudiantes se encargan de un huerto urbano.

Los chatarreros, que vienen cada día desde Vilapiscina, agrupan durante el día su mercancía en el exterior, delante de la puerta. Por la noche, lo recogen todo. Michael, uno de los actuales ocupantes, firma que no tienen problemas con los vecinos ni los propietarios: “Lo guardamos todo y lo dejamos limpio, y no dormimos aquí. Sería peligroso”. Ana González confirma que no hay problemas de convivencia con los chatarreros.

Desde el ayuntamiento informan de que a pesar de las peticiones de los vecinos, "no se contempla una actuación en la Torre del Moro”. “Es un espacio muy interesante donde poder realizar distintos proyectos, y desde el ayuntamiento somos partidarios de la recuperación de la memoria y el patrimonio histórico. Pero al tratarse de una propiedad privada, actualmente no hay nada previsto", informan fuentes del consistorio.

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