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Financiación alternativa

Varios modelos de captación de fondos conviven con el sistema occidental en España sin que empresas ni particulares los aprovechen

Las comunidades autofinanciadas (CAF) gestionan sus propios recursos y prestan dinero entre sus integrantes

Roger Fonts (primero a la izquierda), Iolanda Piedra (segunda a la izquierda), Joaquin Beltran (tercera a la izquierda) y Sergi Jimenez (cuarto a la izquierda) en el Palau Macaya. / FERRAN NADEU

En Europa conviven varios modelos de financiación. A occidente han llegado durante años extranjeros con una cultura económica muy distinta, y estas particularidades, aunque no seamos conscientes, han arraigado en Catalunya. Varios expertos explicaron en la conferencia 'La diversidad de modelos de financiación en Catalunya' organizado por la Obra Social de La Caixa, el sistema islámico, chino y el de las Comunidades autofinanciadas (CAF).

Las tres alternativas presentadas pueden combinarse con el modelo de financiación occidental e incluso entre ellas. Además, todas comparten características con el sistema europeo, según explicaron en el acto organizado por el Palau Macaya. Siendo la islámica la forma de captar fondos más similar.

Economía real

Las operaciones, como en el caso de la financiación en occidente, se realizan en un entorno formal e institucionalizado. También sigue unas normas muy claras, que en el caso del sistema islámico se basan en los principios religiosos de la sharia. Sergi Jiménez, coordinador del Centre d’Estudis i Investigació en Economia i Finances Islàmiques (CEIEFI) explica que este modelo “está muy afincado en economía real”. 

Ninguna inversión puede fundamentarse en un bien intangible. Jiménez detalla que “destinar dinero en un producto derivado o de futuro está prohibido, tiene que estar basado en un bien tangible, sea un proyecto empresarial, un inmueble o similares». La diferencia entre los modelos, por tanto, radica en la gestión ética de las finanzas y no tanto en los productos. Esto implica que la regulación no necesita legalizar nuevas opciones financieras, explica el experto de CEIEFI.

Más bien la ley debe buscar fórmulas para que algunos productos no se encarezcan. Sergi Jiménez pone como ejemplo a las conocidas como créditos hipotecarios islámicos. Cuando un cliente acude a una entidad musulmana compra el inmueble, y luego este va pagando una cantidad cada mes para adquirir la casa. «Por tanto -aclara Jiménez- ocurren dos operaciones de venta».  Al utilizar esta particularidad de las finanzas islámicas en las economías europeas, el usuario se ve obligado a pagar dos veces los impuestos por la adquisición de una vivienda.

Comunidades autofinanciadas

El inconveniente de una legislación desfavorecedora lo sortean quienes recurran a las Comunidades Autofinanciadas (CAF). Estos grupos están formados por personas particulares que aportan una cantidad al hucha común y al que luego pueden acceder en forma de préstamos para cubrir las necesidades de los integrantes. La proporción entre lo aportado y lo pedido está marcado por los estatus.

Esas normas se deciden antes la fundación de cada CAF.  Winkomun, la plataforma para facilitar la creación y la gestión de estos grupos, les asesora en ello, pero al final son miembros quienes escogen el reglamente por el que se rigen. Esto les ayuda a aprender educación financiera a colectivos con pocos recursos. «Muchas veces el problema con colectivos no es la falta de recursos, sino su relación el dinero», apunta Roger Fonts, coordinador de Winkomun. 

Capacidad empresarial china

Tanto en las CAF como en el sistema chino, las relaciones entre particulares son muy importantes. El guanxi es una red de contactos imprescindible en las comunidades chinas tanto para conseguir financiación como para cerrar negocios.  «Todos tenemos, no es exclusivamente un fenómeno chino», admite Joaquín Beltrán, coordinador de estudios de la Asia Oriental en la  Universitat Autònoma de Barcelona (UAB). La diferencia radica en la relevancia.

En España 101.000 chinos están dados de alta en la Seguridad Social, de los cuales 60.000 han creado una pyme, según datos de diciembre del 2017 del Instituto Nacional de Estadística (INE). «Esto es excepcional, ningún otro colectivo extranjero tiene esa capacidad empresarial», asegura Beltrán. Puedes pedir a entre 10 y 15 personas el capital para montar tu proyecto, muchas veces sin intereses.

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