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DERECHO A LA VIVIENDA

El alquiler, por las nubes: "Somos unos resistentes"

Luís Miguel Romero, vecino de ronda Sant Antoni, dedica el 60% de sus ingresos al alquiler para mantener el piso en el que ha vivido toda su vida

Luís Miguel Romero, en su piso de ronda Sant Antoni de Barcelona, donde creció y vivió durante más de 50 años. / CARLOS MONTANYES (El Periódico)

"Para el andaluz catalán". Así reza esta pequeña dedicatoria en la esquina izquierda de una fotografía en blanco y negro en la que se ve a un brioso miura en plena embestida. El animal se encuentra asediado por la siniestra por un torero, mientras con el asta derecha engancha en primer plano los testículos de un joven y aterrado banderillero. La instantánea fue toma en Sevilla en el 1992 por el hoy prestigioso fotógrafo Emilio Morenetti y desde hace años cuelga en la pared del piso de ronda Sant Antoni de Luís Miguel Romero. "Me la regaló porque sabía que soy un anti taurino rematado", recuerda con una sonrisa este barcelonés nacido en la capital andaluza.

La vida de Lluís, como le conocen sus amigos, está colgada en las paredes de este piso de alquiler. Piso en el que crecieron él y sus cinco hermanos mayores y ahora comparte con su gata Malena. Una vez murieron sus padres y venció la condición de alquiler de renta antigua, Lluís pasó de pagar 200 euros a 600. En febrero tuvo que volver a renovar el contrato y esta vez la subida fue hasta los 750 euros. "Me senté a negociar con los administradores de la propiedad, Fincas Gras, y les dije que mi salario no había subido tanto y que, por lo tanto, lo justo era adaptar la subida del alquiler a la evolución de los sueldos. Ni caso", explica. Lluís es administrativo del Servei de Trànsit de la Generalitat y cobra 1.250 euros. Seguir viviendo en su casa le supone destinar el 60% de los ingresos a pagar el alquiler. A lo que luego tiene que sumar los gastos de suministros. "Suerte que tengo algún ahorro para los imprevistos", afirma.

"Esta es mi casa, este es el barrio donde he crecido. He vivido la transformación de cuando al Raval se le conocía como al Chino y cuándo en Sant Antoni sólo vivían vecinos de toda la vida", cuenta Lluís con una mirada nostálgica. Una finca cuya fachada se encuentra cubierta por andamios y paletas que la están arreglando. Las paredes de la escalera interior de esta finca sin ascensor presentan desconchados por todas partes y la falta de inversión salta a primera vista. "Todas las reformas del piso las hemos costeado nosotros", afirma Lluís para justificar el contraste entre el interior de las viviendas y las zonas comunes.  

Lluís renovó hace dos meses por tres años de tranquilidad, pero ya comienza a darle vueltas a qué hará cuándo le presenten la siguiente subida, que sabe que no podrá abordar. "Luchar para quedarme en la que es mi casa. Forzar a la propiedad a negociar un alquiler justo, más no puedo pagar", afirma con optimismo este afiliado del Sindicat de Llogaters de Barcelona, un movimiento ciudadano que trabaja políticamente contra los alquileres abusivos. "Parece que en esta ciudad sólo prima el dinero. De las 12 familias que vivían en mi finca cuando era pequeño ya sólo quedamos tres. Somos los resistentes", concluye.

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