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Llafranc, mar y cocina en el Empordà

Una escapada entre calas y caminos junto al mar

Camí de Ronda, Mediterráneo y producto local para disfrutar de uno de los rincones con más encanto de la Costa Brava

Hotel Casamar con vistas. / Cedida

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Albert Falcó

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Para una escapada de fin de semana, Llafranc reúne casi todo lo que se le puede pedir a la Costa Brava: una pequeña bahía, un paseo junto al mar, calas, caminos entre pinos y buenos restaurantes. Basta con llegar, dejar las maletas y salir a caminar para que el ritmo cambie. El Camí de Ronda permite descubrir el litoral entre paisajes mediterráneos y pequeñas playas, mientras que el regreso al pueblo invita a sentarse frente al mar y alargar la sobremesa. Dos días son suficientes para desconectar y volver a casa con la sensación de haber hecho un verdadero viaje.

En lo alto de la bahía de Llafranc se encuentra Casamar, un pequeño hotel gastronómico de 18 habitaciones que acaba de celebrar su 70 aniversario. Un establecimiento familiar que los hermanos Quim y María Casellas, tercera generación al frente del negocio, han sabido mantener fiel a su esencia mientras lo adaptan a los nuevos tiempos. Habitaciones luminosas, algunas con balcón o terraza y vistas al Mediterráneo, y una atmósfera tranquila completan una propuesta pensada para quedarse unos días y disfrutar sin prisas.

Un menú para disfrutar. / Cedida

Pero aquí la mesa tiene tanto protagonismo como el paisaje. El restaurante de Casamar, reconocido con un Sol Repsol, propone una cocina mediterránea basada en el producto de proximidad y los sabores del Empordà. La carta cambia con la temporada y juega con pescados, mariscos y productos del territorio en platos como la corvina curada con cítricos, el bonito «al fuego» con texturas de calçot y caldo dashi o el arroz Carnaroli de mar y montaña con gamba roja y pollo a baja temperatura. También hay pescados del día que llegan directamente del mercado y pasan por la brasa.

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La experiencia se completa sin necesidad de grandes planes. Después de recorrer el litoral, basta con regresar al hotel, descansar un rato y sentarse a la mesa. La combinación de alojamiento, cocina y paisaje convierte esta pequeña localidad del Empordà en un destino perfecto para desconectar durante un fin de semana y disfrutar de la Costa Brava con otro ritmo.

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